El Sol de la Galaxia
Redacción |
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Es el indiscutido
«Astro Rey» de la Vía Láctea.
El objeto espacial respecto del cual todo en
la galaxia se arremolina. Posee una gravedad
absoluta, hasta tal punto que el entramado del
espacio-tiempo está profundamente distorsionado,
de acuerdo a lo que nos enseña la Teoría
de la Relatividad General. Por eso en sus inmediaciones
es imposible dibujar líneas rectas, y
el tiempo transcurre mucho más lento
que lo “normal”. A este objeto,
oscuro y fascinante, los astrónomos lo
han bautizado como Sagitario A*. Desde el año
2002 se sabe que es bien real, y no una mera
especulación teórica. Sin saberlo
los humanos comenzamos a escribir su historia
muchas décadas atrás. |
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n 1931
Karl Jansky,
por entonces un investigador de Bell Telephone Laboratories, se encontraba
investigando las fuentes de estática que podrían afectar
las transmisiones radiales de voz. Bell Telephone desarrollaba por
entonces un sistema basado en ondas cortas (longitudes de onda de
aproximadamente 10-20 metros) para la transmisión de mensajes
de voz a través del Atlántico.
Jansky construyó una antena diseñada para recibir ondas
de radio a una frecuencia de
20,5 MHz (longitud de onda de unos 14,5 metros). Estaba montada sobre
una plataforma giratoria que le permitía rotar en cualquier
dirección. Mediante la rotación de la antena, se podía
detectar la dirección de cualquier señal de radio (Figura
1). Después de estudiar cantidad de señales de radio
por varios meses, Jansky pudo identificar tres tipos de estática:
1. Tormentas eléctricas locales, 2. Tormentas eléctricas
distantes, y 3. Un silbido constante y débil de origen desconocido.
Jansky estuvo más de un año investigando el tercer tipo
de estática. Este ruido aumentaba y disminuía de intensidad
una vez al día, por eso, Jansky pensó en un primer momento
que lo que estaba detectando era radiación proveniente del
Sol.
Pero después de unos meses de monitorear la señal, el
punto más brillante se alejó de la posición del
Sol. La señal no se repetía cada 24 horas, sino cada
23 horas y 56 minutos. Esto es característico de las estrellas
fijas, y otros objetos alejados de nuestro Sistema Solar. Finalmente,
se dio cuenta que la radiación provenía de la Vía
Láctea, y que era más fuerte en la dirección
del centro de la galaxia, más precisamente en la constelación
de Sagitario. |
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Figura
1: Karl Jansky realizando
ajustes a su antena, construida para estudiar
la estática que había descubierto
en sus investigaciones. Esta antena, que era
llamada informalmente
“El Carrusel de Jansky”, bien
merece ser considerada como el primer radiotelescopio
del mundo.
(National Radio Astronomy Observatory)  |
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Jansky deseaba seguir investigando con mayor detalle
las ondas de radio de la Vía Láctea. Para tal fin le
propuso a Bell Telephone construir una antena de 30 metros de diámetro.
Pero Bell Telephone ya tenía la respuesta que había
estado buscando: la estática no era un problema para las radiocomunicaciones
transatlánticas. Jansky fue asignado a otro proyecto, y nunca
más volvió a trabajar en el tema. De todos modos, investigadores
como Grote Reber y John Kraus continuaron el trabajo iniciado por
Jansky, y cimentaron las bases de una nueva disciplina, la Radioastronomía.
En la década de 1950, un físico ruso, Vitali L. Ginzburg,
pudo explicar el origen de las señales de radio que Jansky
y otros investigadores habían detectado. Se trataba de radiación
producida por partículas cargadas muy energéticas o
relativistas (esto es, que se mueven a velocidades cercanas a la de
la luz) cuando son aceleradas en presencia de un campo magnético.
Este tipo de emisión electromagnética recibe el nombre
de radiación sincrotón.
En 1969, Donald Lynden-Bell y Martin Rees propusieron que la Vía
Láctea podría contener un agujero negro supermasivo
en su centro. Pero existía un problema: en general todo en
la Vía Láctea se mueve en el mismo plano galáctico,
así que una mirada directa al centro de la misma es prácticamente
imposible, debido a la presencia de polvo y gas interestelar que obstaculizan
la luz visible. Entonces, ¿cómo se podía comprobar
o refutar su existencia?
Hace 25 años, un astrónomo alemán, Reinhard Genzel,
propuso estudiar el núcleo galáctico empleando en lugar
de luz visible, luz infrarroja, que con su longitud de onda mayor
puede atravesar el velo de polvo interestelar que oculta al corazón
galáctico. Sin embargo, la luz infrarroja se ve seriamente
afectada por la humedad atmosférica, razón por la cual
Genzel decidió trasladarse al lugar más seco de la Tierra,
el desierto de Atacama en Chile (Figura 2).
