O2 atmosférico, elementos
y evolución
Alberto González Fairén |
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La acumulación
de oxígeno en la atmósfera de
la Tierra, como producto de la fotosíntesis,
ha determinado la disponibilidad de elementos
esenciales para los seres vivos y, por ende,
la evolución de la biosfera. |
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de la mitad de la superficie de la Tierra está cubierta por
océanos, y en ellos la vida es sustancialmente más escasa
que en las tierras emergidas. Estos ecosistemas parcamente poblados
no carecen de agua o de luz solar, ni tampoco de los elementos biológicos
principales: hidrógeno, carbono y oxígeno. Sin embargo,
sí son deficientes en uno o varios elementos adicionales imprescindibles
para la vida. Este par de decenas de elementos son nutrientes bioesenciales,
y algunos son relativamente raros. Son parte constituyente del ADN,
el ARN, las enzimas y otras biomoléculas. El grupo de Ariel
Anbar, de la Universidad del Estado de Arizona, es pionero en el análisis
de la evolución de estos bionutrientes a lo largo de la historia
de la Tierra. Anbar y colaboradores han estudiado las características
químicas de rocas formadas a partir de sedimentos antiguos
del fondo marino. Sus conclusiones apuntan a que el incremento de
la concentración de oxígeno en la atmósfera de
la Tierra ha determinado la disponibilidad de los bioelementos.
La variación en la disponibilidad a lo largo del tiempo ha
sucedido en algunos casos de forma obvia, como se puede apreciar en
la variable abundancia del hierro a lo largo del registro geológico,
reflejada en las formaciones de hierro bandeado que suponen hoy la
principal fuente de hierro industrial (Figura 1). Estas formaciones
tienen siempre edades anteriores a 1.800 millones de años,
lo que sugiere que el hierro fue muy abundante en los océanos
durante la primera mitad de la historia geológica de la Tierra.
Hoy, por el contrario, el hierro es tan escaso que en los océanos
supone un nutriente limitante, ya que es imprescindible para absolutamente
todos los organismos vivos. Esta necesidad parece apuntar a que la
bioquímica básica de la vida sobre la Tierra evolucionó
en océanos ricos en hierro. Sin embargo, los resultados de
Anbar demuestran que las variaciones en la disponibilidad de otros
micronutrientes son mucho más sutiles, y para detectarlas hay
que recurrir a la medición de sus abundancias y sus composiciones
isotópicas en rocas antiguas. Por ejemplo, el análisis
de los isótopos de azufre ha revelado que su concentración
en los océanos aumentó en un orden de magnitud hace
unos 2.400 millones de años, y el fenómeno se repitió
hace 700 millones de años. |
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Figura
1: Formaciones de hierro
bandeado en Australia.
(S. Poulton)  |
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| Estos cambios en las abundancias de hierro y azufre
fueron causados por un aumento en la concentración de O2. En
los océanos modernos y oxigenados, el hierro es escaso porque
ha sido oxidado a Fe3+, que reacciona con OH- para formar oxihidróxidos
insolubles. Al mismo tiempo, el azufre se acumula en los océanos
oxidados como SO42-. Sin embargo, los océanos primitivos contenían
mucho menos oxígeno. La oxigenación de los mares de
la Tierra ha sucedido en tres momentos puntuales, hace entre 2.400
y 1.800, hace 800, y hace 500 millones de años (Figura 2).
Antes de tales eventos, los océanos carecían de O2 disuelto,
y por lo tanto el hierro era mucho más abundante. Igualmente,
el azufre estaba secuestrado en la corteza continental en forma de
minerales. |
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Todos estos cambios en el estado de oxidación
de los océanos han afectado igualmente a la disponibilidad
de otros elementos bioesenciales, particularmente el manganeso, el
cobalto, el níquel, el cobre, el zinc y el molibdeno. Los análisis
efectuados sobre la concentración de molibdeno han confirmado
la sucesión de dos eventos de acumulación en los océanos,
paralelos a la acumulación de O2 en la atmósfera.
Particularmente, la deficiencia de molibdeno durante la temprana historia
de la Tierra pudo actuar como freno para la evolución eucariota
durante 2.000 millones de años. El molibdeno fue tan escaso
como el oxígeno, y es un elemento esencial, junto con el hierro,
para que las bacterias fijen el nitrógeno atmosférico,
mediante la asimilación del NO3 por las enzimas
nitrogenasa y
nitrato-reductasa, transformándolo en un elemento que puedan
utilizar los eucariotas. Los eucariotas carecen de mecanismos para
fijar el N2, por lo que dependen de los procariotas para
su obtención. Hoy, en la Tierra rica en O2, el molibdeno
es el metal de transición más abundante en los océanos,
derivado de la reacción del oxígeno atmosférico
con los minerales que contienen molibdeno. Por lo tanto, la escasez
de hierro y molibdeno entre hace 1.800 y 800 millones de años
dificultó la adquisición de nitrógeno por parte
de la biosfera oceánica, impidiendo el desarrollo de los eucariotas.
La evolución del oxígeno y el molibdeno sobre la Tierra
parece, por tanto, estar íntimamente ligada.
El O2 de la atmósfera ha jugado igualmente un papel fundamental
en la disponibilidad del fósforo. La coprecipitación
de PO43- en las formaciones de hierro bandeado habría limitado
la disponibilidad de fósforo. También el CO2 era muy
abundante en disolución en los océanos anóxicos,
pero la aparición del O2 lo secuestró en forma de grandes
sedimentos de carbonato cálcico. Por otro lado, la concentración
de estos elementos traza ha influenciado la abundancia en la atmósfera
de gases de efecto invernadero de origen biológico. Así,
la abundancia de N2O depende de la disponibilidad de cobre en el océano,
ya que el cobre es esencial para la enzima que convierte el N2O en
N2 en la denitrificación; y la concentración de CH4
depende del níquel, imprescindible para la metanogénesis
bacteriana. Las historias de los otros bioelementos aún esperan
ser contadas.
En suma, los cambios en la disponibilidad de elementos bioesenciales
han determinado la evolución de la vida. La diversificación
eucariota coincide con un aumento en el potencial redox de los océanos
profundos sucedido hace 800 millones de años, que incrementó
la disponibilidad de zinc, molibdeno y otros elementos, al tiempo
que limitó la de hierro, manganeso y cobalto. Los eucariotas
precisan menos hierro que los procariotas, y más zinc para
la asimilación de carbono. Los ciclos redox y de nutrientes
modernos en los océanos fueron establecidos hace 550 millones
de años, poco después de la oxidación inicial
del océano profundo, conduciendo inmediatamente a la aparición
de los primeros animales de gran tamaño, al inicio del Cámbrico
(Figura 3). |
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| San Francisco (California), EEUU, 22 de Enero de
2009. |
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