quel día
fue una verdadera fiesta en el Centro de Control de Vuelo (TsUP en
ruso). Por primera vez desde que habían llegado a la Salyut
7 los "Pamires" (V. A. Dzhanibekov y V. P. Savinykh) la
temperatura del aire en los módulos alcanzó el nivel
normal de 20 °C. Por fin, dentro del sistema de termorregulación,
se hizo posible accionar al máximo el circuito de refrigeración
para absorber la humedad acumulada en la atmósfera del laboratorio
espacial en el periodo de bajas temperaturas, durante el cual la humedad
relativa había alcanzado -en algunas ocasiones- el 100 por
ciento.
La vida en el Centro de Control de Vuelo acabó por entrar en
vereda; la Salyut 7 funcionaba sosegada y normalmente; todos los sistemas
habían sido comprobados y puestos totalmente en los regímenes
operacionales. Pero había quienes creían que la obra
sería mucho más prolongada y hasta imposible...
Durante una sesión de comunicación, la Salyut 7, en
vuelo automático, dejó de transmitir debido, según
ya sabemos, a una falla en el circuito radioeléctrico de mando.
Cuando la cosmonave vuela sin tripulantes, éste es el único
instrumento de control desde la Tierra. De averiarse, la estación
no puede recibir órdenes. Durante sus muchos años de
trabajo en el Centro de Control de Vuelo jamás se había
visto en tal situación.
Los diseñadores de la Salyut 7 y el Centro de Control de Vuelo
se vieron frente a este interrogante: ¿Qué se puede
hacer en tales circunstancias?. Sólo una tripulación
puede reparar la astronave reemplazando la unidad averiada del circuito
radioeléctrico de mando con una de repuesto de las que se guardan
en la estación. Pero, ¿cómo pueden llegar los
cosmonautas al laboratorio espacial?. ¿Cómo acercarse
a una estación, que no da señales de vida, sin el sistema
"Iglá"?. ¿Cómo llevar a cabo el acoplamiento
con un vehículo incapaz de orientarse?.
Había cosas en qué pensar...
Ante todo, hacía falta dar respuesta al interrogante principal:
¿A qué distancia se podía comenzar el acercamiento
manual de la Salyut 7?. Revisaron los informes sobre acoplamientos
manuales: solían realizarse éstos a una distancia de
300 a 400 m. Sólo en una ocasión Vladimir Dzhanibekov
-a quien se le reservó el título honorífico "as
de la astronáutica"- acercó y acopló a mano
la nave Soyuz-T 6 a la estación
Salyut 7 desde una distancia de 900 m, marcando un récord en
su género.
Paso a paso se fue revelando el cuadro de esa operación poco
común. Se fijaron cinco criterios para la aproximación
manual:
1. El Sol no debe deslumbrar la ventanilla de la Soyuz-T
13 a través de la que   se
observará la estación.
2. La distancia hasta la estación ha de medirse con un
telémetro láser.
3. Terminada la aproximación inicial, la distancia no
ha de pasar de 5 km.
4. La velocidad de acercamiento no debe superar 8 m/s.
5. Antes de que las naves entren en la sombra, han de quedar
no menos de   25
minutos para la aproximación a mano.
Los primeros cálculos no produjeron mucho optimismo: la
probabilidad de un acoplamiento feliz era de 0,3-0,6, o sea, la
probabilidad del regreso de la Soyuz-T 13 a la Tierra sin acoplarse
con la estación, era del 70 al 40 por ciento. Era un indicador
muy elevado para una operación de tanta importancia. Para
elevar la probabilidad del acoplamiento aún hasta el 80 por
ciento, había que disminuir la distancia máxima resultante
del acercamiento inicial. Esto podría, a su vez, aumentar
el número de correcciones de la órbita y, eventualmente,
el tiempo de vuelo, lo cual requeriría recursos adicionales
para la nave de transporte, particularmente el combustible y los
medios de subsistencia: el oxígeno, el agua y los alimentos.
