Astrónomos Resucitan una Supernova
del Siglo XVI
Redacción |
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Un equipo
de astrónomos ha usado los ecos de luz
como una máquina del tiempo para desenterrar
los secretos de uno de los eventos más
influyentes en la historia de la astronomía:
una explosión estelar observada en la
Tierra más de 400 años atrás. |
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l usar
una nube galáctica como “espejo” interestelar,
el equipo internacional encabezado por Oliver Krause del Max Planck
Institute for Astronomy (MPIA) de Alemania, ha vuelto a analizar
la misma luz vista en la Tierra en el siglo XVI, y por primera vez,
ha determinado con exactitud qué tipo explosión se produjo.
El Observatorio de Calar Alto ha contribuido a este descubrimiento.
Estos resultados se dieron a conocer en la publicación científica
“Nature”, en el ejemplar del 4 de Diciembre de
2008.
A principios de Noviembre de 1572 apareció en los cielos una
nueva y brillante estrella. La nueva estrella eclipsó a todas
las demás en brillosidad, tan es así que se la podía
ver incluso de día. Fue muy observada por astrónomos
de todo el mundo y contribuyó a cambiar para siempre nuestro
entendimiento del Universo. Precisas mediciones de la posición
de la estrella realizadas por el gran astrónomo dinamarqués
Tycho Brahe y dadas a conocer en su libro “Stella Nova”,
revelaron que la estrella estaba localizada en realidad mucho más
lejos que la Luna. Esto era inconsistente con la tradición
aristotélica que había dominado el pensamiento de occidente
por casi 2000 años: de que todo lo que estaba en el cielo más
allá de la Luna era inmutable y eterno. La supernova de 1572
fue una piedra angular en la historia de la ciencia, e influyó
en los trabajos de Kepler, Galileo, Newton y otros. Hoy es conocida
como la “Supernova de Tycho”.
Un equipo internacional de investigación ha podido clasificar
con precisión a la supernova observada por Tycho Brahe y otros,
más de 430 años atrás, al analizar los ecos de
luz de la misma. Aunque los fotones directos de la supernova de Tycho
alcanzaron la Tierra en 1572, los mismos se esparcieron por todo el
espacio en una esfera constantemente en expansión. Cuando la
luz de la supernova choca con una nube de polvo y gas, algunos fotones
son reflejados hacia la Tierra, y nos alcanzan algunos años
más tarde. Como analogía, si se tira una piedra en un
estanque con agua en reposo, se generarán ondas que se propagarán
uniformemente, hasta que eventualmente choquen con algún objeto;
así, se generarán nuevas ondas (u ondas reflejadas)
que se propagarán uniformemente. Un observador ubicado en el
borde del estanque recibirá primero a las ondas directas generadas
por la piedra, y algún tiempo después a las ondas reflejadas
por el objeto. Al usar una nube galáctica como “espejo”
interestelar, el equipo del Dr. Krause pudo analizar prácticamente
la misma luz recibida en la Tierra en el Siglo XVI –un poco
antes de la invención del telescopio– con las poderosas
herramientas científicas actuales disponibles en los observatorios
modernos tales como Calar Alto y Subaru. |
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Gracias a los análisis de espectroscopía
del eco de luz, se pudo conocer los átomos que estaban presentes
al momento de la explosión de la supernova. El espectro resultante
de la luz reveló la presencia de silicio pero no de hidrógeno,
lo que implica que la supernova de Tycho se originó en una
explosión del tipo “Ia” de una estrella enana blanca.
Todas las supernovas del tipo Ia tienen prácticamente la misma
luminosidad intrínseca, por esta razón, son usadas como
sondas cósmicas para determinar las enormes distancias entre
las galaxias en la vastedad del Universo. La observación de
las supernovas del tipo Ia en otras galaxias ha conducido al descubrimiento
de la expansión acelerada del Universo, lo que sugiere la existencia
de una misteriosa energía oscura que complica a los astrónomos
y desafía a la física fundamental desde hace más
de una década.
A pesar de su importancia, hay muchos detalles desconocidos de las
supernovas del tipo Ia. Todas las supernovas del tipo Ia recientes
han aparecido en galaxias externas. Para describir la física
de estos eventos con el mayor detalle, sería ideal si pudiéramos
observar a una de ellas en nuestra propia Galaxia: pero esto es precisamente
lo que se ha efectuado en el estudio realizado por el equipo de Krause.
El resultado no sólo clasifica a la supernova de Tycho como
una supernova “normal” del tipo Ia ubicada en el patio
trasero de nuestra Galaxia, sino que también proporciona un
caudal de nueva información la cual puede ser ahora comparada
en gran detalle con observaciones de la explosión y de los
restos a la misma vez. Lo más importante, afirman los expertos,
es que el estudio de Krause demuestra la importancia de la técnica
de observación de ecos de luz, ya que ésta permitirá
en el futuro clasificar a otros restos de supernovas en nuestra Galaxia
y en otras galaxias.
Los resultados de estos estudios han sido publicados en la revista
Nature, como bien se mencionó al principio. El autor
del artículo es Oliver Krause (Max Planck Institut for Astronomy,
Alemania), y los siguientes co-autores: Masaomi Tanaka (University
of Tokyo, Japón), Tomonori Usuda (National Astronomical
Observatory of Japan), Takashi Hattori (la misma institución),
Miwa Goto (Max Planck Institut for Astronomy, Alemania), Stephan
Birkmann (perteneciente a la misma institución y a la European
Space Agency), y Ken'ichi Nomoto (University of Tokyo,
Japón). |
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Esta imagen
compuesta de los restos de la supernova de
Tycho, combina observaciones en infrarrojo
y en rayos-X obtenidas con los telescopios
espaciales Chandra y Spitzer y el observatorio
de Calar Alto. Muestra la escena más
de cuatro siglos después de la brillante
explosión observada por Tycho Brahe
y otros astrónomos contemporáneos.
La explosión termonuclear de la estrella
enana blanca ha dejado una nube de restos
en expansión muy caliente, a varios
millones de grados (verde, amarillo). La ubicación
de la onda de choque de la explosión
se puede ver aquí como una esfera azul
de electrones ultra-energéticos. El
polvo sintetizado con posterioridad a la explosión,
y el que ya existía como parte del
medio interestelar y que ha sido calentado
por el evento, irradian a una longitud de
onda de 24 micrones (rojo). Las estrellas
que están en el fondo y por delante
son blancas. Los observadores fueron el Profesor
John P. Hughes, el Dr. Jeonghee Rho y el Dr.
Oliver Krause. (Oliver Krause, MPIA)  |
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Fuente: Max Planck Institut for Astronomy (Alemania)
/ BBC
Traducción: Wilfredo Orozco |
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| Mendoza, Argentina, 15 de Diciembre de 2008. |
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