En 1992, Genzel y su equipo del Max-Planck Institute for Extraterrestrial
Physics (MPE) de Garching, Alemania, comenzaron en el European Southern
Observatory (ESO) la titánica tarea de observar qué
sucedía en el corazón de nuestra galaxia. Empleando
los mejores recursos tecnológicos de este observatorio y una
técnica llamada óptica adaptativa, que corrige gran
parte de los defectos introducidos por la atmósfera terrestre
en las imágenes capturadas con un telescopio, Genzel pudo observar
en el centro de la galaxia un enjambre de estrellas apretujadas en
torno a la fuente compacta de radio Sagitario A* (o Sgr A*).
Las observaciones de los primeros años demostraron que las
estrellas cercanas al núcleo se movían a gran velocidad,
un indicativo que algo muy denso y gravitatoriamente poderoso estaba
allí. ¿La primer evidencia de la existencia de un agujero
negro supermasivo en el corazón de la Vía Láctea?
Genzel siguió trabajando con admirable paciencia y asombrosa
precisión. Utilizaría a algunas de las estrellas más
cercanas al núcleo como partículas de prueba para, luego
de haber determinado sus movimientos, inferir la masa del objeto invisible.
La idea en principio es sencilla, en palabras de Reinhard Genzel:
“¿qué podemos hacer para ver algo o probar que
algo existe si no podemos verlo? El agujero negro es algo que por
definición no deja escapar luz, pero tiene gravedad. Pensemos
en el Sistema Solar: el Sol está en el centro, y los planetas
giran a su alrededor. Los planetas exteriores se mueven lentamente
alrededor del Sol, los planetas más cercanos al Sol se mueven
más rápido. Si apagáramos la luz del Sol deberíamos
concluir que hay un objeto central de masa solar alrededor del cual
giran los planetas. ¡Eso es lo que hacemos!”. |
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En 2002 Genzel y su equipo del MPE publicaron los primeros
resultados. Una estrella en particular, la llamada “S2”
resultó de gran utilidad al equipo de astrónomos. Esta
estrella, que es 15 veces más masiva y 7 veces más grande
que nuestro Sol, es la más cercana a Sagitario A*. Se pudo
determinar que tiene una órbita (estable) kepleriana, con la
fuente de radio Sagitario A* en uno de los focos.
Hasta ese año los científicos habían podido trazar
las 2/3 partes de su órbita. S2 alcanzó el punto orbital
más cercano a Sgr A* en la primavera boreal de 2002. En ese
momento estaba a solamente 17 horas-luz (1,836 x 1010 km)
de la misteriosa fuente de radio, o unas tres veces la distancia Sol-Plutón.
Se estaba moviendo a la sorprendente velocidad de 5000 km/s, o aproximadamente
doscientas veces la velocidad de la Tierra en su órbita alrededor
del Sol. El período orbital se estimó en 15,2 años.
La órbita resultó estar bastante elongada, excentricidad
0,87. En el punto orbital más alejado de la masa central, S2
llega a estar a unos 10 días-luz (2,592 x 1011 km)
de la misma.
De todo este cúmulo de datos, Genzel pudo determinar por primera
vez que la invisible y misteriosa fuente de radio tenía una
masa aproximada de 3 millones de masas solares, y que se encontraba
a una distancia de nosotros de ~26 000 años-luz. Además,
en el estudio de 2002 se excluyeron definitivamente otras configuraciones
teóricamente posibles para
Sgr A*, como por ejemplo una aglomeración muy compacta de estrellas
inusuales, confirmando de este modo su naturaleza de agujero negro
supermasivo.
Pero Genzel y su equipo no se detuvieron ahí. Continuaron con
sus observaciones directas del núcleo galáctico. En
el año 2008 pudieron completar una revolución completa
de S2 en torno a Sgr A*, lo cual requirió de un seguimiento
continuado de 16 años empleando los mejores recursos tecnológicos
del ESO. Se hizo el rastreo de 28 estrellas cercanas a Sgr A*, estimando
con precisión sus órbitas. En relación a los
estudios anteriores, se mejoró por un factor de seis la precisión
con la que los astrónomos pudieron medir las posiciones de
las estrellas. La precisión final fue de 300 microsegundos
de arco. Algo así como ver una moneda de un euro desde una
distancia de aproximadamente 10 000 km (Figura 3).