Igual que toda astronave, la Soyuz-T no es "elástica",
y para que pudiera recibir cargamento completo se tuvo que reducir
el número de tripulantes hasta dos y desmantelar el sistema
"Iglá", inútil en la Soyuz ya que no funcionaba
su análogo en la Salyut. Vladimir Dzhanibekov, quien había
estado en el espacio en cuatro ocasiones, fue designado jefe de
la Soyuz-T 13. Fue ingeniero de a bordo Viktor Savinykh, poseedor
de una experiencia de trabajo en la estación Salyut 6 de
75 días. Las técnicas de aproximación precisadas
a raíz de múltiples ensayos, fueron las siguientes:
La aproximación inicial entre la Soyuz-T 13 y la estación
Salyut 7 se efectúa fundamentalmente de manera tradicional.
Los medios tradicionales activos miden los parámetros orbitales
de la nave; los pasivos, los parámetros del movimiento de
la estación; al mismo tiempo se calculan las maniobras que
ha de realizar la nave para aproximarse a la Salyut 7 lo más
cerca posible. A unos 11,5-16 km la Soyuz-T 13 se vuelve hacia la
estación con la ventanilla en la que están instalados
los medios de observación. En cuanto se salga de la sombra,
los cosmonautas verán a la estación en la ventanilla.
Para rectificar errores eventuales de medición cometidos
durante la aproximación inicial, los tripulantes vuelven
la nave de manera que la estación aparezca en el cruce de
ejes del visor VP-1, o sea, en el centro de la ventanilla. Seguidamente,
se da la orden al ordenador de a bordo que asume la dirección
sobre el acercamiento, accionando los motores de la nave de manera
que se aproxime a la estación. A unos 1,5-2 km los tripulantes
desconectan el ordenador, al tiempo que efectúan el acercamiento
en forma manual hasta una distancia de 300 o 400 m. Luego, se mantiene
en órbita una posición fija, se estiman las condiciones
de acceso a la estación; y, por último, se realiza
el vuelo de comprobación alrededor de la Salyut 7; se acerca
al adaptador de acoplamiento y se acopla. Los cosmonautas tienen
permiso de asumir el mando a una distancia de 3,5-5 km, si lo permiten
las condiciones de observación y se acatan los requisitos
de paso al acercamiento manual. Se ensayaron acciones a realizarse
en situaciones de emergencia. Algunas se describen a continuación:
De no poder acoplarse el compartimiento de transición por
la mala iluminación del adaptador, a guisa de ejemplo, se
permitía el acoplamiento al módulo de la sección
de equipos.
Si la aproximación y el acoplamiento no están terminados
antes de que se entre en la sombra, se prescribe mantener una posición
fija, observando la estación mediante el visor óptico,
y concluir el acoplamiento después de que se salga de la
sombra.
En caso de un feliz acoplamiento se planeaba entrar en la estación,
reanudar el radioenlace de mando y continuar trabajos normales a
bordo para cumplir el programa de experimentos científicos.
No se descartaba la posibilidad de que la falla en el circuito radioeléctrico
de mando se debiera a un incendio que hubiera contaminado la atmósfera
de la estación con productos de combustión. Para tal
eventualidad se programaba que los cosmonautas hicieran una prueba
de control de la atmósfera antes de entrar en la Salyut 7.
Con este propósito se fabricaron especiales indicadores químicos
de impurezas nocivas (el monóxido de carbono, el óxido
nítrico, el amoníaco y el ácido hidrociánico).
Se analizó también una situación que creíamos
poco probable: la falta de energía eléctrica en la
estación. En este caso los tripulantes se verían en
una situación difícil: haría falta trabajar
en la oscuridad y a bajas temperaturas. A la Soyuz-T 13 se la dotó
de linternas eléctricas con pilas de reserva y ropa de abrigo:
overoles de plumón, calzado de piel y caperucitas deportivas.
Pero, según se descubrió posteriormente, no pudimos
haber previsto todas las eventualidades. Por ejemplo, toda el agua
potable en la estación se había congelado, lo que
produjo su escasez.
