Biografías: Nicolás Copérnico
(1473-1543) Fernando M. Araniti |
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el año 1502. El joven profesor de astronomía de la Universidad
de Roma, hizo una breve pausa en su lección sobre el plan del
Universo. De todos los países civilizados del mundo arribaron
sus discípulos para oír las lecciones de Copérnico
sobre las estrellas y los planetas. Continuó haciendo la exposición
del sistema tolemaico: "La Tierra es el centro del Universo;
el Sol, la Luna y los cinco planetas son satélites que giran
diariamente en torno a nuestra majestuosa Tierra en un círculo
perfecto. Más allá se encuentran las estrellas fijas,
que todo lo rodean. Éstas son las verdades fundamentales que
escribió el gran Claudio Tolomeo hace más de mil quinientos
años y que son evidentes para los sentidos".
Un joven de ojos brillantes hizo una pregunta: "Distinguido profesor",
dijo tímidamente el joven, "¿no disputó
esto el antiguo filósofo griego Pitágoras diciendo que
no es la Tierra la que se encuentra en el centro del Universo, sino
el Sol?".
Copérnico estaba a punto de responder, como lo hizo muchas
veces, que el gran Aristóteles refutó categóricamente
a Pitágoras y que, siendo el Hombre la obra maestra de Dios,
la Tierra que habitaba debería estar en el centro del Universo.
Esta vez, sin embargo, Copérnico tenía tan poca fe en
su acostumbrada respuesta que dio por terminada la clase y salió
bruscamente de la sala. Después de tres años de dedicarse
a la enseñanza, resolvió renunciar. Como no deseaba
ya enseñar lo que él mismo dudaba, decidió volver
a su casa, en Frauenburg, que entonces era parte de Polonia, para
dedicarse a determinar para su satisfacción si Tolomeo y los
distinguidos profesores del siglo XVI tenían razón o
estaban equivocados.
Nicolás Copérnico nació en Thorn, pequeño
puerto de Polonia en el río Vístula, cerca del Mar Báltico.
Su padre, que era mercader, murió cuando el pequeño
Nicolás tenía 10 años de edad, y su tío
que era una figura principal de Polonia, el obispo Lucas Watzelrode,
asumió la responsabilidad de educarlo. De joven, en Nicolás
influyó el punto de vista positivo y práctico de su
padre mercader y de su tío administrador de la Iglesia. Por
otra parte, estimularon su imaginación las victorias de los
marinos y los mercaderes que pasaban por el puerto de Thorn cuando
venían de Asia, Italia, Rusia y otros lugares lejanos.
En 1492, cuando Colón descubría América y abría
un nuevo mundo geográfico, Copérnico se matriculó
en la Universidad de Cracovia, en Polonia, uno de los centros más
distinguidos de cultura de esa época. Quedó bajo la
tutela de Alberto Brudzewski, notable matemático y astrónomo,
que cultivó el profundo interés de Nicolás en
esas materias. Sin embargo, por consejo de su tío, el obispo,
Nicolás se licenció en medicina, a fin de prestar una
ayuda más directa a sus compatriotas.
La obra de Nicolás en Cracovia le abrió las puertas
de la cultura. Le preguntó a su tío si podía
continuar sus estudios en Italia, centro de aprendizaje y cuna del
Renacimiento. Prudentemente, su tío consintió e hizo
los arreglos necesarios para que asistiera a la famosa Universidad
de Bolonia, donde estudió derecho y amplió sus conocimientos
de matemáticas y astronomía. También aprendió
griego a fin de leer los textos originales de los astrónomos
griegos, así como sus traducciones de los antiguos matemáticos
árabes. De conformidad con el concepto renacentista de la educación
universal, Copérnico desarrolló también sus aptitudes
como pintor y poeta.
En esa época fue nombrado profesor de astronomía de
la Universidad de Roma. Aunque enseñaba la tradicional astronomía
tolemaica, su lectura de los textos originales de Pitágoras
y otros filósofos antiguos, así como su educación
pragmática, lo hicieron dudar de la exactitud de la teoría
tolemaica sobre la estructura geocéntrica del Universo, que
fue aceptada durante mil quinientos años. Se hizo preguntas
como ésta: Si el Sol gira alrededor de la Tierra en la órbita
fija de un círculo perfecto, ¿cómo explicar el
cambio de las estaciones? ¿Cómo es que algunas estrellas
y planetas varían de posición de un año a otro?.
Naturalmente, los sabios de la época explicaban dichas variaciones
llamándolas aberraciones, migraciones caprichosas o movimientos
místicos de las almas interiores de los planetas. Para la mente
aguda e inquisitiva del joven Copérnico, estas respuestas eran
una farsa; por lo tanto, decidió irse de Roma y buscar las
soluciones que lo dejaran satisfecho en la calma de su patria. Pero
pasaría mucho tiempo antes de que encontrara esas soluciones.
En 1504 renunció a su profesorado y regresó a Frauenburg
para convertirse en canónigo de la Iglesia.
A partir de entonces, pasó varios años como médico
y ayudante de su tío, el obispo Watzelrode. En esta calidad,
ganó la estima y el afecto de todos aquellos con quienes tuvo
relación. Sus estudios de derecho le permitían ser justo
y equitativo en la administración de las tierras de la Iglesia.
