Un astrónomo colonial en la Cuenca
del Plata:
Buenaventura Suárez S.J., 1679-1750
Ricardo N. Alonso (*) |
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historia de la astronomía Argentina tuvo un ignoto precursor
en un padre jesuita de las misiones guaraníticas quién
ayudado por los indios construyó telescopios de palo y cristal
de roca. Con este sorprendente instrumental realizó las primeras
observaciones de las estrellas en los cielos del sur. Sus trabajos
fueron admirados por los sabios de la época quienes ponderaron
la exactitud de sus cálculos en los eclipses solares y la
calidad de sus datos sobre los satélites de Júpiter.
LAS MISIONES
Los ardientes cirios del firmamento atrajeron la atención
del joven Buenaventura Suárez Garay, hijo de la provincia
Argentina de Santa Fe, quién naciera a la vera del río
Paraná un 3 de Julio de 1679. Descendía por línea
materna de Juan de Garay (1528-1583), conquistador español
que fundó por segunda vez Buenos Aires y que murió
finalmente flechado por los indios. Suárez, criollo colonial,
ingresó a los 16 años de edad en la Compañía
de Jesús y pasó toda su vida en las misiones y demás
territorios del Plata sin haber viajado jamás a Europa. Su
tarea evangelizadora lo llevó a establecerse en la misión
de San Cosme en 1706 la cual dependía del obispado de Asunción.
En las misiones de San Cosme, San Damián y Santa María
la Mayor, pasó treinta largos años de su vida atendiendo
la espiritualidad de los guaraníes y cuidando de su salud
cuando se desataron las dos terribles epidemias de 1733 y 1737 que
mataron unos 50.000 indios.
INSTRUMENTAL CASERO
El padre Suárez era un científico meduloso, un insigne
matemático y estaba interesado sobremanera en la astronomía.
La imposibilidad de contar con instrumentos de observación
le llevó a trabajar directamente en su fabricación.
Tenía experiencia como experto en el manejo de metales para
la fundición de campanas y debió ser ducho en el tallado
de cristales de roca, de los cuales hay muy puros en las geodas
de los basaltos del Paraná. A causa de su conocimiento de
los cristales es que lo cita el sabio jesuita José Sánchez
Labrador. El padre Suárez, ayudado por un equipo de fieles
artesanos guaraníes y utilizando maderas tropicales, cristal
de roca y metales de su fundición de campanas se dio maña
para construir los siguientes instrumentos, que el mismo describe
como sigue: "reloj de péndulo con los índices
de minutos primeros y segundos; cuadrante astronómico para
reducir, igualar y ajustar el reloj a la hora verdadera del Sol,
dividido cada grado de minuto en minuto; telescopio, o anteojos
de larga vista de solos dos vidrios convexos de 8 y 10 pies usé
en las observaciones de los eclipses del Sol y Luna, y de los mayores
de 13,14,16,18,20 y 23 pies en las inmersiones de los cuatro satélites
de Júpiter que observé por espacio de trece años
en el pueblo de San Cosme". Es interesante destacar que
parte de este material fue descubierto abandonado varias décadas
después por el naturalista Félix de Azara (1746-1821)
durante sus exploraciones en la región. Los rústicos
instrumentos científicos le sirvieron al padre Suárez
para determinar los períodos de los satélites de Júpiter,
los eclipses del Sol y de la Luna calculados un siglo adelante y
otras observaciones astronómicas de interés. El cielo,
ese algo inaccesible junto a lo impenetrable; lo impenetrable unido
a lo inexplicable y lo inexplicable a la par de lo inconmensurable,
fue el territorio de los desvelos académicos del estudioso
criollo de la mecánica celeste.
