La biosfera suboceánica
Alberto González Fairén |
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En un artículo
publicado en julio
de 2006, describíamos en estas páginas
las características generales de los
ecosistemas que ocupan los sedimentos bajo el
fondo del océano. Es momento de revisar
los avances producidos durante estos últimos
años. |
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n el año
2005, se pensaba que los sedimentos suboceánicos podían
contener dos tercios del total de la masa procariótica de la
Tierra. Esta estimación se basaba en datos obtenidos aproximadamente
a 500 metros de profundidad y extrapolados hasta profundidades de
4 kilómetros. En realidad, hasta 2008, la máxima profundidad
documentada para la existencia de procariotas era de solamente 842
metros, en sedimentos de 3,5 millones de años y a una temperatura
de unos 55ºC. Ese año, el grupo de Erwan Roussel, de la
Universidad de Bretaña Occidental, descubrió células
procarióticas en sedimentos recogidos bajo el fondo del Océano
Atlántico Norte, frente a la costa de Canadá (Figuras
1 y 2). Los sedimentos eran muy profundos (1626 metros bajo el lecho
marino), muy viejos (de 46 a 111 millones de años) y muy cálidos
(de 60 a 100ºC). Junto a las células, aparecieron secuencias
de ADN relacionadas con Arqueas termófilas e hipertermófilas
de los géneros Pyrococcus y Thermococcus, y con Arqueas anaeróbicas
oxidadoras del metano. |
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Figura
1: Puntos de muestreo del
Proyecto de Perforación Oceánica.
El grupo de Roussel tomó datos en Leg210.
(H. Delius)  |
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Figura
2: Célula viva recogida
a 1,6 km bajo el fondo marino.
(E. Roussel)  |
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Ese mismo año 2008, Julius Lipp y sus colaboradores
de la Universidad de Bremen establecieron que las Arqueas constituyen
la mayor parte de la biomasa suboceánica. Estudiaron lípidos
de membrana polares intactos, que son biomarcadores que indican sin
ambigüedad la presencia de células vivas. Al menos el
87% de los lípidos recuperados en sedimentos de más
de 1 metro de profundidad, recogidos en una amplia muestra de localizaciones
oceánicas, eran atribuibles a membranas de Arqueas.
Un poco antes, en 2006, un equipo liderado por Jennifer Biddle, de
la Universidad de Pennsylvania, había estudiado los sedimentos
suboceánicos en el Océano Pacífico Sur, frente
a la costa de Perú. Analizaron las comunidades microbianas
y los procesos biogeoquímicos asociados, descubriendo un gran
número de células procariotas en sedimentos donde el
metano es consumido anaeróbicamente a expensas del sulfato.
También detectaron ARN ribosómico de dos grupos de Arqueas
no identificadas, pero no aparecieron Arqueas metanotróficas
conocidas (Figura 3). El estudio de lípidos de membrana de
las Arqueas detectadas, así como de células intactas,
indicó que asimilan compuestos orgánicos sedimentarios
diferentes al metano, aunque la metanotrofía es responsable
de la mayor parte del ciclo del carbono en este tipo de ecosistemas.
Posiblemente emplean derivados de materia orgánica fósil
como fuentes de carbono, especialmente pequeñas moléculas
del tipo del acetato o el formato. La energía de mantenimiento
de estas comunidades es órdenes de magnitud inferior que los
valores mínimos estimados a partir de estudios de laboratorio,
y su tasa media de duplicación es de cerca de 200 a 2000 años,
con un mínimo de 70 y un máximo de 2150 años.
Las Arqueas habitan en la zona de transición entre sedimentos
dominados por metano y otros dominados por sulfato. En áreas
alejadas de la zona de transición, la tasa de duplicación
es aún menor, porque las Arqueas usan la energía de
la ruptura de las moléculas de metano, que no está disponible
en otras zonas del sedimento. |
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| También en 2008 se identificó la acción
de los virus como un componente clave en el ciclo del carbono en los
sedimentos suboceánicos. Los virus son los organismos biológicos
más abundantes en los océanos de la Tierra. El grupo
de Roberto Danovaro, de la Universidad Politécnica de Marche,
estableció que los virus líticos (los que causan la
ruptura de la célula que infectan, ver Figura 4) son responsables
de la muerte de cerca del 80% de los organismos unicelulares que habitan
en las capas profundas del océano, y los restos de tales organismos
pasan a formar parte de los sedimentos oceánicos y suboceánicos.
Como consecuencia, la actividad vírica libera enormes cantidades
de carbono disuelto al fondo de los océanos, cuantificada en
más de 630 millones de toneladas al año. En este sentido,
los virus establecen una forma de control poblacional que puede haber
estado activa desde el origen de la vida en la Tierra, ya que eliminan
microorganismos y estimulan su crecimiento al mismo tiempo, en un
proceso automantenido. |
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| San Francisco (California), EEUU, 05 de Mayo de
2010. |
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