A las 10 horas 40 minutos del 6 de junio de 1985 (hora de Moscú)
la nave Soyuz-T 13 piloteada por Vladimir Dzhanibekov y Viktor Savinykh
despegó del Cosmódromo de Baikonur. En Moscú
llovía pero en el Centro de Control de Vuelo había
buen ánimo y espíritu de trabajo. Los buenos preparativos
nos infundían confianza en el feliz cumplimiento del inusitado
programa. También fue tranquila y segura la respuesta que
dieron los "Pamires" a los deseos de buen viaje: "¡Haremos
cuanto podamos!".
Esta vez la trayectoria de la Soyuz fue un día más
prolongado que de costumbre. Había que disponer del tiempo
para precisar las órbitas de la nave y de la estación
y para corregir la primera sin apresuramiento y con ahorro de recursos:
esta vez se tardó 48 horas en colocar la nave en la zona
de la estación. La tarea se cumplió en la parte oscura
del planeta y, al salir de la sombra, los cosmonautas localizaron
pronto la estación en la ventanilla.
Ahora dirige el acercamiento el ordenador de a bordo, siguiendo
su propio pronóstico y tomando en cuenta la fase del ángulo
corregida por los tripulantes.
Pamir-1 (Dzhanibekov): - Distancia, 3 400 metros; velocidad,
6,9 metros por segundo. Angulares, cero. La estación está
bañada de luz.
Pamir-2 (Savinykh): - Tenemos que pasar al régimen manual.
Disminuimos la velocidad.
Todas las condiciones de paso al acercamiento manual se materializaron
poco antes de lo previsto. Es bueno.
Pamir-2: - Distancia 2 240..., 1 865..., 1 640..., frenamos,
1280..., 980..., 530..., nos atenemos al cronograma. Posición
fija.
Por el momento la cosa marcha normalmente. Los Pamires pasaron a
la posición fija. Sería ideal acoplarse de inmediato,
antes de la primera sombra.
Pamir-1: - No vemos que giren los paneles de la batería
solar.
La primera mala noticia: no giran los paneles del generador solar
para seguir el Sol lo cual se debe, a lo mejor, al malfuncionamiento
de su motor. ¿Será posible que no haya en la estación
energía eléctrica?.
Pamir-1: - El Sol deslumbra, ¡quedémonos colgados
un poco más!...
Propuesta acertada: hay que esperar a que el cambio de velocidad
angular haga volver la línea de colimación respecto
del Sol y mejore la iluminación. Entonces se podrá
circunvolar la estación para acoplarse al adaptador del compartimiento
de transición. El tiempo es suficiente.
Pamir-2: - Damos vuelta...
Dirigen su adaptador hacia la estación y comienzan a circunvolarla.
Esta maniobra puede consumir mucho combustible, pero por el momento
todo va normalmente.
Pamir-2: - Todo marcha sin problemas. Esperamos contacto. ¡Contacto!.
Control terrestre: - ¡Los felicitamos...!.
¡Magnífico!. Cuesta trabajo creer que todo ha salido
tan bien. Pero es prematuro batir palmas...
Control terrestre: - ¿Generador solar?.
Pamir-2: - No funciona...
No hay nada peor: no funciona la alimentación eléctrica
de a bordo. Pero, ¿será posible regresar a la Tierra
inmediatamente después de una aproximación y un acoplamiento
tan bueno y hechos con tan poco gasto de combustible?. Hay que comprobar
muchas veces el sistema de alimentación eléctrica
antes de decidirse al retorno. ¿Tal vez una gotita de energía
se haya conservado en los acumuladores químicos?. Pues bien,
¡a abrir las escotillas y adelante!.
Los Pamires, después de revisar la hermeticidad del empalme,
abrieron las escotillas y entraron en el módulo de transición.
Control terrestre: - ¿Las primeras impresiones?. ¿Qué
temperatura hace?.
Pamir-2: - ¡Tremendo frío hermanos!.
Control terrestre: - Procura encender la luz.
Pamir-1: - Ahora lo haré. Dimos la orden. Sin reacción.
De nuevo, nada alentador. Según el programa, hay que detectar
impurezas nocivas y entrar en el módulo de trabajo.
Control terrestre: - ¡Procedan a analizar el monóxido
de carbono!.