LA OBRA
Todo ello lo plasmó en una obra que bajo el título
de "Lunario de un siglo" publicó en 1744, y que
fue reeditado en Lisboa (1748), Barcelona (1752), Quito (1762) y
Corrientes (1852). Un verdadero éxito editorial que lo convirtió
en una singular personalidad americana de la época a tal
punto que recibía correspondencia científica de numerosos
astrónomos y de distintos países de Europa y hasta
de la China. Entre quienes elogiaron la obra del sencillo jesuita
se encontraron el célebre astrónomo Vargentin; el
polifacético A. Celsius (1701-1744), a quién le debemos
la graduación centígrada de los termómetros,
pero quién es casi olvidado como astrónomo; y del
astrónomo viajero Nicolás Grammatici (también
jesuita) que le enviaba periódicamente observaciones astronómicas
de Madrid, Baviera, San Petersburgo y Pekín. En honor a sus
méritos los superiores jesuitas le proveyeron nuevo equipamiento
adquirido en Europa, con el que el padre Suárez montó
un moderno observatorio y continuó con su exploración
del cielo austral hasta su muerte ocurrida en el pueblo de Santa
María la Mayor el 24 de Agosto de 1750 a los 71 años
de edad. El padre Suárez, además de ser una gloria
indiscutible en la astronomía, dejó un índice
de raíces, árboles y plantas medicinales. Tradujo
además un tratado de las mareas de Jacobo de Castro Sarmiento
según el sistema de Newton. Como expresó J.A. Carrazzoni,
"a dos siglos y medio de la desaparición del padre B.
Suárez todavía resulta conmovedor recordar a este
verdadero y solitario explorador del cielo, observando por su telescopio
el infinito, rodeado de sus queridos colaboradores guaraníes,
en plena selva, entre pájaros multicolores y el chillido
de los monos". Su mayor biógrafo es Guillermo Fúrlong
Cardiff, S.J., quién trató con profundidad la vida
del sabio y al cual considera con justicia uno de los pioneros de
la ciencia en el continente americano. Como reflexión final
es lástima que Suárez, tan diligente en sus observaciones,
no nos haya dejado sus apreciaciones sobre que pensaba de la Luna,
sus cráteres y otros rasgos de su superficie a los cuales
debe haber dirigido muchas veces sus telescopios pero que al parecer
no dejó ningún escrito sobre ese apasionante tema
de la planetología.
REFERENCIAS
- Furlong Cardiff, G., 1929. Glorias santafecinas.
Ed. Surgo, 300 p., Buenos Aires
- Suárez, B., 1748. Lunario de un siglo. Que comienza
en enero del año 1740 y acaba en diciembre del año
1841 en que le comprenden ciento y un años cumplidos. Contiene
los aspectos principales del Sol y de la Luna, esto es las conjunciones,
oposiciones y quartos de la Luna con el Sol según los movimientos
verdaderos y la noticia de los eclipses de ambos luminares que serán
visibles por todo el siglo en estas misiones de la Compañía
de Jesús en la Provincia del Paraguay. Regulada y aligada
la hora de los aspectos y eclipses al meridiano del pueblo de los
esclarecidos mártires San Cosme y San Damián y extendido
su uso a otros meridianos por medio de las tablas de las diferencias
meridianas que se pone al principio del lunario. Danse al fin de
él reglas fáciles para que cualquiera, sin matemáticas,
ni aritmética pueda formar de ellos lunarios de un siglo
los de los años siguientes desde el 1842 al 1903. En la Imprenta
de Francisco Da Silva, con todas las licencias necesarias. Lisboa
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| (*) |
Investigador del CONICET
Escuela de Geología,
Universidad Nacional de Salta,
Castañares, 4400
Salta, ARGENTINA |
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Para
saber más... |
Sobre el "Lunario de un Siglo" Dr. Jaime
R. García y Guillermo J. Taboada
(...) El Lunario se puede dividir en tres partes, a saber:
1) introducción; 2) efemérides;
3) apéndice.
En la introducción, el padre Suárez
nos hace saber importantísimos detalles de su actividad
astronómica y matemática, así como aspectos
de la tecnología desarrollada para la elaboración
de los instrumentos. Nada queda velado u oculto, todo está
tan claro cuanto el cristal de roca de las lentes de sus anteojos
astronómicos. Cada técnica de cálculo,
cada elemento de su observatorio constan en esta introducción
que, evidentemente, está orientada tanto al lego como
al especialista.
