Sexo y selección natural
Alberto González Fairén |
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Los mecanismos
que han guiado la aparición, evolución y persistencia
del sexo como sistema de reproducción continúan
siendo un misterio para la biología evolutiva, ya
que el sexo altera combinaciones genéticas favorables
y requiere un enorme gasto de tiempo y energía en
comparación con otros sistemas de reproducción.
¿Es cierta la proposición de Weismann, formulada
hace más de 100 años, de que el sexo favorece
la selección natural al incrementar la variación
genética? |
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parte del
gran gasto que supone, la reproducción sexual en organismos
con gametos no simétricos implica que la hembra transmite sus
genes en una tasa que es la mitad que en un individuo equivalente
con reproducción asexual; es lo que se conoce como el “doble
coste del sexo” (Figura 1). Todas las teorías modernas
que tratan de explicar el porqué de la persistencia del sexo,
a pesar de las aparentes desventajas que comporta, incorporan la idea
que el biólogo alemán August Weismann lanzó en
1889: el sexo favorece la selección natural porque incrementa
la variación genética. |
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En marzo de 2005 se publicó el último
estudio que ha intentado verificar tal proposición. Matthew
Goddard, Charles Godfray y Austin Burt, del Colegio Imperial de Londres,
realizaron una serie de experimentos con poblaciones de levaduras
para ofrecer apoyo empírico a las teorías vigentes.
Produjeron por recombinación genética líneas
que diferían exclusivamente en su capacidad para la reproducción
sexual, y mostraron que, tal y como predecían los modelos teóricos,
el sexo incrementa la tasa de adaptación a un nuevo entorno
hostil, mientras que no presenta efectos mensurables sobre la viabilidad
biológica en un entorno benigno donde la presión selectiva
es muy pequeña.
El “efecto Weismann” se espera cuando las correlaciones
de supervivencia entre genes son negativas, lo que sucede cuando hay
interacciones epistáticas entre genes (esto es, cuando el carácter
que definen está determinado por más de un gen, y se
pueden producir diferentes influencias entre ellos, como en el caso
de la determinación del color de las flores o del pelo; Figura
2) o cuando el tamaño poblacional es pequeño. En este
caso, el efecto neto del sexo es separar las mutaciones favorables
de las desfavorables, y agrupar las mutaciones favorables por un lado
y las desfavorables por otro. Todo ello incrementa la eficacia de
la selección natural. Además, en los organismos diploides
(los que tienen el doble de cromosomas que sus gametos, es decir,
que poseen dos series completas de cromosomas en sus células
somáticas y una sola en sus células germinales, como
en el caso de los humanos; Figura 3), el sexo incrementa la supervivencia
mediante la segregación de alelos en genes individuales o mediante
selección en la fase haploide transitoria. |
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Si el “efecto Weismann” es realmente importante,
la adaptación evolutiva a los nuevos desafíos de un
entorno cambiante debe suceder de forma más rápida en
poblaciones con reproducción sexual que en aquellas con un
modo de reproducción no sexual. Experimentos clásicos
con levaduras y bacterias parecen haber confirmado la hipótesis,
aunque han sido sujeto de muchas críticas. La principal se
refiere a que la reproducción sexual en modelos microbianos
es inducida normalmente en laboratorio mediante la retirada de nutrientes,
lo que significa que la replicación sexual y la asexual están
sometidas a regímenes de selección diferentes. De hecho,
se sabe que la falta de nutrientes en levaduras incrementa las tasas
de mutación. Como consecuencia, se produce un incremento de
la variación genética que conlleva efectos importantes
en el desarrollo de la evolución que son independientes de
la reproducción sexual.
El avance del grupo de Goddard ha consistido en solventar estos problemas
mediante ingeniería genética, creando una cadena de
levadura asexual que puede ser tratada de forma idéntica a
la cadena original sexual. Esto les ha permitido estudiar el efecto
neto del sexo sobre la tasa de adaptación.
Las células de levadura crecen de forma vegetativa cuando tienen
suficientes nutrientes, y forman esporas cuando el alimento es escaso.
El experimento consistió en comparar la tasa de adaptación
de poblaciones de levaduras cuando se encontraban en dos entornos
diferentes: uno con las concentraciones de nutrientes y la temperatura
adecuadas, y otro con tales parámetros alterados. Como era
de esperar, no se detectó cambio alguno en la tasa de supervivencia
de ninguna de las dos poblaciones en el entorno benigno. Sin embargo,
en las poblaciones crecidas en el medio hostil, la tasa de supervivencia
fue significativamente superior en la población con reproducción
sexual. Por lo tanto, la reproducción sexual proporciona efectivamente
una ventaja selectiva durante el periodo de adaptación a un
entorno nuevo (Figura 4).
No obstante, hay que hacer algunas precisiones. En primer lugar, los
gametos de las levaduras son del mismo tamaño, con lo que el
concepto de “doble coste del sexo” no es aplicable en
este caso. Por otro lado, estudios empíricos de mutaciones
deletéreas en levaduras han indicado que su efecto en la tasa
de supervivencia es significativamente inferior que en otros eucariotas
(superiores); por lo tanto, una de las mayores ventajas postuladas
para el sexo, la eliminación de las interacciones epistáticas
deletéreas, debe ser menos importante. Y, finalmente, estos
análisis precisan ser extendidos a plantas y animales para
valorar su auténtico alcance. |
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| Madrid, España, 22 de Noviembre de 2006. |
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