Pamir-2: - No hay monóxido de carbono...
Control terrestre: - ¿El amoníaco?.
Pamir-2: - Resultado negativo.
Todos los análisis registraron la ausencia de impurezas nocivas
en la atmósfera del módulo de trabajo.
Autorizamos la entrada en el módulo y un examen somero. Realizado.
Por hoy basta: los cosmonautas llevan trabajando ya 16 horas; necesitan
descanso. Mientras tanto a nosotros nos espera una noche de trabajo.
La primera de las 11 dedicadas a recuperar la estación. Nadie
se retira; elaboramos el gráfico de trabajo para la noche
y la lista de problemas que debemos resolver para la mañana
con tal de preparar a los cosmonautas la tarea del día siguiente.
Decidimos no adelantarnos, y cada día estructurar un nuevo
programa: parece que nos esperan otras sorpresas.
Por la mañana este programa y recomendaciones fueron transmitidos
a los cosmonautas. Las dos primeras recomendaciones fueron:
en el
módulo de trabajo permanece un tripulante; el otro lo controla;
cada
dos horas se alternan para calentarse en la Soyuz.
Los Pamires ensamblaron un dispositivo para bombear el agua de
los depósitos del aparato "Rodnik", instalados
fuera de la estación en baldes blandos.
Control terrestre: - Pamires, nos importa saber si correrá
el agua del Rodnik o no. ¿Cuánto beben ahora al día?...
Pamir-2: - Calentamos con las manos el pupitre del dispositivo y
las mangueras. La válvula en el pupitre no se abre, está
congelada; en los tubos, hielo. Bebemos aproximadamente un litro
y medio cada uno, podemos pasar a los zumos...
Control terrestre: - Entendido, entonces suspendemos los trabajos
con el Rodnik. Ante todo, hace falta saber cuántas unidades
"vivas" hay en la batería de acumuladores.
Así, quedó claro que el agua en los tanques del Rodnik
está congelada y no es posible aprovecharla hasta que sea
calentada la estación. Hay que buscar otras fuentes de agua.
El agua congelada se encuentra también en los baldes blandos
dentro de la estación y es posible trasladarlos a la Soyuz.
Asimismo, hay agua en los tanques de las escafandras, hay agua condensada
en los depósitos del sistema regenerador del agua, y un poco
del líquido se halla en la Soyuz. Recordamos también
la reserva intangible que se consume sólo después
del aterrizaje. El cálculo de la reserva total del agua,
incluida la que se tiene en la estación y en la Soyuz, señala
que, aun con un consumo diario restringido, el líquido no
alcanzará a la fecha prevista para la llegada de la nave
de transporte "Progress-24". Al grupo dedicado a esta
nave se le encomendó acortar el plazo planeado para los preparativos
de lanzamiento.
Mas todo el mundo se daba cuenta de que, por muy temprano que fuese
el lanzamiento de la Progress, se podía esperar éxito
sólo si se lograba poner en funcionamiento el sistema "Iglá"
a bordo de la Salyut, sin el cual era imposible el acoplamiento
entre el carguero no piloteado y la estación. Para poner
en marcha el sistema "Iglá" había que poner
en funcionamiento el sistema de alimentación eléctrica
del laboratorio espacial.
Ahora ésta es la tarea primordial.
En primer término, era preciso descubrir la causa de la falla
y encontrar baterías en buen estado de las ocho existentes.
De dar con ellas, era necesario cargarlas de alguna manera, ya que
los aparatos automáticos no funcionaban.
Según establecieron los Pamires, cuando la estación
volaba automáticamente, después de una recarga de
acumuladores, un sensor para controlar la máxima carga no
peligrosa se había averiado, desconectando los acumuladores
del generador solar. Debido a la falla del circuito radioeléctrico
de mando, la Tierra no pudo intervenir en el funcionamiento del
sistema de alimentación eléctrica; los acumuladores
no se recargaban y paulatinamente se fueron descargando.
Los Pamires se vieron obligados a desechar dos acumuladores en el
acto. Los seis restantes podían ser recuperables, según
ellos.