La observación de los satélites de Júpiter
de la que da cuenta en estas páginas “que observé
por espacio de trece años en el pueblo de San Cosme
y llegaron a 147 las más exactas...", le permitieron,
por comparación con otras muy precisas de varios colegas,
en diferentes lugares del mundo, fijar la longitud geográfica
no sólo de San Cosme, sino de los restantes 29 pueblos
de las Misiones. Es bien conocido el problema de la fijación
de la
longitud, puesto que la latitud es fácilmente determinable
por la medición de la altura horizontal del polo celeste
visible. Con este método riguroso, y al mismo tiempo
simple, nuestro matemático ha logrado obtener una importantísima
coordenada para poder elaborar sus efemérides. La:
longitud fijada, 321°45’ al oriente de la Isla de
Hierro perteneciente al archipiélago de las Canarias
es muy precisa y además nos informa de un detalle importantísimo
de la época: el meridiano de origen de las longitudes
era el que pasa por esa isla, al menos para las colonias.
Es importante destacar que el astrónomo francés
Jean Picard, en 1669, había utilizado por primera vez
el telescopio para la medida de la latitud y la triangulación,
y sus resultados fueron utilizados por Newton para sus cálculos
teóricos sobre la gravitación entre la Luna
y la Tierra. En los "Principia", Newton afirma que
la Tierra no es un esferoide sino un elipsoide, con el semieje
ecuatorial 1/230 veces más largo que el polar. Las
medidas de Cassini arrojaron resultados que se oponían
a los previstos por Newton, con la conclusión de que
no estaba achatada en los polos, sino que el semieje polar
era más largo que el ecuatorial. Para solucionar la
controversia causada por las derivaciones de la teoría
de Newton, Pierre Bouguer y Charles-Marie de La Condamine,
patrocinados por la Academia de las Ciencias de París,
junto con los oficiales guardiamarinas españoles Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, fueron comisionados a una expedición
al Perú, entre 1735 y 1743, con el objeto de realizar
observaciones astronómicas para la determinación
de la latitud, y de este modo se demostró que la Tierra
es achatada en los polos y se midieron, con precisión,
sus semiejes ecuatorial y polar.
Este hecho es de suma importancia ya que nos permite afirmar
que el padre Suárez no sólo conocía la
obra de Newton, sino que además debía estar
al tanto de las controversias, puesto que todos estos hechos
se desarrollaron en su propio virreinato.
Además, es interesante ver cómo sus técnicas
de observación no estaban atrasadas o fuera de época,
puesto que la expedición de la Academia, contemporánea
de los mejores años del padre Suárez, hizo uso
de iguales métodos.
La efemérides es la parte más
extensa del "Lunario de un siglo" y es lo que le
da el nombre a la obra. Fue desarrollada basándose
en las ideas astronómicas de la época. "He
usado para este fin entre otras tablas astronómicas
las de Philipo de La Hire, que se dieron a luz en París
en el año de 1702 y son las mejores de estos tiempos...",
nos dice el padre Suárez en otro párrafo de
la Introducción.
Es bueno aclarar quién fue De La Hire. Hijo del pintor
Laurent de La Hire o Hyre (1606-1656), fue discípulo
del matemático Desargues (1591- 1661) y compañero
de estudios de Blaise Pascal (1623-1662). Nació en
1640 y falleció en 1718, siendo uno de los primeros
miembros de la Academia de las Ciencias de París. De
la Hire también fue el sucesor de Jean Picard (1620-1682)
en la dirección del observatorio de París, fundado
por Luis XIV en 1667. Autor de varias obras de matemática,
astronomía, botánica, etc. fue también
continuador de la importantísima obra de Picard, la
célebre "Connaissance des temps ou des mouvements
célestes", que aún hoy continúa
siendo la efemérides oficial de Francia.
El Lunario contiene además de las fases de la Luna,
los eclipses de Sol y de Luna. Sobre estas efemérides
continúa Suárez su frase anterior:"...
aunque en la imputación de los eclipses de Sol y de
Luna me aparté algo de ellas, arreglándome a
las observaciones propias, que tengo hechas desde el año
de 1706 hasta el de 1739".
Las efemérides son, por lo tanto, de excelente calidad
y cualquier análisis sería redundante e innecesario.
