Phoenix y la búsqueda de compuestos
orgánicos en Marte
Alberto González Fairén |
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La
sonda Phoenix tocó la superficie de Marte cerca
del polo norte el 25 de mayo. La duración estimada
de esta misión es de tan sólo 90 días,
y aunque se mantenga activa después de ese
periodo, la disminución de la luz solar, el
frío extremo y la acumulación de hielo
de CO2 durante el invierno local impedirán
su correcto funcionamiento a partir de enero de 2009. |
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hoenix
(figura 1) tiene dos objetivos científicos fundamentales: estudiar
la historia del agua en el ártico de Marte (figura 2), y analizar
el potencial biológico de la interfase suelo/hielo. Phoenix
va a estar 3 meses analizando el suelo y el hielo (y su mezcla, denominada
“permafrost”) de una región cercana al polo norte
de Marte. La búsqueda se hace a tan elevadas latitudes porque
es en esta zona donde Marte conserva una gran cantidad de hielo en
la superficie, y el hielo ha podido preservar trazas de compuestos
orgánicos. El hielo ha aparecido a tan sólo unos pocos
centímetros de profundidad (figura 3), y es de esa capa de
donde la sonda está extrayendo muestras para ser analizadas,
por medio de pequeños hornos y cámaras de mezcla. Algunas
de estas muestras están siendo calentadas para poder estudiar
los componentes del vapor que se genere, y otras se mezclarán
con agua que lleva la sonda para ser examinadas con microscopios (figura
4). Phoenix también va a estudiar los pares moleculares de
oxidación-reducción que pueden determinar si la energía
química del suelo puede sustentar alguna actividad biológica,
así como otras propiedades del suelo críticas para determinar
la habitabilidad, tales como el pH o el contenido en sales. |
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Figura 1:
Imágenes de la zona
de amartizaje de Phoenix, en las que se aprecian
los distintos componentes utilizados en el descenso.
(NASA/JPL-Caltech/University of Arizona)  |
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Figura 2:
Vista hacia el norte desde
Phoenix, tomada el 8 de junio de 2008. (NASA/JPL-Caltech/University
of Arizona/Texas A&M University)  |
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Es importante recordar que Phoenix no está buscando
vida en Marte, sino trazas de compuestos orgánicos complejos,
que puedan indicar si las condiciones para la vida son o han sido
las adecuadas en esas latitudes en algún momento de la historia
marciana. No hay que olvidar que, de aparecer, las moléculas
orgánicas pueden ser indígenas de Marte o provenir de
meteoritos o cometas. La búsqueda de moléculas orgánicas
tiene como objetivo único determinar si su supervivencia es
posible en las condiciones que prevalecen en el polo norte marciano.
Por lo tanto, con los resultados de Phoenix no se va a hacer ninguna
inferencia acerca de si su presencia o ausencia es indicativa de la
existencia o no de vida en algún momento de la historia de
Marte.
El principal problema para la supervivencia de las moléculas
orgánicas en entornos hiperáridos y bañados por
luz ultravioleta, como la superficie marciana, es la aparición
de oxidantes poderosos, como el peróxido de hidrógeno
(H2O2), que tienen la capacidad de romper tales moléculas.
Por esta razón, Phoenix está tomando las muestras a
cierta profundidad, donde el hielo parece ser abundante y no llega
la radiación ultravioleta. El problema del H2O2 es particularmente
sensible en Marte, ya que se puede formar por la interacción
de agua anóxica y pirita, un compuesto muy abundante en la
litosfera marciana. La oxidación de la pirita induce la precipitación
de sulfatos y óxidos de hierro, y la estabilización
de altos potenciales redox y pH ácidos. El potencial oxidante
de las soluciones así generadas sería capaz de degradar
los compuestos orgánicos presentes en la superficie marciana.
Por lo tanto, en los lugares de Marte donde el agua ha sido abundante
en la superficie, es posible que la vida haya llegado a medrar en
algún momento en el pasado; pero precisamente en las zonas
que han sido húmedas alguna vez va a ser muy difícil
identificar compuestos orgánicos que nos provean de alguna
información sobre la posible biosfera, ya que habrán
sido oxidados y destruidos por la propia acción del agua. En
concreto, las soluciones oxidantes han debido destruir cualquier traza
de compuesto orgánico hasta una profundidad de cientos de metros,
la misma profundidad que se estima tienen los depósitos de
pirita en Marte. Por lo tanto, la búsqueda de compuestos orgánicos
en las zonas de Marte donde se supone que hubo agua líquida
abundante en el pasado, es una empresa imposible a día de hoy,
ya que carecemos de la tecnología necesaria para alcanzar la
profundidad requerida con los actuales sistemas de perforación
extraterrestre. Por el contrario, en las zonas donde el agua líquida
se supone que ha sido escasa, tales como en los suelos ricos en permafrost
de las áreas hiperáridas polares, la oxidación
y degradación de compuestos orgánicos que puedan sobrevivir
aún bajo la superficie debe ser mínima. Las bajas temperaturas
también contribuirían a su preservación, lo que
permitiría su conservación a escasos metros de profundidad.
Perforaciones a tan poca profundidad sí están al alcance
de la tecnología actual.
En definitiva, el paradigma que guía la búsqueda de
vida en Marte desde hace algunos años, el conocido “buscar
el agua”, parece plantear serias dudas. Hay que buscar agua
si lo que se pretende es encontrar vida activa actualmente en la superficie
de Marte. Pero si lo que se busca son sus restos orgánicos,
la exploración debe hacerse en las zonas del planeta donde
el agua líquida ha sido escasa, como el ártico marciano
en el que trabaja Phoenix o las tierras altas del hemisferio meridional. |
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| San Francisco (California), EEUU, 18 de Julio de
2008. |
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