Por primera vez el número de órbitas estelares conocidas
fue lo suficientemente grande como para buscar características
comunes entre ellas. “Las estrellas de la región más
interna tienen órbitas aleatorias, como un enjambre de abejas”,
destacaría Stefan Gillessen, un investigador del equipo de
Genzel. “Sin embargo, a mayor distancia, seis de las 28 estrellas
orbitan al agujero negro en un disco. En este sentido, el nuevo estudio
también ha confirmado explícitamente el trabajo anterior
en el que se había hallado el disco, pero sólo en un
sentido estadístico. Movimiento ordenado fuera del mes-luz
central, órbitas orientadas al azar adentro – así
es como se describe mejor la dinámica de las estrellas jóvenes
en el centro galáctico”, concluyó Gillessen.
Según Reinhard Genzel, “el centro de la galaxia es un
laboratorio único, en donde podemos estudiar los procesos fundamentales
de la gravedad extrema, la dinámica estelar y la formación
de estrellas, que son de gran relevancia para todos los núcleos
galácticos, con un nivel de detalle que nunca sería
posible (alcanzar) fuera de nuestra galaxia”. A lo que Stefan
Gillessen agregaría, “El centro galáctico alberga
al más cercano agujero negro supermasivo conocido. Por lo tanto,
es el mejor lugar para estudiar en detalle dichos objetos”.
La observación de una órbita completa de S2 ha sido
fundamental para el mejor entendimiento de esta región central.
Sin embargo, todavía persiste el misterio del origen de las
estrellas más cercanas. ¿Cómo llegaron allí?
La pregunta proviene del hecho que son demasiado jóvenes como
para haber emigrado desde lejos, e incluso es más improbable
que se hayan formado en sus órbitas actuales debido a la monstruosa
fuerza gravitacional del agujero negro central. Ya se están
planificando futuras observaciones para poner a prueba varios modelos
teóricos que tratan de resolver este enigma. |
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Figura
3: El corazón mismo
de la Vía Láctea, visto en luz
infrarroja por el ESO. Al seguir los movimientos
de las estrellas centrales por un período
de más de 16 años, los astrónomos
pudieron determinar la masa del agujero negro
supermasivo (Sagitario A*) que se esconde
allí. (ESO/S. Gillessen et al.)  |
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El trabajo de 2008 también demostró que
al menos el 95% de la masa detectada por las estrellas tiene que estar
en el agujero negro central. Gracias a los nuevos datos, se estimó
con muy buena precisión la masa de Sgr A*, que pasó
a ser equivalente a aproximadamente 4,3 millones de masas solares.
Esto de nuevo confirmaría la existencia de un “black
hole” en el corazón mismo de nuestra galaxia. Las observaciones
también permitieron a los astrónomos refinar la estimación
de nuestra distancia al centro de la galaxia, calculada en aproximadamente
27 000 años-luz. El nuevo valor para la masa de Sgr A* ha sido
corroborado por otro grupo de astrónomos que también
estudia el núcleo galáctico, el UCLA Galactic Center
Group, en California, EEUU.
En la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein,
toda masa tiene asociado un radio característico, el denominado
radio de Schwarzschild. Este radio define a una esfera imaginaria,
cuya superficie se denomina horizonte de sucesos. Dentro de esta esfera,
ni la luz puede escapar de la atracción gravitatoria. ¡Por
eso los agujeros negros son negros! En el centro de la esfera se dice
que existe una singularidad, un punto del espacio-tiempo con densidad
y curvatura infinitas.
En el caso de Sgr A* (masa ~4,3 millones de masas solares) el radio
de Schwarzschild es de aproximadamente 12,8 millones de kilómetros
(43 segundos-luz). Si nos pudiéramos acercar lo suficiente
a Sgr A* (¡con cuidado para no tener un mal día!) veríamos
precisamente a una esfera oscura con ese radio, quizás un poco
resplandeciente por efectos de la denominada radiación de Hawking,
debida a efectos cuánticos. “Todavía esperamos
mucho de ESO. Para futuros estudios de las inmediaciones del agujero
negro, necesitamos una mayor resolución angular que la que
actualmente podemos alcanzar”, concluye Genzel. De acuerdo a
Frank Eisenhauer, investigador principal del instrumento de nueva
generación Gravity, ESO pronto será capaz de obtener
la resolución que tanto se necesita. “El próximo
gran avance será combinar la luz de los cuatro grandes telescopios
de 8,2 metros del VLT, mediante una técnica conocida como interferometría.
Esto mejorará la precisión de las observaciones por
un factor de 10 a 100 en relación a las actuales capacidades.
Esta combinación tiene el potencial de comprobar directamente
la Relatividad General de Einstein, en la región actualmente
inexplorada cercana a un agujero negro”, concluye Eisenhauer.
Cuando esto ocurra, ¿seremos capaces de ver directamente la
silueta del horizonte de sucesos de Sagitario A*? |
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Mendoza, Argentina, 21 de Noviembre de 2011.
Última actualización: 28/11/11 |
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