La parte quizá más interesante del "Lunario
de un siglo" es el apéndice final
intitulado "Método fácil con que se puede
continuar este Lunario formando de él los lunarios
anuales siguientes hasta el año de 1903". Al comienzo
de este apéndice se puede encontrar toda la definición
de la técnica matemática y la teoría
astronómica utilizada
por el padre Suárez para la elaboración de la
efemérides y la concepción del "método
fácil". Contrariamente a lo expuesto, por varios
historiadores de la ciencia y quizá a lo ocurrido con
los jesuitas en China, el padre Suárez utilizó
las concepciones astronómicas más modernas que
se aceptaban en Europa. Quizá no haya sido el caso
de su corresponsal en Pekín, el padre Ignaz Koegler,
del que se dice sostenía el sistema de Tycho Brahe
(los planetas girando en torno a la Tierra y ésta girando
en torno al Sol), y la eclíptica como base de los cálculos
astronómicos, en lugar del Ecuador, como se usaba ya
en Europa.
Buenaventura Suárez tiene en cuenta que todo lo que
afirma en su método fácil debe estar rigurosamente
fundamentado y eso es lo que precisamente realiza en la primera
parte del apéndice.
Es importantísimo, creemos, exponer textualmente la
justificación del método fácil:
"El mes lunar sinódico es el tiempo que la Luna
gasta desde una conjunción con el Sol hasta la otra
conjunción, desde un novilunio hasta el novilunio siguiente,
y no hay un mes que se parezca a otro en la duración:
porque unos meses cuanto menos tienen 29 días y otros
cuanto más tienen 30. Entre aquellos más veloces
y éstos más tardos tomaron los astrónomos
el medio y definieron el mes lunar sinódico de 29 días
12 horas 44 minutos y 3 segundos de movimiento igual. Con
la continua adición de este movimiento medio e igual
se sacan todos los novilunios y plenilunios, los cuales se
corrigen con las igualaciones que dan las anomalías
de los orbes excéntricos de ambos luminares añadiendo
o quitando a las conjunciones y oposiciones medias alguna
porción de tiempo, para venir en conocimiento del tiempo
y hora verdadera de las conjunciones, oposiciones y quartos
de luna, lo que se comprueba con los eclipses de sol y luna
porque no puede acontecer eclipse de sol sino en la conjunción
de ambos luminares, ni eclipse de luna sino al tiempo y hora
de la oposición de la Luna con el Sol.
Las conjunciones medias y las anomalías del sol y de
la luna recurren casi las mismas después de 31 años
solares y 2 días, y las igualaciones de las conjunciones
medias son las mismas con poca diferencia, con las que se
reducen las lunaciones medias a las verdaderas con sola esta
diferencia, el aspecto que en este lunario fuere conjunción
31 años y 2 días después será
oposición, y no conjunción: y así mismo
el que antes fuere oposición será después
conjunción: el quarto creciente será quarto
menguante, y el quarto menguante será quarto creciente.
Pero si a este lunario se añadiere 62 años y
4 días, se tomarán los nombres de los aspectos
de él sin invertirlos, y se asignarán al año
siguiente en que se cumplieren 62 años y 4 días.
De manera que el período del recurso es de 767 meses
lunares cumplidos que hacen 62 años solares y 4 días
más, menos media hora, y entonces la conjunción
del año de la época o raíz será
también conjunción 62 años y 4 días
después. La mitad del período consta de 383
meses y medio lunares, que se cumplen a los 31 años
solares y 2 días menos un quarto de hora, y por el
medio mes lunar el novilunio del año primero pasa a
ser plenilunio, y el plenilunio a ser novilunio del año
segundo semiperiodal.
De estos fundamentos me valí para examinar todo el
lunario de un siglo y de los mismos podrá el curioso
usar para extenderle, y propagarle hasta el año de
1903 observando 4 reglas que luego daré."
Así Buenaventura Suárez fundamenta su método
fácil que luego enriquecerá con ejemplos claros
y eficaces.
Finalmente Suárez expone un conjunto de cuatro reglas
para extender su lunario (sólo las fases de la Luna)
hasta el año 1872, otras cuatro para extenderlo hasta
el año 1899 y finalmente los últimos cuatro
años desarrollados individualmente.
Así es el método fácil, sin ningún
aditamento matemático, sólo sumas y restas (...).
(Fuente: Instituto
Copérnico)
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| Mendoza, Argentina, 12 de Noviembre de 2003. |
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