Vega Jesús
Salvador Giner |
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Ilumina espectacularmente los cielos
estivales junto a otras dos bellezas estelares como Altair
y Deneb, con las que forma el conocido Triángulo
de Verano, pero Vega es un astro especialmente importante
al encontrarse bastante cerca del Sol y, además,
porque puede poseer los elementos necesarios para la aparición
de planetas en un futuro próximo. Quién sabe
si alguno de esos planetas estará en una distancia
adecuada a Vega y pueda, con el tiempo, albergar la huella
de la vida. Mirar a Vega es como si viéramos a nuestro
Sol en los primeros albores de su existencia, antes de la
aparición de la misma Tierra. Vega nos permite, en
cierto modo, ir hacia atrás en el tiempo para ver
nuestros orígenes. |
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ega es
una de las estrellas más reverenciadas de todo el firmamento.
Con su luminosidad extraordinaria (tan sólo cuatro estrellas
son más brillantes que Vega: Sirio, Canopus, Rígil Kent
y Arturo), este singular astro ha atraído las miradas de los
que observan el cielo, ya sea testimonial o asiduamente.
El nombre de Vega procede de la imaginación de los árabes,
que vieron en la región del espacio que la rodea un águila
con las alas desplegadas y un instrumento musical entre las garras.
Denominaron a esta constelación Al Nasr al Waki. Anteriormente,
sin embargo, se habían sucedido muchas otras leyendas acerca
de esta constelación y su origen: que si era la lira inventada
por Hermes alzada hasta las alturas por designio divino, que si era
el caparazón de una tortuga (propuesta derivada del hecho de
que Hermes construyó su lira con tan sólido material
animal), que si según Plinio era un arpa, etc.
La constelación de Al Nasr al Waki, que en árabe
significa ‘buitre o águila cayendo en picado’,
perdió su elemento avícola con el transcurrir de los
años, de modo que únicamente restó la lira. La
palabra Waki se mantuvo y fue la que denominó a su estrella
principal. La evolución posterior nos trajo la traducción
por Vega, que es el nombre que actualmente se aplica a la estrella
alfa de esta pequeña constelación (figura 1). |
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Vega guarda una profunda conexión con las observaciones
que los antiguos hicieron del firmamento y con el futuro de nuestro
Sistema Solar. Al final del artículo trataremos este segundo
punto, centrémonos ahora en el primero. ¿Por qué
Vega se relaciona con la astronomía del pasado? Puede parecer
extraño, pero hace unos 14.000 años quien hubiera mirado
hacia el norte en el hemisferio septentrional no hubiese encontrado
a la estrella Polar, sino que en su lugar hallaría... ¡a
Vega!.
Todo esto obedece al fenómeno conocido como precesión
de los equinoccios: dado que nuestro mundo es un cuerpo que recibe
la influencia gravitatoria del Sol y la Luna y también de los
demás planetas, su movimiento de rotación presenta una
ligera variación a lo largo del tiempo. En periodos de tiempo
dilatados, los polos del planeta van modificando la dirección
a la que apuntan debido al movimiento de rotación terrestre:
en realidad, es como si la Tierra fuera una peonza como con las que
jugábamos de pequeños; su eje, a medida que gira, cambia
constantemente. Es ese movimiento cónico en torno al polo norte
el que provoca que el mismo polo apunte a diferentes estrellas a través
del tiempo (figura 2). |
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| El hecho de que Vega estuviese próxima al polo
norte en los albores de la civilización humana insinúa
una especial atención por parte de los antiguos hacia esta
estrella. Hace 10.000 años las primitivas embarcaciones debían
guiarse durante la noche siguiendo la estela de los astros en el firmamento;
disponer de una luz tan brillante como Vega para orientarse facilitaba
mucho la navegación. Quizá fue éste el motivo
por el que algunas culturas prehistóricas edificaron templos
y monumentos en dirección a la salida o puesta de Vega; es
posible que Vega fuera la responsable de algunos descubrimientos geográficos
producto de las exploraciones llevadas a cabo por esos antiguos pueblos
al representar, durante miles de años, el faro con el que guiarse
en medio de la oscuridad del cielo nocturno. |
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Naturaleza
y características de Vega |
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| Figura 3: Vega, en una fotografía
tomada desde el Observatorio de Monte Palomar. Queda
patente la enorme luminosidad del astro; en esas condiciones
fue muy difícil observar directamente ningún
signo de disco protoplanetario, rasgo que se creía
Vega podría tener debido a su corta edad. Fueron
necesarios la puesta en órbita de ingenios espaciales
para salir de dudas al respecto. (dss2-POSSII) |
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Vega es una estrella algo distinta de nuestro Sol. Su tipo espectral,
A0, nos indica que se trata de un astro de color blanco, con una temperatura
superficial de unos 9.200 grados centígrados, y con líneas
espectrales visibles del helio y metales neutros. Estas líneas
son precisamente las que nos guían acerca de la temperatura
del astro en cuestión; si únicamente viéramos
las líneas espectrales de los metales Vega sería más
fría que el Sol, pero como se destacan las del helio neutro
concluimos que su superficie debe tener una temperatura de al menos
9.000º C, ya que el helio precisa de esas temperaturas para que
sus líneas sean visibles. De manera general, los elementos
metálicos requieren de poca temperatura para ser excitados;
en cambio, el hidrógeno y el helio sólo se excitan cuando
hay temperaturas de más de 9 o 10.000º C. Su composición
interna nos ha revelado que Vega contiene en general sólo el
63% de los metales que posee el Sol, aunque en el caso concreto del
hierro su abundancia es un 115% de la presente en nuestra estrella.
