Un Cosmos rico en compuestos carbonosos
Alberto González Fairén |
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Los hidrocarburos
policíclicos aromáticos (HPAs) son un tipo
de compuestos carbonosos que juegan un papel relativamente
importante en la química de la vida sobre la Tierra.
Es de hace tiempo conocido que estos compuestos orgánicos
son asimismo extraordinariamente abundantes en el Universo.
Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que los
HPAs que siembran todos los rincones de nuestra Galaxia
contienen nitrógeno, un elemento esencial en las
moléculas orgánicas. Además, los HPAs
eran ya muy abundantes cuando el Universo tenía apenas
un cuarto de su edad actual. |
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os Hidrocarburos
Policíclicos Aromáticos, o HPAs, son moléculas
hexagonales y planas, compuestas por carbono e hidrógeno (Figura
1). Constituyen uno de los compuestos poliatómicos más
voluminosos y más abundantes entre las estrellas, identificados
por la banda de emisión interestelar a 6,2 .
Son extremadamente estables, y pueden permanecer inalterados durante
largos periodos de tiempo en el espacio interestelar.
La existencia de HPAs en el Cosmos fue descubierta por un equipo del
centro de investigación Ames, de la NASA, liderado por Louis
Allamandola, hace algunos años. Mediante la combinación
de simulaciones informáticas y experimentos de laboratorio,
determinaron la ubicuidad galáctica de HPAs de cadena larga
(más de 30 átomos de carbono). La presencia de HPAs
fue reconocida como un descubrimiento importante por los astrónomos,
pero no así por los biólogos, ya que los HPAs tienen
una importancia relativa en la constitución de las moléculas
orgánicas. Sin embargo, el equipo de Allamandola detectó
en 2005 la huella infrarroja de un tipo especial de HPAs, mediante
el telescopio espacial Spitzer. Este tipo de HPAs contienen nitrógeno
en sus estructuras, lo que cambia la perspectiva sobre su importancia
biológica. La mayoría de las moléculas orgánicas
que forman la química de la vida sobre la Tierra contienen
nitrógeno; tal es el caso del ADN o el ARN. Y moléculas
tan importantes como la clorofila son esencialmente heterociclos nitrogenados
de HPAs, denominados HNPAs, en los que al menos un átomo de
carbono ha sido reemplazado por uno de nitrógeno en el esqueleto
hexagonal de un HPA. En realidad, el descubrimiento constituye el
primer hallazgo de compuestos biogénicos complejos e importantes
desde un punto de vista prebiótico en el espacio interestelar.
Además, ofrece una explicación coherente sobre la distribución
en el Universo de una parte relevante del nitrógeno, el cuarto
elemento más abundante en el Cosmos después del hidrógeno,
el oxígeno y el carbono. |
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| También el año pasado, investigadores
del CalTech, en California, detectaron la presencia de HPAs y granos
de silicatos en galaxias muy lejanas, de tal modo que su presencia
está confirmada cuando el Universo tenía tan sólo
3.000 o 4.000 millones de años. A la inversa, ha sido la primera
vez que se ha podido medir con precisión una distancia superior
a los 10.000 millones de años luz, utilizando la huella espectral
de los HPAs. La presencia de silicatos y HPAs en galaxias tan antiguas
confirma que, a los pocos miles de millones de años de su formación,
varias generaciones de estrellas se habían sucedido. Por lo
tanto, la formación de los planetas y la síntesis biológica
(o, al menos, la química prebiótica) pudieron tener
una oportunidad muy poco tiempo después del origen del Universo.
La investigación la dirigió Lin Yan, utilizando también
el telescopio espacial Spitzer, que tiene una sensibilidad 100 veces
mayor que la de los observatorios empleados anteriormente (el Satélite
Astronómico de Infrarrojos y el Observatorio Espacial de Infrarrojos).
El equipo de Yan determinó que los HPAs eran muy abundantes
en las zonas de formación estelar activa (Figura 2) al principio
de la historia del Universo. |
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| La distribución de HPAs y HNPAs en la Vía
Láctea y en otras galaxias relativamente lejanas muestra una
sobreabundancia de estos compuestos en torno a estrellas que se encuentran
en las últimas fases de su existencia. Probablemente son eyectados
por el viento estelar en los últimos momentos de la vida de
las estrellas, y parecen los responsables de una misteriosa emisión
infrarroja que los astrónomos no habían podido identificar,
y que baña las galaxias (Figura 3). Después, se incorporan
a las nubes de polvo interestelar que darán origen a nuevas
estrellas y, quizá, planetas. Los planetas en formación
sufren los impactos de meteoritos y cometas que pueden contener moléculas
orgánicas intactas. De hecho, en los meteoritos y en las partículas
de polvo interestelar que aún hoy siguen cayendo sobre la Tierra
(más de cien toneladas al año), hay una cantidad importante
de material carbonoso, parte de él en forma de HPAs y HNPAs.
Tal vez haya sido éste el camino inicial de la vida sobre la
Tierra. |
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| San Francisco (California), EEUU, 12 de Diciembre
de 2006. |
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