El papel de las infecciones en la evolución
de los metazoos
Alberto González Fairén |
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El genetista
John Burdon Sanderson Haldane formuló en 1949 una
de las proposiciones básicas de la Teoría
de la Evolución: la prevalencia de determinadas enfermedades
genéticas se explica porque la mutación que
las provoca también hace al individuo más
resistente o más apto frente a otras enfermedades.
La hipótesis de Haldane no ha podido ser validada
en laboratorio sino hasta este verano, por un grupo de investigadores
españoles. |
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n problema
común en la teoría evolutiva es el hecho de que la evolución
de los organismos sucede en tiempos geológicos, en una escala
temporal absolutamente fuera de control en el laboratorio. Por esta
razón, algunas hipótesis muy importantes para explicar
la evolución de los metazoos están basadas en correlaciones,
y no en datos experimentales que permitan validar la robustez de tales
hipótesis. Un experimento que recreara las condiciones bajo
las cuales evolucionan las especies en estado natural exigiría
millones de años. Por ejemplo, todos los datos existentes indican
que las aves han evolucionado a partir de los reptiles. Sin embargo,
no es posible reproducir esa evolución en un laboratorio. Únicamente
ha sido posible probar la teoría evolutiva en sistemas sencillos,
como virus y bacterias, ya que pueden cambiar rápidamente y
se organizan en poblaciones extremadamente numerosas, que pueden ser
analizadas con facilidad experimentalmente.
Un ejemplo clásico de la hipótesis de Haldane es la
anemia falciforme, una enfermedad endémica de origen genético,
que hace que los glóbulos rojos adquieran la forma de una media
luna, con lo que el parásito causante de la malaria no puede
alojarse en el interior de los hematíes (Figura 1). La anemia
falciforme, como es de esperar, tiene su mayor incidencia en zonas
con una gran prevalencia de malaria. Se supone que el mismo defecto
genético que protege a los individuos de raza negra frente
a la malaria, también propicia una mayor presencia de esa anemia,
que en otros lugares prácticamente es desconocida. Así
pues, tener un alelo determinado hace que algunos individuos padezcan
esa rara enfermedad; pero permite que la población sea más
resistente frente a la malaria. De nuevo, la evidencia está
basada en análisis estadísticos de poblaciones humanas
evolucionadas después del contacto con el agente infeccioso,
pero aún falta una evidencia formal y experimental de la hipótesis
de Haldane. |
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| Lo dicho para los seres humanos sería aplicable
a otros organismos complejos. Un grupo de investigadores españoles,
liderado por Alfonso Navas, del Museo de Ciencias Naturales, ha diseñado
una metodología experimental para analizar la hipótesis
de Haldane, esto es, el papel de las infecciones como una fuerza poderosa
en la evolución de los metazoos. Navas y sus colaboradores
han empleado modelos animales con tiempos de reproducción cortos,
poblaciones numerosas y que son fácilmente manipulables en
laboratorio: el nematodo Caenorhabditis elegans (Figura 2),
infectado con la bacteria oportunista patógena Pseudomonas
aeruginosa (Figura 3) que actúa como fuerza selectiva.
P. aeruginosa provoca la muerte del nematodo, aunque la infección
bacteriana selecciona una línea de nematodos mutados resistentes
a la infección. Estos individuos tienen más posibilidades
de sobrevivir a la enfermedad y, por tanto, transmiten la mutación.
Además, los individuos adquirieron nuevas capacidades para
ser capaces de consumir nuevos tipos de alimento; es decir, adquirieron
ventajas competitivas frente a otros ejemplares en términos
de fisiología y comportamiento, lo que demuestra la hipótesis
de Haldane (Figura 4). Es el primer experimento que se lleva a cabo
con organismos complejos para validar la hipótesis, y constituye
un respaldo experimental a la Teoría de la Evolución. |
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Figura 2:
Ejemplar adulto de C. elegans.
(Zeynep F. Altun)  |
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| San Francisco (California), EEUU, 06 de Setiembre
de 2007. |
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