| La carga del escepticismo
Carl Sagan |
 |
ué
es el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos
a diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo
de sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales
(las que nos haya dejado nuestra educación). Podrías
decir: "Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo
que me ofrezca." O podrías decir: "Bueno, he oído
que de vez en cuando hay pequeños engaños relacionados
con la venta de coches usados, quizá involuntarios por parte
del vendedor", y luego hacer algo. Le das unas pataditas a los
neumáticos, abres las puertas, miras debajo del capó.
(Podrías valorar cómo anda el coche aunque no supieses
lo que se supone que tendría que haber debajo del capó,
o podrías traerte a un amigo aficionado a la mecánica.)
Sabes que se requiere algo de escepticismo, y comprendes por qué.
Es desagradable que tengas que estar en desacuerdo con el vendedor
de coches usados, o que tengas que hacerle algunas preguntas a las
que es reacio a contestar. Hay al menos un pequeño grado de
confrontación personal relacionado con la compra de un coche
usado y nadie afirma que sea especialmente agradable. Pero existe
un buen motivo para ello, porque si no empleas un mínimo de
escepticismo, si posees una credulidad absolutamente destrabada, probablemente
tendrás que pagar un precio tarde o temprano. Entonces desearás
haber hecho una pequeña inversión de escepticismo con
anterioridad.
Ahora bien, esto no es algo en lo que tengas que emplear cuatro
años de carrera para comprenderlo. Todo el mundo lo comprende.
El problema es que los coches usados son una cosa, y los anuncios
de televisión y los discursos de presidentes y líderes
políticos son otra. Somos escépticos en algunas cosas,
pero, desafortunadamente, no en otras.
Por ejemplo, hay un tipo de anuncio de aspirina que revela que
el producto de la competencia sólo tiene una cierta cantidad
del ingrediente analgésico que los médicos recomiendan
(no te dicen cuál es el misterioso ingrediente), mientras
que su producto tiene una cantidad dramáticamente superior
(de 1,2 a 2 veces más por cada pastilla). Por tanto deberías
comprar su producto. Pero ¿por qué no simplemente
tomar dos pastillas de la competencia? Nadie te ha dicho que preguntes.
No apliques escepticismo en este asunto. No pienses. Compra.
Las afirmaciones de los anuncios comerciales constituyen pequeños
engaños. Nos hacen gastar algo más de dinero, o nos
inducen a comprar un producto algo inferior. No es tan terrible.
Pero considera esto: Tengo aquí el programa de este año
de la Expo Whole Life de San Francisco. Veinte mil personas asistieron
a la del año pasado. He aquí algunas de las presentaciones:
"Tratamientos Alternativos para Enfermos de SIDA: reconstruirá
las defensas naturales y prevendrá crisis del sistema inmunitario-aprende
sobre los últimos avances que los medios han ignorado por
completo." Me parece que esa presentación podría
causar graves daños. "Cómo las Proteínas
Sanguíneas Atrapadas Producen Dolor y Sufrimiento."
"Cristales: ¿Son Talismanes o Piedras?" (Yo tengo
mi propia opinión) Dice: "Al igual que un cristal enfoca
ondas de sonido y luz para la radio y la televisión"
las radios de galena tienen bastante tiempo- "también
podría amplificar las vibraciones espirituales del hombre
desintonizado." Apuesto a que muy pocos de vosotros estáis
desintonizados. O esta otra: "El Retorno de la Diosa, Ritual
de Presentación." Otra: "Sincronicidad, la Experiencia
de Reconocimiento." Esa la da el "Hermano Charles".
O, en la siguiente página: "Tú, Saint-Germain,
y Cómo Curarse Mediante la Llama Violeta." Sigue y sigue,
con montones de anuncios acerca de las oportunidades (que van desde
lo dudoso a lo espurio) disponibles en la Expo Whole Life.
