Biografías: Alberto P. Calderón
(1920-1998)
Eduardo Zarantonello |
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lberto Pedro Calderón muere el 16 de abril de 1998, y con él
desaparece uno de los más distinguidos matemáticos del
Siglo XX, y ciertamente el más notable matemático argentino
de todos los tiempos. Deja una impronta imborrable en el área
del análisis, del análisis duro, al que ofrece nuevas
herramientas de amplia utilidad y suprema eficacia, ya sea en el terreno
puramente teórico como en el de las aplicaciones. Tal es el
caso, por ejemplo, de la teoría de las Integrales Singulares
que desarrolla conjuntamente con Zygmund y que se muestra como el
instrumento adecuado para el estudio de ecuaciones diferenciales elípticas
o hiperbólicas, muy especialmente para la solución del
problema de Cauchy cuando el contorno satisface una condición
de Lipchitz.
Muchos otros son los campos que toca esta teoría -grupos de
Lie, operadores integrales, variables complejas múltiples,
teoría ergódica, interpolación compleja, análisis
multiparamétrico, ondeletas- hoy en día tan de moda,
a las cuales parece ofrecer un fundamento adecuado (y tanta otra cosa
que escapa a mi conocimiento y comprensión...). Hoy sin embargo,
puesto que poco es el tiempo y escasos mis conocimientos, prefiero
hablar de la persona más que de la obra, usando para ello en
la medida de lo posible su propio testimonio.
Calderón nació en Mendoza (Argentina) el 14 de septiembre
de 1920 en el seno de una familia tradicional del medio. Según
él mismo cuenta, su padre, que era médico, pronto lleva
a sus hijos, el Nenón y la Nenacha, por el camino de la aritmética
y la música -no tendrían más de siete años-
haciéndoles hacer operaciones mentales durante las comidas,
que alternaba con la audición de música clásica.
Así, recuerda Calderón, "con esa experiencia mi
padre creó en mi mente un vínculo entre la aritmética
y la música cuya belleza me emocionaba". Agreguemos que
Alberto aprendió a tocar el piano y que nunca dejó de
tocarlo, aunque nunca lo hizo para los demás, la música
para él era una suerte de meditación interior. Tempranamente
interesado en las cosas mecánicas decía que quería
ser ingeniero, pues, ¿qué niño quiere ser matemático?,
y así su padre que ve en ello una verdadera vocación,
le prepara el camino para el ingreso a la mejor escuela de ingeniería
del momento, la Eidgenossische Hochschule de Zurich, y a los
doce años, a punto de iniciar sus estudios secundarios lo hace
estudiar alemán (muy contra su gusto) y lo instala en un internado
en Suiza.
Es allí donde, a causa de una travesura infantil, su profesor
de matemáticas, el Dr. Save Bercovici, lo castiga con un problema
de geometría, problema que resuelto le revela su verdadera
vocación: la de ser matemático. Al cabo de dos años
Alberto vuelve a Mendoza, y completa sus estudios secundarios en el
colegio Agustín Alvarez, verdadero semillero del talento mendocino,
y de allí parte a Buenos Aires para iniciar sus estudios de
ingeniería.
Permítanme aquí una breve digresión: hasta poco
antes de la mitad del siglo pasado la idea de hacer de las matemáticas
una profesión casi no existía en la sociedad argentina,
y la actitud general era aquella de "¿... así que
te gustan las matemáticas?, pues entonces serás ingeniero".
Tampoco existían centros donde se hicieran estudios formales
en esta disciplina como no fueran las minúsculas escuelas en
las Universidades de Buenos Aires y La Plata iniciadas directa o indirectamente
por sugerencia de Don Julio Rey Pastor, escuelas de cuya existencia
el público en general no tenía idea alguna, y menos
aún los jovencitos a la terminación de su bachillerato.
Y así fue que Alberto estudia en la Universidad de Buenos Aires
y se hace ingeniero. Algo más quiero decir: al hablar de la
educación de Alberto y exaltar su calidad se pone un cierto
énfasis en el par de años pasados en Suiza, como dando
a entender que la educación en casa no hubiera sido suficientemente
buena. Craso error, en esos años la escuela secundaria argentina,
enciclopédica y memoriosa, como la califican los psicólogos
y pedagogos del momento, era de excelentísima calidad, y ,
como bien sabemos aquellos de nosotros que hemos vivido y educado
a nuestros hijos en países otros que el nuestro, en modo alguno
inferior a la de ellos. En aquellos tiempos Argentina era uno de los
países del mundo que más importancia daba a la educación.