Se dio a conocer en todas partes como médico hábil y
ofrecía gratuitamente sus conocimientos médicos para
curar a los pobres y a los menesterosos. Cuando los vecinos necesitaban
ayuda, ya para hacer menos rigurosa la sequía, construyendo
una presa, ya para almacenar los alimentos en previsión del
hambre, buscaban su consejo, que les daba sabiamente.
A solicitud del Papa, aconsejó algunas reformas prácticas
para hacer más preciso el calendario. Clavio, que estudió
la evolución de nuestro moderno calendario, decía: "Copérnico
fue el primero en descubrir la duración exacta del año".
Autoridades posteriores encontraron que sus cálculos de la
longitud del año tenían un error de sólo veintiocho
segundos.
Cuando los soberanos de Polonia, en una época de crisis económica,
pidieron a Copérnico que reformara el sistema monetario, abogó
por la acuñación central de moneda para toda Polonia,
y devolvió la confianza en el dinero polaco prohibiendo la
acuñación de nuevas monedas sin el debido respaldo de
la plata o el oro. Por un tiempo, en 1520, sirvió como gobernador
del castillo de Allenstein y lo defendió victoriosamente contra
el asedio de los caballeros teutones.
Aunque se consagró al bienestar de su Iglesia y de sus compatriotas
durante estos años, no olvidó su deseo de resolver el
enigma de la estructura del Universo. Pasaba las noches en la torre
de su casa, en lo alto de la montaña, observando las estrellas
y los planetas, haciendo anotaciones sobre su posición y leyendo
todos los manuscritos que tenía de los antiguos astrónomos.
Su investigación era especialmente difícil, debido a
que aún no se inventaba el telescopio y, en esa región,
durante gran parte del año, el clima oscurecía la visibilidad
del cielo.
El progreso era lento. Estudió los eclipses que ocurrieron
en 1509 y 1511. Usando fórmulas matemáticas y su teoría
del movimiento de los planetas, predijo las posiciones de los planetas
Marte, Saturno, Júpiter y Venus. Luego, explorando ansiosamente
el cielo durante varios años para ver si sus cálculos
eran correctos, descubrió con gran alegría que lo eran.
Al fin tenía pruebas para demostrar que la teoría tolemaica,
con su falsa explicación de las variaciones y sus telarañas
de confusión e incoherencias que hacían de la astronomía
una ciencia equivocada, era falsa.
La teoría que verificó Copérnico ponía
al Sol en el centro del Universo, la Tierra y los otros planetas giraban
alrededor de él, y las estrellas lo rodeaban todo en el cielo
infinito. Sabía que la Tierra gira también sobre su
propio eje, lo cual daba el día y la noche. Dichos movimientos
siguen las infalibles leyes matemáticas de la Naturaleza. Puede
predecirse con fórmulas la posición de cada planeta
en el cielo en cualquier momento dado, inclusive los eclipses. |
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Copérnico descubrió la verdad, pero el
conseguir que el mundo la aceptara era un proceso lento y peligroso,
que se enfrentaba a antiguas creencias vinculadas con la superstición
y el dogma religioso. Aunque el Renacimiento fue una época
de investigaciones y de considerable libertad de discusión
en los círculos ilustrados, se consideraba herética
la contradicción sospechosa del dogma religioso. Por lo tanto,
Copérnico decidió no publicar sus hallazgos, sino tratar
de ganar partidarios entre los hombres cultos mediante la conversación
y la discusión. Lo hizo así con éxito limitado,
pero inclusive este camino estaba preñado de peligros. Martín
Lutero lo acusó de ser un necio que quería "volver
completamente al revés el arte de la astronomía".
Calvino citó el Salmo 93 contra él: "También
el mundo está afirmado; no será movido".
Hacia el fin de su vida, cuando lo convencieron de que debería
publicar sus ideas, escribió De revolutionibus orbium coelestium
(Sobre las revoluciones de las esferas celestes) y dedicó el
libro al Papa Paulo III para obtener la aprobación eclesiástica.
Al impresor de Nuremberg le atemorizó tanto la naturaleza revolucionaria
del texto que encargó a alguien que escribiera un prólogo
en el cual se afirmaba que el libro no era un tratado científico,
sino una "fantasía ociosa". Copérnico se habría
enfadado si hubiera leído esta descripción de la obra
de su vida, pero nunca pudo leer el libro impreso, que le fue puesto
en las manos cuando estaba en su lecho de muerte, el 24 de mayo de
1543.
La obra de Copérnico fue el cimiento sobre el que Galileo,
Brahe, Kepler, Newton, Einstein y otros construyeron la astronomía
moderna, pero hizo algo más que eso. Más tarde su ejemplo
animó a otras almas intrépidas a desafiar otras creencias
místicas basadas en supersticiones que perjudicaban el espíritu
del género humano. Además, creó un modelo de
investigación científica basada en la observación
cuidadosa y paciente, en el análisis y la experimentación. |
| Biografía de Nicolás Copérnico |
| Mendoza, Argentina, 02 de Abril de 2004. |
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