Si tuvieras que bajar a la Tierra en cualquier momento del dominio
humano, te encontrarías con un conjunto de sistemas de creencia
populares, más o menos similares. Cambian, a veces rápidamente,
a veces en una escala de varios años: pero, a veces, sistemas
de creencia de este tipo duran muchos miles de años. Al menos
unos cuantos están siempre presentes. Creo que es razonable
preguntarse por qué. Somos Homo Sapiens. Ésa es nuestra
característica diferenciadora, eso de sapiens. Se supone
que somos listos. Entonces ¿por qué nos rodea siempre
todo ese tema? Bueno, por una parte, muchos de esos sistemas de
creencia tratan necesidades humanas reales que no se presentan en
nuestra sociedad. Existen necesidades médicas insatisfechas,
necesidades espirituales, y necesidades de comunicación con
el resto de la comunidad humana. Puede que haya más de esos
defectos en nuestra sociedad que en muchas otras de la historia
de la humanidad. Por tanto, es razonable para la gente probar y
hurgar en varios sistemas de creencia, para ver si ayudan en algo.
Por ejemplo, tomemos una manía de moda: la canalización.
Tiene como premisa fundamental, al igual que el espiritualismo,
que, cuando morimos, no desaparecemos exactamente, sino que una
parte de nosotros continúa. Esa parte, dicen, puede retomar
el cuerpo de un humano u otras criaturas en el futuro, y por tanto,
personalmente, la muerte pierde mucha amargura para nosotros. Y
lo que es más, tenemos una oportunidad, si los argumentos
de la canalización son ciertos, de contactar con seres queridos
que han muerto.
Hablando personalmente, yo estaría encantado de que la reencarnación
fuese cierta. Perdí a mis dos padres en los últimos
años, y me encantaría tener una pequeña conversación
con ellos, para decirles cómo están los niños
y asegurarme que todo va bien dondequiera que estén. Eso
toca algo muy profundo. Pero, al mismo tiempo, y precisamente por
esa razón, sé que hay gente que intenta beneficiarse
de las vulnerabilidades de los afligidos. Mejor que los espiritualistas
y los canalizadores tengan un argumento convincente.
O tomemos la idea de que, pensando mucho sobre formaciones geológicas,
podemos decir dónde hay depósitos de mineral o petróleo.
Uri Geller afirma eso. Ahora bien, si eres un ejecutivo de una compañía
de exploración de mineral o petróleo, tus garbanzos
dependen de que encuentres los minerales o el petróleo: por
tanto, gastar cantidades triviales de dinero, comparadas con lo
que te gastas a menudo en exploración geológica, en
este caso para encontrar físicamente los depósitos,
no suena tan mal. Podrías caer en la tentación.
O tomemos a los OVNIs, el argumento de que nos están visitando
continuamente seres de otros mundos en naves espaciales. Encuentro
esto muy emocionante. Al menos es una ruptura con lo ordinario.
He empleado una buena cantidad de tiempo en mi vida científica
trabajando en el tema de la búsqueda de inteligencia extraterrestre.
Piensa cuánto esfuerzo podría ahorrarme si esos tipos
están visitándonos. Pero cuando podemos reconocer
alguna vulnerabilidad emocional relacionada con una pretensión,
es cuando tenemos que hacer los esfuerzos más firmes de escrutinio
escéptico. En esa situación es cuando pueden aprovecharse
de nosotros.
Ahora reconsideremos la canalización. Hay una mujer en el
Estado de Washington que afirma entrar en contacto con alguien que
tiene 35.000 años de edad: Ramtha (quien, por cierto, habla
muy bien inglés con lo que me parece un acento indio). Supongamos
que tenemos a Ramtha aquí y supongamos que Ramtha es cooperativo.
Podríamos hacer algunas preguntas: ¿Cómo sabemos
que Ramtha vivió hace 35.000 años? ¿Quién
está llevando la cuenta de los milenios que se interponen?
¿Cómo es que son exactamente 35.000 años? Eso
es un número muy redondo. ¿35.000 más qué,
o menos qué? ¿Cómo eran las cosas hace 35.000
años? ¿Cómo era el clima? ¿Dónde
vivió Ramtha? (Sé que habla inglés con un acento
indio, pero ¿dónde se hablaba así hace 35.000
años?) ¿Qué come Ramtha? (Los arqueólogos
saben algo sobre lo que comía la gente por aquel entonces.)