El primer acumulador no defectuoso lo conectaron directamente al
generador solar de la estación; las superficies activas de
éste ya habían sido dirigidas hacia el Sol gracias
a una maniobra realizada por la Soyuz-T 13 con la estación.
Al cabo de un rato midieron la tensión: 24 voltios, ¡el
acumulador se está cargando!. Transcurrido otro tanto: 30
voltios; se puede encender la luz en el módulo de trabajo.
El acumulador cargado ya está conectado al circuito operacional
de alimentación eléctrica de a bordo.
Pamir-1: - ¡La vida se ha tornado más alegre, mucha
luz en el módulo de trabajo!.
Control terrestre: - ¡Instante histórico!.
De la misma manera se procedió con todos los acumuladores
en buen estado. Se pusieron en marcha los ventiladores de los regeneradores
de la estación; volvió a la vida el globo que indicaba
la situación geográfica del laboratorio orbital; comenzaron
a girar los generadores solares en busca del Astro Rey. La estación
fue resucitando poco a poco. A la alimentación eléctrica
de la Salyut 7 conectaron el acumulador de Soyuz-T 13 para que se
recargara.
El 10 de junio los cosmonautas pusieron en funcionamiento la telemetría
y en las pantallas del Centro de Control de Vuelo aparecieron los
parámetros de todos los sistemas de a bordo de la Salyut
7.
Se pusieron en funcionamiento los calentadores y la temperatura
empezó a elevarse poco a poco. Otro minuto solemne: apareció
el agua del dispositivo Rodnik. Primero, a gotas; luego, un chorrillo
y, por fin, a toda prisa.
Una parte de los viejos problemas quedó resuelta, mas comenzaron
a plantearse nuevos. Al calentarse el aire en los módulos
de la estación, inevitablemente aumentará la humedad
hasta alcanzar por cierto tiempo el punto de rocío, fenómeno
nocivo para los equipos. Hace falta secar la atmósfera para
lo cual el aire ha de pasar a través de la cámara
de refrigeración y secado, donde se enfriará. Pero
todavía era necesario calentarlo, es decir había que
hallar un método para reducir la humedad sin que bajara la
temperatura.
Eran tareas no previstas en el programa. Mientras tanto, hubo que
comenzar el trabajo principal: restablecer el radioenlace de mando.
El grupo operativo para el radioenlace de mando hacía tiempo
que esperaba su hora, teniéndolo todo listo para la tarea.
Comenzamos por revisar los equipos.
Pamir-2: - Abrimos el panel 45. Todo está en norma. Desconectamos
los enchufes...
Para dar con los componentes averiados hace falta, según
la metodología, realizar con el tester decenas de comprobaciones
en las resistencias. Es una labor minuciosa y fastidiosa. Pero,
¿qué se le va a hacer?. La Tierra necesita conocer
la falla y, en lo posible, su causa. Sólo los Pamires pueden
ayudar. Por eso un sinnúmero de mediciones y comprobaciones...
Las primeras verificaciones muestran que está averiado uno
de dos transmisores, pero esto no explica todo el cuadro. Suscitan
recelo no sólo los aparatos del circuito de autómatas
de a bordo: la cosa se torna más complicada de lo que se
había pensado en la Tierra. Pero el análisis puede
esperar; mucho más importante ahora reanudar el funcionamiento
del canal de control en el circuito radioeléctrico de mando,
reemplazando la unidad averiada. Los cosmonautas y el grupo terrestre
cumplieron el cometido con éxito.
De tal suerte, en 11 días con sus noches se logró
resolver los problemas principales: la estación quedó
totalmente recuperada. Todos se sentían muy cansados, naturalmente,
pero nadie se acordaba de la fatiga: se había hecho una labor
difícil y muy importante. Se había puesto nuevamente
en servicio una sofisticada y grande máquina espacial.
Para dar energía eléctrica con miras a materializar
el programa de investigaciones, los Pamires realizaron el 2 de agosto
de 1985 una salida al cosmos a fin de instalar un generador solar
complementario. La potencia total de generadores de a bordo aumentó
y los tripulantes entraron de lleno en el vasto programa científico. |