Estrategias para la búsqueda de una
segunda génesis en Marte
Alberto González Fairén |
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Si ha existido
vida en Marte alguna vez, una cuestión que parece
clave es determinar si tiene alguna relación con
la vida en la Tierra. Para determinar si la vida marciana
representa o no una segunda génesis biológica
en el Sistema Solar, se requiere el análisis de organismos,
no de fósiles. Dos localizaciones presentan características
excepcionales para llevar a cabo la búsqueda: por
un lado, las zonas de permafrost más antiguo, que
pueden esconder organismos de los primeros tiempos de Marte,
muertos pero bien preservados; por otro lado, el hielo más
moderno, donde podrían medrar aún hoy organismos
vivos. |
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a búsqueda
de vida en Marte está dirigida a la detección de fósiles.
Pero los fósiles, caso de que se encontraran, sólo informarían
de la presencia o no de la vida en Marte alguna vez, sin ofrecer datos
acerca de la naturaleza de esos seres vivos en comparación
con la vida de la Tierra. Aunque el descubrimiento de fósiles
en Marte sería de indudable interés científico,
determinar su posible relación filogenética con la vida
en la Tierra tendría consecuencias científicas y filosóficas
mucho más profundas: ¿ha podido la vida surgir de forma
independiente en los dos planetas o, si se encuentra en Marte, sería
el resultado de contaminación cruzada por intercambio de meteoritos?
Para determinar las características de alguna hipotética
forma de vida marciana, se precisa el examen de organismos que permanezcan
bioquímicamente intactos, estén o no vivos, de forma
que se encuentren disponibles para realizar análisis genéticos.
Tal vez, el mejor lugar para buscar organismos bien preservados en
Marte sea el permafrost más antiguo, que data de hace 3500
millones de años. Aunque el hielo superficial puede ser relativamente
reciente, esconde capas heladas más profundas y antiguas. De
hecho, en el hemisferio sur, hay zonas densamente craterizadas que
permiten datar el terreno en varios miles de millones de años.
Además, el intenso magnetismo cortical coincide exactamente
con las mismas áreas, y sabemos que el campo magnético
de Marte estuvo activo durante los primeros cientos de millones de
años de historia del planeta. Por lo tanto, las áreas
densamente craterizadas y magnetizadas del hemisferio sur marciano,
entre 60º y 80º sur y cerca de 180º oeste (Figura 1),
pueden ser lugares en los que terrenos muy antiguos y no alterados
ofrezcan una ventana para conocer entornos primitivos que tal vez
escondan material que date del pasado oceánico de Marte (Figura
2). |
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Del mismo modo que el permafrost de la Antártida
puede alcanzar los 25 millones de años de antigüedad y
preserva microorganismos de hace 8 millones de años, el hielo
marciano puede esconder organismos que, si bien estén muertos,
permanezcan bioquímicamente intactos. La profundidad a la que
pueden estar tales organismos es de unos 1000 metros: como Marte experimenta
acusados ciclos en su oblicuidad, de hasta 45º en periodos de
100.000 a 1.000.000 de años, las masas heladas a profundidades
que no alcancen 1 km han podido sufrir procesos de descongelación
recurrentes. Por debajo de esa profundidad, el hielo permanece inalterado
desde hace miles de millones de años.
Por otra parte, algunos organismos marcianos pueden permanecer activos
hoy en día. Parece razonable plantear que tales seres vivos
podrían encontrarse en latitudes medias del hemisferio norte,
en las grandes planicies heladas que pudieron ser el fondo de los
océanos del pasado. En esta zona, la sonda Odyssey descubrió
una gran concentración de hielo en los primeros 50 cm del subsuelo,
de hasta el 80% en volumen. Y las mismas variaciones en la oblicuidad
que cambian la temperatura marciana de forma periódica, y que
hacen preciso alcanzar profundidades cercanas a los 1000 metros para
encontrar hielos primigenios, promueven la fusión del hielo
más superficial, permitiendo que posibles microorganismos que
permanezcan en estado latente reactiven su metabolismo episódicamente.
La misión Phoenix (Figura 3) llegará a Marte en junio
de 2008, a una zona comprendida entre 65º y 75º norte (Figura
3 - recuadro), para realizar un exhaustivo reconocimiento de estos
hielos durante 150 días del verano septentrional marciano.
Entre otras cosas, la sonda estará equipada para buscar moléculas
orgánicas en concentraciones tan mínimas como 50 partes
por millón (una sensibilidad 20 veces superior que la de las
sondas Viking), y para caracterizar importantes propiedades del suelo
y el subsuelo, tales como el pH o el potencial redox. Igualmente,
buscará compuestos orgánicos y minerales que puedan
servir como fuente de energía para posibles microorganismos
que aún hoy existan en Marte. |
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| San Francisco (California), EEUU, 25 de Enero de
2007. |
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