Tendríamos una buena oportunidad de descubrir si sus afirmaciones
son ciertas. Si fuera realmente alguien de hace 35.000 años,
podríamos aprender mucho sobre hace 35.000 años. Por
tanto, de una manera u otra, o Ramtha es realmente alguien de hace
35.000 años, en cuyo caso descubriremos algo sobre ese periodo
(que es anterior a la glaciación de Wisconsin, una época
interesante), o es un farsante y se equivocará. ¿Cuáles
son los idiomas indígenas, cómo es la estructura social,
con quién más vive Ramtha (hijos, nietos), cuál
es el ciclo de vida, la mortalidad infantil, qué ropas lleva,
cuál es su esperanza de vida, qué armas, plantas y
animales hay? Dinos. En cambio, lo que oímos son las homilías
más banales, indistinguibles de las que los supuestos ocupantes
de los OVNIs les dicen a los pobres humanos que afirman haber sido
abducidos por ellos.
Ocasionalmente, por cierto, recibo una carta de alguien que está
en contacto con un extraterrestre que me invita a "preguntar
lo que sea". Así que tengo una lista de preguntas. Los
extraterrestres están muy avanzados, recordemos. Por tanto
pregunto cosas como: "Por favor, denme una demostración
simple del Último Teorema de Fermat." O de la Conjetura
de Goldbach. Y luego tengo que explicar qué son estas cosas,
porque los extraterrestres no las llamarán Último
Teorema de Fermat, así que escribo la pequeña ecuación
con sus exponentes. Nunca recibo respuesta. Por otra parte, si le
pregunto algo como "¿Deberíamos ser buenos los
humanos?", siempre recibo respuesta. Pienso que se puede deducir
algo de esta habilidad diferenciada para contestar preguntas. Si
son cosas imprecisas y vagas, están encantados de responder,
pero si es algo específico, que dé ocasión
a descubrir si saben algo realmente, sólo hay silencio.
El científico francés Henri Poincarè hizo
una observación sobre por qué la credulidad está
tan extendida: "También sabemos lo cruel que es la verdad
a menudo, y nos preguntamos si el engaño no es más
consolador." Eso es lo que he intentado decir con mis ejemplos.
Pero no creo que ésa sea la única razón por
la que la credulidad está extendida. El escepticismo desafía
a instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo,
digamos a los estudiantes de instituto, el hábito de ser
escépticos, quizá no limiten su escepticismo a los
anuncios de aspirinas y a los canalizadores de 35.000 años.
Puede que empiecen a hacerse inoportunas preguntas sobre las instituciones
económicas, o sociales, o políticas o religiosas.
¿Luego dónde estaremos?
El escepticismo es peligroso. Ésa es precisamente su función,
en mi opinión. Es menester del escepticismo el ser peligroso.
Y es por eso que hay una gran renuencia a enseñarlo en las
escuelas. Es por eso que no encontramos un dominio general del escepticismo
en los medios. Por otra parte, ¿cómo evitaremos un
peligroso futuro si no poseemos las herramientas intelectuales elementales
para hacer preguntas agudas a aquellos que están nominalmente
al cargo, especialmente en una democracia?
Quiero decir algo más sobre la carga del escepticismo. Se
puede tomar un hábito de pensamiento en el que te diviertes
burlándote de toda la gente que no ve las cosas tan bien
como tú. Esto es un peligro social potencial, presente en
una organización como el CSICOP
(siglas en inglés de "Committee for the Scientific Investigation
of Claims of the Paranormal"). Tenemos que protegernos cuidadosamente
de esto.
Me parece que lo que se necesita es un equilibrio exquisito entre
dos necesidades conflictivas: el mayor escrutinio escéptico
de todas las hipótesis que se nos presentan, y al mismo tiempo
una actitud muy abierta a las nuevas ideas. Obviamente, estas dos
maneras de pensar están en cierta tensión. Pero si
sólo puedes ejercitar una de ellas, sea cual sea, tienes
un grave problema.
Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas
ideas. Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo cascarrabias
convencido de que la estupidez gobierna el mundo. (Existen, por
supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez en cuando, quizá
uno entre cien casos, una nueva idea resulta estar en lo cierto,
ser válida y maravillosa. Si tienes demasiado arraigado el
hábito de ser escéptico en todo, vas a pasarla por
alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarás en
la vía del entendimiento y del progreso.
Por otra parte, si eres receptivo hasta el punto de la mera credulidad
y no tienes una pizca de sentido del escepticismo, entonces no puedes
distinguir las ideas útiles de las inútiles. Si todas
las ideas tienen igual validez, estás perdido, porque entonces,
me parece, ninguna idea tiene validez alguna.
Algunas ideas son mejores que otras. El mecanismo para distinguirlas
es una herramienta esencial para tratar con el mundo y especialmente
para tratar con el futuro. Y es precisamente la mezcla de estas
dos maneras de pensar el motivo central del éxito de la ciencia.
Los científicos realmente buenos practican ambas. Por su
cuenta, cuando hablan consigo mismos, amontonan grandes cantidades
de nuevas ideas y las critican implacablemente. La mayoría
de ellas nunca llega al mundo exterior. Sólo las ideas que
pasan por rigurosos filtros salen y son criticadas por el resto
de la comunidad científica. A veces ocurre que las ideas
que son aceptadas por todo el mundo resultan ser erróneas,
o al menos parcialmente erróneas, o al menos son reemplazadas
por ideas de mayor generalidad. Y, aunque, por supuesto, existen
algunas pérdidas personales (vínculos emocionales
con la idea de que tú mismo has jugado un papel inventivo),
no obstante la ética colectiva es que, cada vez que una idea
así es derribada y reemplazada por algo mejor, la misión
de la ciencia ha salido beneficiada. En ciencia, ocurre a menudo
que los científicos dicen: "¿Sabes?, ése
es un gran argumento; yo estaba equivocado." Y luego cambian
su mentalidad y jamás se vuelve a escuchar de sus bocas esa
vieja opinión. Realmente hacen eso. No ocurre tan a menudo
como debiera, porque los científicos son humanos y el cambio
es a veces doloroso. Pero ocurre a diario. No soy capaz de recordar
la última vez que pasó algo así en la política
o en la religión. Es muy raro que un senador, por ejemplo,
responda: "Ése es un buen argumento. Voy a cambiar mi
afiliación política."
Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre las estimulantes
sesiones sobre la búsqueda de inteligencia extraterrestre
(SETI) y sobre el lenguaje animal en nuestra conferencia del CSICOP.
En la historia de la ciencia, existe un instructivo desfile de importantes
batallas intelectuales que resultan tratar todas ellas sobre lo
central que son los seres humanos. Podríamos llamarlas batallas
sobre la presunción anti-copernicana.
He aquí algunas de las cuestiones: |
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Somos el centro del Universo. Todos los planetas
y las estrellas y el Sol y la Luna giran alrededor de nosotros.
(Chico, debemos ser realmente especiales.) Ésa
era la creencia impuesta (Aristarco aparte) hasta la época
de Copérnico. Le gustaba a mucha gente porque les daba
una posición central personalmente injustificada en el
Universo. El mero hecho de estar en la Tierra te hacía
privilegiado. Eso te hacía sentir bien. Luego llegó
la prueba de que la Tierra era sólo un planeta y de que
esos puntos brillantes en movimiento eran también planetas.
Decepcionante. Incluso deprimente. Mejor cuando éramos
centrales y únicos. |
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Pero al menos nuestro Sol está en el
centro del Universo.
No, esas otras estrellas también son soles, y lo
que es más, nos encontramos en las afueras de la galaxia.
No estamos nada cerca del centro de la galaxia. Muy deprimente. |
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Bueno, al menos la Vía Láctea
está en el centro del Universo.
Luego un poco más de progreso científico. Descubrimos
que no existe eso del centro del Universo. Lo que es más,
hay cien mil millones de galaxias más. Ésta no
tiene nada de especial. Completamente deprimente. |
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Bueno, al menos nosotros, los humanos, somos
el pináculo de la creación. Somos aparte. Todas
esas criaturas, las plantas y los animales, son inferiores.