Aunque sea más caliente que el Sol, Vega entra dentro de la
categoría de la secuencia principal, es decir, el ramo de estrellas
que han adquirido una configuración estable y pueden brillar
tranquilamente durante algunos millones o miles de millones de años.
Vega tiene un diámetro de 3,6 veces el solar, una masa igualmente
tres veces superior y una luminosidad que es más de 70 veces
la de nuestra estrella; si pudiéramos traer a Vega y colocarla
en el lugar del Sol sería tan intensamente luminosa que cegaría
nuestra vista y quemaría nuestra piel de inmediato.
En cuanto a su brillo vista desde la Tierra, hemos dicho que es la
quinta estrella más luminosa del cielo (la anaranjada Arturo
le supera por muy poco, aunque Vega es más deslumbrante debido
al color blanco). Sirio es bastante más brillante que Vega,
pero lo es porque está más cercana (8,6 años
luz) a nosotros. Vega se sitúa a más de 26 años
luz, tres veces más lejos.
Una característica importante de toda estrella es su edad.
Una estrella puede ser muy brillante porque es muy joven y muestra
toda su fogosidad o bien muy grande porque se ha hinchado como un
globo al llegar a la etapa de vejez. Vega, en base a la información
que nos proporcionaba su espectro (a partir del cual puede determinarse
la edad de una estrella a grandes rasgos), parecía tener una
edad corta. Su elevada luminosidad y su mayor masa respecto al Sol
la incluían más arriba que ésta en la rama de
la secuencia principal del diagrama H-R. Lo que esto nos dice es que
Vega tendrá una vida más exigua que la solar; mientras
que el Sol tiene por delante miles de millones de años de tranquilidad
en la secuencia principal, Vega saldrá de ella en poco más
de 350 millones. De haber nacido en el mismo instante que el Sol,
Vega sería ahora mismo una enana blanca poco brillante y muy
insignificante. La gran luminosidad de Vega nos asegura que se trata
de un astro joven, con una edad no superior a esos 350 millones de
años (el Sol es quince veces más viejo).
De modo que Vega es una estrella joven, casi recién salida
de la pubertad estelar, podríamos decir. La observación
de astros jóvenes en regiones ricas en gas y polvo había
puesto de manifiesto que muchos de ellos tienen discos de materia
gaseosa a su alrededor; un disco similar tuvo el Sol hace 5.000 millones
y a partir de él nacieron los planetas, entre ellos la Tierra.
Así fue como los científicos se hicieron la pregunta
obvia al saber la edad de Vega: ¿tendrá un disco protoplanetario?
Y ¿habría ya algún planeta formado? No es, sin
embargo, nada fácil poder observar un tenue residuo de polvo
y gas situado a casi 200 billones de kilómetros y alumbrado
por la cegadora luz de una estrella tan brillante (figura 3), por
lo que los científicos tuvieron que esperar a que la tecnología
les echara una mano. Y ello sólo sucedió a principios
de la década de los ochenta. |
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Vega
y su disco de polvo |
| El 25 de enero de 1983 se puso en órbita el
satélite IRAS (Infrared Astronomical Satellite), de
la NASA. Este satélite estaba preparado para observar el cielo
mediante luz infrarroja, de longitud de onda mayor que la luz visible.
Al analizar estrellas cercanas, el IRAS captó en Vega el débil
y difuso resplandor de un halo de polvo cósmico, exactamente
igual al esperado en el caso de astros jóvenes. Por supuesto,
un hallazgo de estas características excitó a los científicos,
y les hizo pensar que Vega podría ser un sistema planetario
en formación, tal y como era el nuestro unos 4.600 millones
de años atrás. Las especulaciones fueron abarcando distintas
posibilidades: ¿habría planetas ya formados?, ¿cuántos
serían?, ¿habría alguno en posición adecuada
para la vida?, ¿existiría un cinturón de asteroides
o un depósito de cometas? |
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