Como dije, Alberto inicia estudios de ingeniería en la Universidad
de Buenos Aires, aunque en realidad al advertir que podía hacerlos
en matemáticas hubiera preferido estudiar en este campo.
Según él fueron "las precarias posibilidades de
ganarse la vida como matemático imperantes entonces" las
que aconsejaron el cambio. Así pues se inscribe en ingeniería
y al cabo de siete años egresa como ingeniero civil sin haber
perdido por eso su interés en las matemáticas. Muy por
el contrario, busca el contacto de los matemáticos del lugar
y empieza por establecer una estrecha amistad con Bernardo Baidaff,
director del "Boletín Matemático Argentino".
Su asistencia al tercer curso de Análisis dictado por Rey Pastor,
y participación en las clases especiales que Don Julio daba
para profundizar los temas tratados lo pone en contacto con él
y, a través de él, con Balanzat y Santaló, y
así llega a quien sería su amigo, mentor y protector:
Alberto González Domínguez. En este punto puede decirse
que Alberto Calderón está ya instalado en las matemáticas.
Pero, con un diploma de ingeniero bajo el brazo y cumplidos sus veintisiete
años entiende que es momento de dejar de ser carga para su
padre y establecerse por cuenta propia, y así es que busca
y obtiene un empleo en el Laboratorio de Investigaciones Geofísicas
de YPF. Los problemas técnicos susceptibles de un tratamiento
matemático que se le asignan le fascinan, no así su
relación con sus superiores que, según él mismo
dice lo "trataron mal", razón por la cual pronto
renuncia al cargo. Y aquí agrega "esto fue para mi bien,
pues, si me hubiesen tratado de otro modo, casi seguramente me hubiera
quedado allí por el resto de mi vida". En este circunstancial
desamparo Calderón busca y encuentra apoyo en su amigo González
Domínguez, quien prontamente obtiene para Alberto un nombramiento
de Ayudante en su cátedra de la Facultad de Ciencias. En este
punto Calderón entra definitivamente en el mundo de las matemáticas,
en el que permanecerá hasta el fin de sus días, no sólo
como simple ciudadano sino como soberano ilustre de un amplio territorio
de esta ciencia.
Durante la década de los años cuarenta, por razones
que no sabría explicar, Argentina recibe frecuentes visitas
de matemáticos estadounidenses: George D. Birkhoff, profesor
de la Universidad de Harvard, decano de los matemáticos de
los Estados Unidos, Adrían A. Albert, destacado algebrista
de la Universidad de Chicago, Marshall H. Stone, profesor entonces
de la Universidad de Harvard y autor del recientemente aparecido y
famoso libro: Linear Transformations in Hilbert Spaces (con
quien me ha tocado hacer un curioso paso de baile académico),
y Antoni Zygmund, matemático polaco establecido en los EEUU
y autor de un grueso volumen sobre series trigonométricas,
y otros que muy probablemente estoy olvidando.
Es allá por el 1948, o acaso más tarde, que Stone en
su segunda visita a Argentina sugiere que se invite a Zygmund a dictar
un curso, sugerencia que es prontamente aceptada y para cuyo cumplimiento
González Domínguez pone su cátedra a disposición
del invitado, con lo cual Calderón automáticamente pasa
a ser ayudante de Zygmund, dando así origen a uno de los casos
de colaboración entre matemáticos más fructíferos
de la historia. Cumplidas sus funciones, Zygmund regresa a Chicago
llevando consigo a Calderón como becario de la Fundación
Rockefeller, quien bajo su dirección se doctora en el término
de un año (1950) con una tesis que rápidamente compone
abrochando conjuntamente tres trabajos independientes. Su carrera
docente en ésta su nueva tierra se inicia en la Ohio State
University, donde pasa tres años, lo lleva al Institute
for Advanced Studies en Princenton, luego al Massachusetts
Institute of Technology (MIT), y finalmente de regreso a la Universidad
de Chicago, donde en alternancia con cargos en MIT escala todas las
jerarquías académicas. Visita Argentina con frecuencia
en calidad de Profesor Visitante e Investigador Superior del CONICET,
y otros países en América y Europa. De paso permítaseme
notar, pues tiempo no hay para más, que la Chicago School
of Analysis, de cuya creación Calderón y Zygmund
son protagonistas, y que agrupa nombres del prestigio de Marshall
H. Stone, Shing S. Chern, Saunders Mc Lane, André Weil, Paul
Halmos, Irving Kaplansky, Irving Segal, Edwin Spanier, es cumbre del
Análisis Matemático del mundo. Las Universidades de
Buenos Aires, Autónoma de Madrid, Ohio State en los
Estados Unidos y de Technion en Israel, lo distinguen como
"Doctor Honoris Causa", y recibe numerosos premios que culminan
con la "Medalla Nacional de Ciencia", máximo galardón
científico de los EEUU, que en 1992 le otorga el Presidente
George Bush (*).