Nosotros somos superiores, no tenemos conexión con ellos.
Todo ser viviente ha sido creado separadamente.
Luego viene Darwin. Descubrimos una continuidad evolucionaria.
Estamos relacionados estrechamente con las otras bestias y vegetales.
Lo que es más, nuestros parientes biológicos más
cercanos son los chimpancés. Ésos son nuestros
parientes más cercanos (¿esos bichos?) Es una
vergüenza. ¿Has ido alguna vez al zoo y los has
visto? ¿Sabes lo que hacen? Imagina lo embarazosa que
era esta verdad en la Inglaterra victoriana, cuando Darwin tuvo
esta idea. |
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Hay otros ejemplos importantes
(sistemas de referencia privilegiados en física y la mente
inconsciente en psicología) que pasaré por alto.
Mantengo que en la tradición de este largo conjunto de debates
(cada uno de los cuales ha sido ganado por los copernicanos, por los
tipos que dicen que no hay nada especial en nosotros), hubo una nota
callada profundamente emocional en los debates de las dos sesiones
del CSICOP que he mencionado. La búsqueda de inteligencia extraterrestre
y el análisis de un posible lenguaje animal hieren a uno de
los sistemas de creencia pre-copernicanos que quedan: |
 |
Al menos somos las criaturas más inteligentes
de todo el Universo.
Si no existen más chicos listos en ninguna parte, aunque
estemos relacionados con los chimpancés, aunque estemos
en las afueras de un universo vasto y tremendo, al menos todavía
nos queda algo especial. Pero, en el momento que encontremos
inteligencia extraterrestre, se perderá el último
pedazo de presunción. Creo que parte de la resistencia
a la idea de la inteligencia extraterrestre es debida a la presunción
anti-copernicana. Asimismo, sin tomar ninguna postura en el
debate de si hay otros animales (los primates superiores, especialmente
los grandes monos) inteligentes o con un lenguaje, es claramente,
a nivel emocional, la misma cuestión. Si definimos a
los humanos como criaturas que tienen lenguaje y nadie más
tiene lenguaje, al menos somos únicos en ese aspecto.
Pero si resulta que todos esos sucios, repugnantes y graciosos
chimpancés pueden, con el Ameslan o de cualquier otra
manera, comunicar ideas, entonces ¿qué nos queda
de especial a nosotros? En los debates científicos existen,
a menudo inconscientemente, impulsoras predisposiciones emocionales
sobre estas cuestiones. Es importante darse cuenta de que los
debates científicos, al igual que los debates pseudocientíficos,
pueden llenarse de emociones por todas estas razones. |
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| Ahora echemos un vistazo más de cerca a la búsqueda
de inteligencia extraterrestre por radio. ¿En qué se
diferencia de la pseudociencia? Dejadme contar un par de casos reales.
A principios de los sesenta, los soviéticos ofrecieron una
rueda de prensa en Moscú en la que anunciaron que una fuente
distante de radio, llamada CTA-102, estaba variando sinusoidalmente,
como una onda seno, con un periodo de unos 100 días. ¿Por
qué convocaron una rueda de prensa para anunciar que una fuente
distante de radio estaba variando? Porque pensaban que era una civilización
extraterrestre de inmenso poder. Eso se merece convocar una rueda
de prensa. Esto es incluso anterior a la existencia de la palabra
cuásar. Hoy sabemos que CTA-102 es un cuásar. No sabemos
muy bien lo que es un cuásar: y existe más de una explicación
para ellos mutuamente exclusiva en la literatura científica.
No obstante, pocos consideran seriamente que un cuásar, como
CTA-102, sea una civilización galáctica extraterrestre,
porque hay un número de explicaciones alternativas de sus propiedades
que son más o menos consistentes con las leyes físicas
que conocemos sin evocar a la vida alienígena. La hipótesis
extraterrestre es una hipótesis de último recurso. Sólo
si falla todo lo demás se acude a ella.
