Un posible origen marciano para la radioresistencia
Alberto González Fairén |
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Algunos
microorganismos de la Tierra son capaces de resistir dosis
muy altas de radiación ionizante. Pero la radioresistencia
no puede ser una adaptación evolutiva, porque en
la Tierra no existen entornos naturales que soporten niveles
de radiación tan elevados. ¿Es posible que
estos tipos bacterianos hayan llegado a la Tierra desde
Marte? |
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lgunos
organismos de la Tierra se han postulado como posibles análogos
de una hipotética biosfera marciana, ya que son capaces de
resistir elevadas dosis de radiación ionizante y desecación
por tiempo prolongado. Así, por ejemplo, la familia Deinococcaceae
de bacterias no formadoras de esporas, y específicamente D.
radiodurans (Figura 1), ha desarrollado un sistema integrado de
resistencia frente a la deshidratación y la radiación,
y son capaces de sobrevivir a una dosis de radiación gamma
de hasta 20 kGy. Igualmente, las cianobacterias del género
Chroococcidiopsis pueden sobrevivir hasta 15 kGy. Otros organismos
terrestres radioresistentes descritos, todos bacterias, son Rubrobacter
radiotolerans, Rubrobacter xylanophilus y Thermococcus
gammatolerance, capaces de soportar de 100 a 1000 veces la radiación
ionizante que toleramos el resto de habitantes de la Tierra: las dosis
letales para cualquier otro organismo están alrededor de 10
Gy. |
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| Mientras que el daño que produce la radiación
UV suele ser de reparación rápida y no excesivamente
complicada, la radiación ionizante puede causar rupturas en
la estructura del DNA que afecten a ambas cadenas polinucleótidas,
lo que resulta letal para la mayoría de los organismos de la
Tierra. Las bacterias radioresistentes poseen un sistema único
y poco conocido de reparación del DNA, que les permite soportar
varios cientos de rupturas dobles en su DNA, con lo que su tasa de
supervivencia es muy superior a la de otros grupos bacterianos (Figura
2). |
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La radiación ionizante en
la Tierra es producida por los rayos cósmicos y la desintegración
radiactiva del U, Th, y 40K en las rocas de nuestro planeta,
lo que produce una dosis global de solamente 0.0005 Gy por año,
y la emisión no ha cambiado durante los últimos 4.000
millones de años. Con esta tasa, un individuo de D. radiodurans
no acumularía una dosis letal hasta que transcurrieran más
de 10 millones de años. Ni siquiera en los entornos de los
reactores nucleares naturales se alcanza el umbral letal para las
bacterias radioresistentes: en los depósitos de uranio de
Oklo, cerca de Gabón, que tienen 1700 millones de años
de antigüedad, el nivel de radiación no excede 1 Gy
por hora, mientras que D. radiodurans es capaz de crecer
incluso soportando una dosis de 60 Gy por hora. Pero son las temperaturas
que se alcanzan por las fusiones nucleares, hasta 360º C, lo
que mantiene estériles tales lugares. Esta realidad describe
perfectamente la anomalía que representan las bacterias radioresistentes
en la biosfera global de la Tierra: en nuestro planeta no existen
entornos naturales en los que se alcancen niveles de radiación
tan elevados como los que estos tipos bacterianos son capaces de
soportar. Por lo tanto, el origen de la radioresistencia no puede
ser una adaptación evolutiva acaecida en la Tierra, lo que
hace imprescindible someter a consideración otras alternativas,
por exóticas que puedan parecer en un principio.
Durante años se ha considerado que la resistencia a la radiación
apareció como un uso secundario de la habilidad para reparar
el daño masivo en el DNA en momentos de estrés ambiental,
específicamente provocado por deshidratación. Sin
embargo, una investigación reciente del grupo de Anatoly
Pavlov, de la Academia de Ciencias de Rusia, ha demostrado una serie
de inconsistencias en esta teoría: (1) el proceso de someter
a bacterias no radioresistentes a ciclos de desecación no
provocó la inducción de radioresistencia; (2) se han
descrito bacterias muy sensibles a la desecación pero con
una elevada radioresistencia, y viceversa, lo que permite aventurar
que los genes que controlan una y otra capacidades son diferentes;
(3) Rubrobacter, Thermococcus y D. radiodurans
no necesitan resistencia a la desecación en sus ambientes
naturales, pues son bacterias acuáticas (Figura 3); y (4)
no existe relación filogenética entre los diferentes
grupos de bacterias radioresistentes, lo que implica que es una
capacidad que debe haber evolucionado de forma independiente en
momentos distintos en cada uno de los grupos, algo imposible en
un planeta donde no existen entornos que la propicien. Por lo tanto,
la hipótesis de la aparición de la radioresistencia
en la Tierra como un uso secundario de otras habilidades es insostenible.
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Es cierto, sin embargo, que la radioresistencia puede
ser inducida con facilidad en grupos bacterianos no radioresistentes.
El grupo de Pavlov consiguió inducir radioresistencia en poblaciones
de Escherichia coli, Bacillus sp. y Salmonella typhimurium,
después de sólo unas decenas de ciclos con una dosis
de 150 Gy por minuto. Además, las bacterias radioresistentes
son capaces de sobrevivir a cualquier nivel de radiación conocido
en el Sistema Solar siempre que se encuentren metabólicamente
activas, es decir, con la capacidad de reparar su DNA; solamente acumulan
mutaciones si se encuentran en estado latente, formando esporas. Por
lo tanto, la aparición de la radioresistencia bacteriana ha
debido ocurrir en un entorno sometido a una elevada dosis de radiación
ionizante y caracterizado por la alternancia de periodos secos, durante
los que las bacterias acumularían mutaciones, y periodos cálidos,
en los que las poblaciones se recuperarían seleccionándose
positivamente los individuos capaces de reparar su DNA. Marte responde
perfectamente a las características requeridas.
La posibilidad del transporte de seres vivos entre Marte y la Tierra
ya ha sido discutida en este sitio (véase el artículo
“Panspermia”).
Si se admite tal eventualidad, la discusión se traslada a la
estructura del genoma de las bacterias radioresistentes, similar al
del resto de bacterias que habitan la Tierra (Figura 4). Y de aquí
emerge inmediatamente una serie de cuestiones por resolver: ¿la
vida en nuestro planeta proviene en última instancia de Marte,
y es una única biosfera que ha habitado dos mundos?, ¿los
organismos radioresistentes han completado un viaje de ida y vuelta
a Marte, adquiriendo allí sus capacidades?, ¿se trata
realmente de dos biosferas con orígenes independientes?, y
en este caso, ¿es la estructura biológica de la vida
en nuestro planeta representativa de cualquier tipo de biosfera capaz
de evolucionar en entornos similares?. |
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| San Francisco (California), EEUU, 16 de Abril de
2007. |
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