Sin negar la belleza intrínseca de las matemáticas,
que Calderón reconoce y contempla una y otra vez, son sus desafíos
lo que realmente le atrae, e incapaz de mantenerse quieto en la tribuna,
se lanza osadamente al campo de juego. Conocer está bien, pero
inmensamente más apasionante es hacer, hacer matemáticas.
De esta inclinación habla claramente aquella anécdota
de su temprana vida de matemático, tantas veces repetida. En
su seminario en la Universidad de Buenos Aires, Zygmund presenta a
un auditorio que incluye a Calderón un conocido teorema sobre
series de Fourier contenido en su libro. Terminada la demostración
Calderón confuso pregunta "¿porqué la demostración
ofrecida es más larga que la del libro? No es así -responde
Zygmund- es la misma". Hay un momento de perplejidad, algo extraño
ha ocurrido. ¿Qué?. Simplemente que, oído el
enunciado, Calderón que oye pero no escucha, se ha echado andar
por un atajo de su invención y ha llegado antes que su maestro.
Esta actitud de tomar las matemáticas por cuenta propia, de
crear más que aprender, es la característica singular
de su talento, y así, cuando Calderón enseña,
no enseña matemáticas, enseña a matematizar.
De esto dan testimonio sus alumnos. Como ejemplo me permito reproducir
aquí lo que a este respecto dice Michael Christ, hoy profesor
en la Universidad de California, Berkeley (traduzco): "Sus clases
eran claras pero poco pulidas, con ocasionales regresos y enmiendas
... y finalmente comprendí que esas clases eran apenas bosquejadas
de antemano, y que en esos momentos Calderón estaba repensando
los teoremas en el pizarrón, invitándonos a hacerlo
juntamente con él". Este testimonio también habla
de una amplia generosidad que le hacía compartir sin reticencias
ideas e intuiciones con sus interlocutores. Veintisiete estudiantes,
entre ellos trece argentinos, se han doctorado bajo su dirección.
Calderón y yo hemos sido contemporáneos, hemos vivido
los mismos ámbitos y marchado por rutas que se han cruzado
y entrecruzado una y otra vez, pero rara vez nos hemos encontrado
en el camino. De él me queda la imagen del hombre que reposa
con la mirada puesta en la lejanía, sus ojos vueltos hacia
adentro en busca de Dios sabe qué quimeras, mientras sus dedos
recorren un teclado imaginario. Por eso, para una evocación
más real, echo mano del testimonio de aquellos que han tenido
el privilegio de tratarlo más de cerca y largamente: "Calderón
era hombre elegante, de porte distinguido y reservado, excelente conversador,
con gracia natural, modesto y generoso con su tiempo y sus ideas,
seguro de sí mismo e indiferente a la competencia." (Christ,
Sadosky y Kenig).
Su muerte, ocurrida hace ya más de siete años, muy sentida
en el mundo entero, dió origen a un sinnúmero de artículos
recordatorios en revistas especializadas y periódicos de prestigio
internacional como el New York Times. Sí, en todas partes,
menos en su provincia natal donde pasó desapercibida. Tal vez
por aquello de que "Nadie es profeta en su tierra". |
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En los
considerandos del premio se menciona "su labor pionera
en Análisis Matemático, al desarrollar la teoría
de las integrales singulares que hizo posible la aplicación
de estos operadores a importantes problemas de ecuaciones diferenciales,
entre los que se incluyen la prueba de unicidad del problema
de Cauchy, la teoría del índice de Atiyah-Singer,
y la propagación de singularidades en ecuaciones no-lineales''. |
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| Para
saber más... |
Calderón era un matemático extraordinariamente
inspirado, con enorme potencial técnico
y gran capacidad para plantear y resolver problemas
abiertos de enorme dificultad. Una de sus características
notables es que no consultaba bibliografía,
e iba inventando teorías y técnicas
a medida que le hacían falta en la resolución
de un problema. Así , en cada trabajo,
además de los resultados originales que
aportaba, abrí a nuevas maneras de ver
el campo en el que incursionaba.