Segundo ejemplo: en 1967, científicos británicos
encontraron una fuente de radio cercana que fluctuaba en un periodo
de tiempo mucho más corto, con un periodo constante de hasta
diez cifras significativas. ¿Qué era? Su primer pensamiento
fue que era algo como un mensaje que se nos estaba enviando, o un
faro de navegación interestelar para las naves espaciales
que volaban entre las estrellas. Incluso le dieron, entre los de
la Universidad de Cambridge, el pervertido nombre de LGM-1 (Little
Green Men, u Hombrecillos Verdes). Sin embargo (eran más
listos que los soviéticos), no convocaron una rueda de prensa,
y pronto se hizo claro que lo que tenían era lo que ahora
se llama un púlsar. De hecho fue el primer púlsar
de la Nebulosa Cangrejo. Bueno, ¿qué es un púlsar?
Un púlsar es una estrella comprimida hasta el tamaño
de una ciudad, soportada como no lo está ninguna otra estrella,
no por presión gaseosa, no por exclusión electrónica,
sino por las fuerzas nucleares. Es, en cierto sentido, un núcleo
atómico del tamaño de Pasadena. Sostengo que esa es
una idea al menos tan rara como la del faro de navegación
interestelar. La respuesta a lo que es un púlsar tiene que
ser algo muy extraño. No es una civilización extraterrestre,
es otra cosa: pero otra cosa que abre nuestros ojos y mentes e indica
posibilidades en la naturaleza que nunca habríamos adivinado.
Luego está la cuestión de los falsos positivos. Frank
Drake en su original experimento Ozma, Paul Horowitz en el programa
META (Megachannel Extraterrestrial Assay) patrocinado por la Sociedad
Planetaria, el grupo de la Universidad de Ohio y muchos otros grupos
han recibido señales que han hecho palpitar sus corazones.
Piensan por un momento que han captado una señal genuina.
En algunos casos no tenemos la menor idea de lo que fue; las señales
no se han repetido. La noche siguiente apuntas el mismo telescopio
al mismo punto en el cielo con la misma modulación y la misma
frecuencia, y lo pasa-bandas todo de la misma manera, y no oyes
nada. No publicas esos datos. Puede ser un mal funcionamiento del
sistema de detección. Puede ser un avión militar AWACS
revoloteando y emitiendo en canales de frecuencia supuestamente
reservados para la radioastronomía. Puede ser un aparato
de diatermia en la misma calle. Hay muchas posibilidades. No se
declara inmediatamente que has descubierto inteligencia extraterrestre
sólo porque has encontrado una señal anómala.
Y si se repitiese, ¿lo anunciarías? No. Puede ser
una broma. Puede ser algo que le pasa a tu sistema y que no eres
capaz de descifrar. En cambio, llamarías a los científicos
de un montón de radiotelescopios y les dirías que
en ese punto particular del cielo, a esa frecuencia, modulación,
y banda y todo eso, pareces captar algo curioso. ¿Por favor,
podrían mirar si captan algo parecido? Y sólo si obtienen
la misma información varios observadores independientes del
mismo punto del cielo piensas que tienes algo. Aun entonces sigues
sin saber que ese algo es inteligencia extraterrestre, pero al menos
has podido determinar que no es algo de la Tierra. (Y también
que no es algo en órbita terrestre; está más
lejos que eso.) Éste es el primer plan de acción que
se requiere para asegurarse de que realmente tienes una señal
de una civilización extraterrestre.
Fíjate que hay una cierta disciplina implicada. El escepticismo
impone una carga. No puedes salir y gritar pequeños hombrecillos
verdes, porque vas a parecer muy tonto, como les pasó a los
soviéticos con el CTA-102, que resultó ser algo muy
distinto. Es necesaria una cautela especial cuanto las implicaciones
son de tanta importancia como aquí. No estamos obligados
a decidirnos por algo en cuanto tenemos unos datos. No pasa nada
por no estar seguros.
Me suelen preguntar: "¿Crees que existe inteligencia
extraterrestre?" Y yo respondo con los argumentos habituales.
Hay un montón de lugares allá afuera, miles de millones.
