Impactos cometarios y evolución
Alberto González Fairén |
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El papel
que cometas y asteroides han representado como promotores
de la evolución de la vida sobre la Tierra ha sido
determinante. El origen de las grandes extinciones de la
historia de la vida ha sido muy discutido, pero en todos
los casos podría tratarse de impactos de cuerpos
celestes. De hecho, ya es posible determinar el origen de
algunos de los meteoritos que han causado tales crisis.
El papel de Júpiter como escudo protector frente
a los impactores también ha sido reevaluado recientemente. |
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a evolución
biológica está sometida a profundas crisis, cinco de
las cuales han sido especialmente devastadoras: las que marcan el
final del Ordovícico, Devónico, Pérmico, Triásico
y Cretácico (Figura 1). Después de la colisión
de un cometa o un meteorito se producen gigantescos incendios, y la
atmósfera queda saturada de polvo y gas, que bloquean la luz
del Sol durante semanas o meses; entonces, la Tierra se enfría
dramáticamente, con lo que los glaciares alcanzan latitudes
medias y el nivel del mar desciende de forma acusada. En los últimos
años, una ingente cantidad de datos ha servido para verificar
la presencia de grandes impactos contra la Tierra en el origen de
algunas de las más importantes extinciones en masa de la historia
de la vida. |
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Una gran extinción masiva (en realidad, la segunda
más profunda de la historia de la vida fanerozoica) marca el
final del periodo Ordovícico, una época de profunda
diversificación de las comunidades marinas. El final del Devónico
conoció la desaparición de cerca del 70% de todas las
especies de la Tierra. El registro estratigráfico revela una
secuencia de hasta 18 cambios notables en el nivel del mar en unos
pocos millones de años, que afectarían definitivamente
a la diversidad biológica. Es posible que en el origen de estos
fenómenos se encuentre un gran impacto en el lago Taihu, lo
que hoy es el sur de China. También en el límite estratigráfico
entre el Pérmico y el Triásico, momento que registró
la extinción de cerca del 85% de todos los organismos pluricelulares
de la Tierra, ha aparecido una concentración inusual de fullerenos,
moléculas orgánicas complejas de más de 60 átomos
de carbono que esconden en su interior gases nobles, y que indican
el impacto de un cuerpo de grandes proporciones contra el planeta.
Sin embargo, los impactos cometarios o meteoríticos, que ocasionan
grandes perturbaciones sobre la continuidad dinástica de algunos
grupos de seres vivos, pueden ser un fuerte promotor evolutivo para
otros: un gran impacto pudo estar implicado en el origen de la rápida
expansión de algunos dinosaurios y de los helechos arborescentes
al final del Triásico, hace 200 millones de años. La
caída de un asteroide de unos 15 km de diámetro en el
Golfo de México al final del Cretácico provocó
una nueva extinción masiva, que acabó con el 70% de
las especies que habitaban entonces la Tierra, incluidos los dinosaurios.
El origen del impacto del final del Cretácico ha sido determinado
recientemente. El grupo de William Bottke, del Southwest Research
Institute de Colorado, ha descubierto que la ruptura catastrófica
del cuerpo parental de la familia de asteroides Baptistina formó
una nube de fragmentos hace unos 160 millones de años. El asteroide
inicial era una condrita carbonácea de 170 kilómetros
de diámetro, orbitando en el interior del cinturón de
asteroides. Los fragmentos generados se desplazaron hasta órbitas
de colisión con los mundos interiores. De hecho, la tasa de
impactos sobre la Tierra (medida en cratones estables de Europa, Norteamérica
y Australia) y la Luna parece relativamente constante durante los
últimos 3.000 millones de años, aunque los impactos
de objetos de tamaño kilométrico se han incrementado
en un factor 2 durante los últimos 100 millones de años
(Figura 2). Esta lluvia de asteroides es la fuente más probable
del impacto de Chicxulub en el Golfo de México. De igual forma,
el origen de las familias de asteroides Vesta y Flora puede estar
en procesos similares, sucedidos hace de 200 a 500 millones de años. |
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Por otro lado, tanto la ciencia popular
como la académica han avalado siempre la idea de que Júpiter
ha actuado como un escudo celestial, reduciendo la tasa de impactos
sobre la Tierra y los demás planetas del Sistema Solar interior,
permitiendo que nuestro mundo sea un lugar significativamente más
seguro para la evolución y la supervivencia de la vida. Pero
esta vieja idea no ha sido demostrada de forma convincente. De hecho,
el equipo de Jonathan Horner, de Open University, ha examinado la
variación en la tasa de impacto sobre la Tierra de los Centauros,
la población parental de la familia de cometas de Júpiter,
cometas que se cree que tienen su origen en el cinturón de
Edgeworth-Kuiper, una vasta población de cuerpos helados
orbitando más allá de Neptuno. Algunos centauros famosos
son el cometa Wild 2, que analizó la sonda Stardust en enero
de 2004 (Figura 3), o el cometa Shoemaker-Levy, que colisionó
con Júpiter deshaciéndose en fragmentos en julio de
1994 (Figura 4). Los centauros están controlados gravitatoriamente
por el gigante gaseoso y tienen un periodo orbital de menos de 20
años. Todos los estudios previos sobre el efecto de Júpiter
en la tasa de bombardeo sobre la Tierra se habían realizado
sobre cometas de periodo orbital mucho más largo. |
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Figura 3:
Estructura del cometa Wild
2. (NASA/JPL)  |
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Figura 4:
Imagen del telescopio espacial
Hubble que muestra la cadena de 21 fragmentos en que se
descompuso el cometa Shoemaker-Levy el 17 de mayo de 1994,
antes de impactar con Júpiter. (H.A. Weaver, T. E.
Smith, Space Telescope Science Institute, NASA)  |
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| El estudio se efectuó desarrollando un modelo
informático que simulaba las órbitas de 100.000 centauros
durante 10 millones de años, en cinco escenarios diferentes:
uno con un planeta de la masa de Júpiter, el siguiente con
un mundo de masa 75% la de Júpiter, otro con un planeta la
mitad de masivo, otro con un cuarto de la masa de Júpiter,
y finalmente otro sin el planeta. Los resultados demostraron que la
presencia o ausencia de un cuerpo de la masa de Júpiter no
reduce significativamente la tasa de impacto de los Centauros sobre
los mundos interiores. Sin embargo, en los casos intermedios, ante
la presencia de cuerpos de la masa de Saturno, la tasa de impacto
se incrementaba notablemente. Esto es debido a que una masa como la
de Saturno es lo suficientemente determinante como para ser capaz
de inyectar cometas hacia el interior del sistema planetario, pero
no lo bastante como para eyectarlos fuera del Sistema Solar. Como
consecuencia, el número de objetos en órbita aumenta,
y también lo hace el número de impactos. Una masa como
la de Júpiter sí es capaz de eyectar cometas al exterior
del sistema. El grupo de Horner está analizando ahora el efecto
de los planetas gigantes sobre las órbitas de los cometas de
largo periodo y los asteroides. |
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| San Francisco (California), EEUU, 06 de Octubre
de 2007. |
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