Contrajo matrimonio con su compañera de
facultad, la Licenciada en Matemáticas
Mabel E. Molinelli Wells en 1950. Mabel falleció
tras una larga lucha contra el cáncer,
en 1985. Los hijos de ambos, María Josefina
y Pablo, también matemáticos, residen
actualmente en los Estados Unidos, así
como su hermano menor, Calixto, también
matemático. Calderón se casó
nuevamente en 1989 con la Dra. Alexandra (Bagdsar)
Bellow, Profesora Emérita del Departamento
de Matemática de la Northwestern University,
Evanston, Illinois. Estudiantes doctorados
bajo la dirección del Dr. Alberto P.
Calderón:
- En la Universidad de Chicago: Earl Berkson
(1960), Evelio Oklander (1964), Cora Sadosky
(1965), Esteban Vagi (1965), Néstor
Rivière (1966), John Polking (1966),
Umberto Neri (1966),Carlos Segovia Fernández
(1967), Miguel de Guzmán (1968), Daniel
Fife (1968), Alberto Torchinsky (1971), Keith
Powls (1972), Carlos Kenig (1978), Kent Merryfield
(1980), Michael Christ (1982), Gerald Cohen
(1982).
- En MIT: Robert Seeley.
- En la Universidad de Buenos Aires: Josefina
Dolores Álvarez Alonso, Thelma Caputti,
Cristian Gutiérrez, Eduardo Gatto,
Marta Urciolo, María Amelia Muschietti.
Premios obtenidos:
- 1991 Presidential National Medal of Science
(USA).
- 1989 Premio Wolf, de Israel Prize, que honra
una trayectoria vital en matemática
(co-recipientario: John Milnor, entonces en
el Institute of Advanced Studies de Princeton,
NJ.)
- 1986 National Medal of Science.
- 1989 Steel Prize de la American Mathematical
Society.
- 1979 Bocher Memorial Prize de la American
Mathematical Society.
Sociedades Científicas a las que perteneció:
- U.S. Nacional Academy of Sciences (desde
1968).
- American Academy of Art and Sciences (desde
1957).
- Academia de Ciencias de la República
Argentina (desde 1959).
- Academia de Ciencias del Institut de France
(desde 1984).
- Real Academia de Ciencias de Madrid (desde
1970).
- Academia de Ciencias del Tercer Mundo, Trieste
(desde 1984).
- Academia de Ciencias de América Latina,
Caracas (desde 1983).
Doctorados honoris causa:
- Universidad de Buenos Aires (1969).
- Instituto Technion, Haifa, Israel (1989).
- Universidad Autónoma de Madrid (1997).
Trayectoria docente:
- 1950-1953 Profesor Asistente, Ohio State
University, Kent, OH.
- 1953-1955 Investigador Visitante en el Institute
of Advanced Study en Princeton, NJ.
- 1955-1959 Profesor Asociado, Massachusetts
Institute of Technology, Cambridge, MA.
- 1959-1972 Profesor Titular de la University
of Chicago, Chicago, IL.
- 1970-1972 Jefe del Departamento de Matemáticas
de la University of Chicago, Chicago, IL.
- 1972-1975 Profesor Titular del Massachusetts
Institute of Technology, Cambridge, MA.
- 1975-1985 Profesor Titular de la University
of Chicago, Chicago, IL.
- 1985-1998 Profesor Emérito de Matemáticas
de la University of Chicago, Chicago, IL.
- Investigador Superior del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas
de la República Argentina.
- Profesor Titular visitante de la Universidad
de Buenos Aires, Cornell University, Collège
de France, Université de Paris (Sorbonne),
Stanford University, Universidad Nacional
de Bogotá, Consejo Nacional de Investigaciones
(Madrid), Universidad de Madrid, Universidad
de Roma.
Comités editoriales:
- Editor, Transactions of the American Mathematical
Society.
- Editor, Duke Mathematical Journal.
- Editor, Illinois Journal of Mathematics.
- Editor, Journal of Functional Analysis.
- Editor, Journal of Differential Equations.
- Editor, Advances in Mathematics.
- Miembro del Comité Editor de la American
Mathematical Society.
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| Mendoza, Argentina, 11 de Febrero de 2006. |
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