Luego digo que me sorprendería mucho que no existiese inteligencia
extraterrestre, pero que por supuesto no tenemos pruebas concluyentes
de ello. Y luego me preguntan: "Bien, pero ¿qué
es lo que crees realmente?" Y respondo: "Ya te he dicho
lo que creo." "Sí, pero ¿qué te dicen
tus entrañas?" Pero yo no intento pensar con mis entrañas.
En serio, es mejor reservarse la opinión hasta que tengamos
pruebas.
Después de que se publicase mi artículo "El
Arte de la Detección de Camelos" en Parade (1 feb. 1987),
recibió, como puedes imaginar, un montón de cartas.
Parade es leído por 65 millones de personas. En el artículo
di una larga lista de cosas que eran presuntos o demostrados camelos
(treinta o cuarenta). Los defensores de todas esas cosas resultaron
uniformemente ofendidos, por lo que recibí montones de cartas.
También ofrecí un conjunto de instrucciones muy elementales
acerca de cómo tratar a los camelos (los argumentos de una
autoridad no valen, todos los pasos de una cadena de evidencias
tienen que ser válidos, etcétera). Mucha gente contestó
diciendo: "Tiene usted toda la razón en las generalidades;
desafortunadamente, eso no es aplicable a mi doctrina particular."
Por ejemplo, uno de ellos decía que la idea de que existe
inteligencia extraterrestre fuera de la Tierra es un ejemplo de
excelente camelo. Concluía: "Estoy tan seguro de esto
como de cualquier otra cosa en mi experiencia. No hay vida consciente
en otro lugar del Universo. El Hombre vuelve así a su legítima
posición en el centro del Universo."
Otro remitente también estaba de acuerdo con todas mis generalidades,
pero decía que, como escéptico empedernido, yo había
cerrado mi mente a la verdad. Más notablemente, he ignorado
la evidencia de que la Tierra tiene seis mil años de antigüedad.
Bueno, no la he ignorado; he considerado la supuesta evidencia y
luego la he rechazado. Existe una diferencia, y ésta es una
diferencia, podríamos decir, entre prejuicio y postjuicio.
Prejuicio es hacer un juicio antes de considerar los hechos. Postjuicio
es hacer un juicio después de considerarlos. El prejuicio
es terrible, en el sentido de que se cometen injusticias y graves
errores. El postjuicio no es terrible. Por supuesto, no puedes ser
perfecto; también puedes cometer errores. Pero es permisible
hacer un juicio después de haber examinado la evidencia.
En algunos círculos incluso se fomenta.
Creo que parte de lo que impulsa a la ciencia es la sed de maravilla.
Es una emoción muy poderosa. Todos los niños la sienten.
En una clase de parvulario, todos la sienten; en una clase de bachillerato
casi nadie la siente, o siquiera la reconoce. Algo pasa entre el
parvulario y el bachillerato, y no es sólo la pubertad. No
sólo los colegios y los medios no enseñan mucho escepticismo,
tampoco se fomenta mucho este emocionante sentido de lo maravilloso.
Ambas ciencia y pseudociencia despiertan ese sentimiento. Una pobre
popularización de la ciencia establece un nicho ecológico
para la pseudociencia.
Si la ciencia se explicase a la gente de a pie de una manera accesible
y excitante, no habría sitio para la pseudociencia. Pero
existe una especie de Ley de Gresham por la que, en la cultura popular,
la mala ciencia expulsa a la buena. Y por esto pienso que tenemos
que culpar, primero, la comunidad científica por no hacer
un mejor trabajo popularizando la ciencia, y segundo, a los medios,
que a este respecto son casi por completo inútiles. Todo
periódico americano tiene una columna diaria de astrología.
¿Cuántos tienen siquiera una columna semanal de astronomía?
Y también pienso que es culpa del sistema educativo. No enseñamos
a pensar. Esto es un error muy serio que podría incluso,
en un mundo infestado con 60.000 armas nucleares, comprometer el
futuro de la humanidad.
