La diversidad de la fotosíntesis
Alberto González Fairén |
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El esquema
básico por el que la fotosíntesis ha sido
explicada durante mucho tiempo empieza a cambiar, ya que
el descubrimiento y análisis de nuevos tipos bacterianos
ofrece perspectivas inesperadas. |
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a fotosíntesis
es el proceso por el que las plantas, las algas y las cianobacterias
convierten la energía luminosa del Sol en energía química
en forma de azúcares, absorbiendo CO2 y desprendiendo
O2. Lo consiguen mediante las moléculas de clorofila,
que en las plantas absorben la luz azul y roja, reflejando la verde,
lo que le da su color característico a la clorofila. La energía
de la luz rompe las moléculas de agua, liberando el oxígeno
y generando electrones que son empleados en fijar el dióxido
de carbono de la atmósfera para fabricar moléculas energéticas,
como la glucosa (figura 1). La fotosíntesis es uno de los mecanismos
de producción primaria más importantes que existen en
la biosfera. Además, juega un papel esencial en la regulación
del clima de la Tierra, ya que determina el reciclaje de muchos elementos
atmosféricos. |
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| Un estudio liderado por Shaun Bailey, de Carnegie,
sugiere que algunos microorganismos marinos realizan fotosíntesis
sin desprender O2 ni absorber CO2. Se trata
de un tipo de cianobacterias del género Synechococcus (figura
2), que domina las poblaciones de fitoplancton en los océanos,
y son esenciales en la producción primaria. Las cianobacterias
son las responsables del incremento de la concentración de
O2 en la atmósfera de la Tierra hace más
de 2.000 millones de años, que cambió dramáticamente
la historia de la evolución de la vida. Synechococcus es capaz
de vivir en las áreas muy pobres en hierro que caracterizan
a grandes extensiones oceánicas, casi la mitad del área
de los océanos, a pesar de que el hierro es un componente esencial
del aparato fotosintético. La fotosíntesis en general
requiere del concurso de altos niveles de hierro. Esto es debido a
que utiliza el O2 como aceptor de electrones del aparato
fotosintético, en lugar de CO2, lo que le impide
desprender oxígeno. Al mismo tiempo, como no dispone de hierro
en su entorno, prescinde de las etapas de la fotosíntesis que
lo requieren, que son precisamente las etapas en las que el CO2
es absorbido de la atmósfera. Además, una gran parte
de los electrones producidos no se usan para fijar el CO2,
sino para reconstruir moléculas de H2O, con el resultado
de que la producción de O2 es mínima. Finalmente,
este ciclo permite a Synechococcus proteger su aparato fotosintético
del daño producido por la absorción de luz. En consecuencia,
los organismos fotosintéticos que dominan la biomasa de vastas
extensiones oceánicas pobres en nutrientes secuestran mucho
menos dióxido de carbono de la atmósfera y desprenden
mucho menos oxígeno de lo que se había asumido, lo que
resulta crítico en la elaboración de modelos climáticos. |
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| En otro avance significativo en la comprensión
de la fotosíntesis, el grupo de Don Bryant, de Penn State,
publicó en julio de 2007 el descubrimiento de un nuevo tipo
bacteriano capaz de transformar la luz en energía química.
Lo novedoso del descubrimiento radica en que la bacteria se aisló
en las fuentes hidrotermales del Parque de Yellowstone (figura 3),
en Estados Unidos. En Yellowstone habita la mayor diversidad conocida
de bacterias termófilas de la Tierra, y por esta razón
ha sido explorado en profundidad por microbiólogos desde los
años 60 del pasado siglo, ya que muchos de estos microorganismos
tienen importantes aplicaciones biotecnológicas y médicas.
Sirva como ejemplo Thermus aquaticus, bacteria de la que se
extrae su polimerasa, para conseguir un gran número de copias
de un fragmento de ADN mediante la reacción en cadena de la
polimerasa (PCR), una técnica imprescindible en biología
molecular. |
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La nueva bacteria ha recibido el nombre de Candidatus
Chloracidobacterium thermophilum, y pertenece al filo Acidobacteria.
El descubrimiento se realizó recogiendo grandes cantidades
de agua de las fuentes hidrotermales, aislando las bacterias y secuenciándolas
a gran escala. Las secuencias de ADN revelaron qué tipos de
genes y organismos estaban presentes en las muestras. C. thermophilum
crece cerca de la superficie de los tapetes microbianos junto a las
cianobacterias, en lugares donde hay luz y oxígeno, a temperaturas
entre 50 y 66 grados centígrados. Ha sido aislada en tres fuentes
hidrotermales de Yellowstone. Lo que la convierte en un ejemplar único
es que posee clorosomas, una estructura especial que usan las bacterias
para recoger la energía de la luz solar, que contienen unas
250.000 moléculas de clorofila cada una. No se conocía
previamente ningún microorganismo aeróbico con clorosomas,
y C. thermophilum fabrica dos tipos diferentes de clorofila
capaces de competir por la luz con las cianobacterias.
El descubrimiento es de gran importancia ya que los miembros de Acidobacteria
son muy difíciles de crecer en cultivos bacterianos (figura
4), lo que hace que su ecología y fisiología sean poco
conocidas. La mayoría de Acidobacteria se ha aislado en suelos
pobres en nutrientes o contaminados, con pH inferior a 3. Sin embargo,
los entornos acuosos de Yellowstone son básicamente alcalinos,
con un pH medio de 8.5. |
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| San Francisco (California), EEUU, 22 de Marzo de
2008. |
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