Sostengo que hay mucha más maravilla en la ciencia que en
la pseudociencia. Y además, en la medida que esto tenga algún
significado, la ciencia tiene como virtud adicional (y no es una
despreciable) su veracidad.
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- Todos los derechos reservados. |
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Sobre
el autor |
El
Dr. Carl Sagan, desde su inicio, ocupó un papel
principal en el programa Americano del espacio. Fue consultor
y consejero de la NASA desde principios de 1950; habló
con los astronautas de Apollo antes de su viaje a la Luna;
y fue un experimentador en las misiones de exploración
Mariner, Viking, Voyager y Galileo. Ayudó a resolver
los misterios de las temperaturas elevadas en Venus (un efecto
de invernadero masivo), los cambios de estaciones en Marte
(tormentas de polvo) y el color rojizo de la neblina en Titán
(moléculas orgánicas complejas).
Debido a su extraordinario trabajo, el Dr. Sagan recibió
la medalla de la NASA por su Logro Científico Excepcional,
dos veces la medalla de la NASA por un Distinguido Servicio
al Público y también recibió el Reconocimiento
de la NASA por Logros en el programa Apollo.
El "Asteroide 2709 Sagan" fue nombrado en su
honor. También recibió: el Reconocimiento
de Astronáutica de John F. Kennedy de la Sociedad
Astronáutica Americana,
el 75.a Reconocimiento de aniversario del Club de Exploradores,
la medalla Konstantin Tsiolokovsky de la Federación
Soviética de Cosmonáutica, y el Reconocimiento
Masursky de la Sociedad Astronómica Americana:
"…por sus contribuciones extraordinarias
en el desarrollo de la ciencia planetaria… Como científico
entrenado tanto en astronomía como en biología,
el Dr. Sagan hizo contribuciones fundamentales en el estudio
de atmósferas planetarias, superficies planetarias,
la historia de la Tierra, y la exobiología. Muchos
de los científicos planetarios más productivos
trabajando hoy son sus estudiantes, ex-estudiantes y/o asociados."
En 1994 recibió la medalla de Bienestar Público,
el reconocimiento más alto de la Academia Nacional
de Ciencias para "contribuciones distinguidas en
la aplicación de la ciencia para el bienestar público".
El Reconocimiento dice:
"Carl Sagan ha sido enormemente exitoso en comunicar
la importancia y las maravillas de la ciencia. Su habilidad
de capturar la imaginación de millones y de explicar
conceptos complicados en términos accesibles al público
es un logro magnífico."
El Dr. Sagan fue presidente de la División de Ciencias
Planetarias de la Sociedad Astronómica Americana,
presidente de la Sección de Planetología de
la Unión Geofísica Americana, y presidente
de la Sección Astronómica de la Asociación
Americana para el Adelanto de la Ciencia.
Durante 12 años fue el editor en cargo de Icarus,
el diario profesional principal dedicado a la investigación
planetaria. Fue co-fundador y el primer presidente de La
Sociedad Planetaria y un Distinguido Científico Visitante
del Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology.
Ganador del Premio Pulitzer, el Dr. Sagan es autor de muchos
libros bestsellers, incluyendo Cosmos, el cual se volvió
el libro best-selling jamás publicado en Inglés.
La serie de televisión award-winning (ganadora de
premios) "Emmy and Peabody" ha sido vista por
500 millones de personas y 60 países. El Dr. Sagan
recibió 20 Titulos Honorarios de universidades americanas
por sus contribuciones al espacio, literatura, educación,
y a la conservación del medio ambiente.
Antes de morir el 20 de Diciembre de 1996, fue el profesor
David Duncan de Astronomía y Ciencias Espaciales;
y director del Laboratorio de Estudios Planetarios en la
Universidad de Cornell. Su libro The Demon-Haunted World:
Science as a Candle in the Dark fue liberado por Random
House en Marzo de 1996. Una colección de obras llamada
Billions and Billions fue publicada postmortem. Es co-productor
y co-escritor de la aclamada película Contact de
Warner Brothers, película basada en su novela. |
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| Cortesía
de The
Planetary Society. |
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| Mendoza, Argentina, 07 de Enero de 2004. |
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