Cometas, meteoritos y el origen del agua
Alberto González Fairén |
 |
¿Cuál
es el origen del agua de la Tierra? ¿Llegó
a bordo de algún tipo especial de meteoritos
o cometas? En los últimos meses, nuevas
investigaciones han ofrecido algunas pistas
para entender este viejo problema. |
|
|
|
 |
a composición
química y mineralógica de la Tierra es básicamente
muy similar a la de un grupo de meteoritos denominados condritas de
enstatita, constituidos por los mismos materiales que formaban los
pequeños planetoides del disco protosolar que con el tiempo
darían lugar a los planetas que hoy conocemos. Estos planetoides
carecían de agua cuando fueron formados: no se han apreciado
trazas de agua en las condritas de enstatita y, por inferencia, se
cree que los planetas del Sistema Solar interior carecían de
agua cuando se formaron. Las elevadas temperaturas en la zona interior
del disco protoplanetario serían determinantes en el proceso
de deshidratación de los materiales que iban a formar los planetas
rocosos (Figura 1). Por lo tanto, la existencia de enormes cantidades
de agua formando océanos en la Tierra, y posiblemente también
en el joven Marte, requiere una explicación.
La fuente más probable del agua de la Tierra (y de Marte) son
los meteoritos provenientes del cinturón de asteroides. La
proporción isotópica de hidrógeno (el ratio hidrógeno/deuterio,
D/H) ha sido determinada en varias clases de meteoritos, y se ha demostrado
que es característica de cada una de ellas. Por ejemplo, las
condritas carbonáceas tienen una proporción D/H muy
similar a la de los océanos de la Tierra, lo que sugiere que
el agua fue incorporada a nuestro planeta principalmente mediante
impactos de planetoides del tipo de las condritas carbonáceas.
Pero existe otra posible fuente de agua para la Tierra, en principio
más evidente: los cometas, que contienen hasta un 50% de hielo
de agua. Sin embargo, durante mucho tiempo, su contribución
se ha puesto en duda, ya que la proporción D/H de los cometas
originados en la Nube de Oort es casi el doble que la de los océanos
terrestres. El equipo de Paul Hartogh, del Instituto Max Planck, publicó
en octubre de este año los resultados de su investigación
sobre la proporción D/H en la familia de cometas 103P/Hartley
2, originados en el Cinturón de Kuiper. Hartogh y sus colaboradores
utilizaron datos del telescopio espacial Herschel. La proporción
D/H en este grupo de cometas sí es similar a la de los océanos
de la Tierra, lo que implica que al menos los cometas del Cinturón
de Kuiper sí han podido contribuir a la formación de
los océanos terrestres (Figura 2). Por lo tanto, se puede concluir
que los océanos de la Tierra se formaron a partir de impactos
de cuerpos formados en una región de la nebulosa presolar que
presentaba una proporción D/H característica, y que
incluye el cinturón de astroides y el Cinturón de Kuiper,
y que la contribución de cometas de la Nube de Oort ha sido
mínima. |
|
 |
|
 |
Figura
2: Proporciones D/H en el
Sistema Solar. Los cuadros naranjas son cometas
de la Nube de Oort; el morado, el cometa analizado
del Cinturón de Kuiper; el verde, las
condritas carbonáceas; el azul, los
géiseres de Encélado; y los
negros, los planetas gigantes. El valor D/H
de los océanos de la Tierra está
indicado por la línea azul. (P. Hartogh
et al., Nature 2011)  |
|
|
 |
|
En la Luna también existen cantidades importantes
de agua. Aunque el análisis de las muestras recogidas durante
el programa Apolo sugirió que no existía agua indígena
en la Luna, investigaciones posteriores han confirmado su presencia
en cristales volcánicos y en apatito. El grupo de James Greenwood
(Wesleyan University) hizo público en enero de este año
su descubrimiento de que el agua de la Luna presenta una composición
isotópica sustancialmente diferente a la de la Tierra, lo que
implica que las fuentes del agua son diferentes en ambos cuerpos,
y que la Tierra recibió su agua después de la formación
de la Luna. El agua de la Luna presenta proporciones D/H que varían
entre unas muestras y otras, lo que sugiere que el agua de la Luna
se originó a partir de diferentes fuentes y que nunca se homogeneizó,
al contrario de lo sucedido en la Tierra. Además, las proporciones
D/H son siempre muy elevadas, indicando que la Luna sí obtuvo
su agua básicamente a partir de cometas de la Nube de Oort.
El hielo cometario habría contaminado los magmas lunares que
formaron posteriormente los apatitos de las muestras recogidas durante
el proyecto Apolo. Sin embargo, sigue siendo un misterio porqué
el agua lunar no presenta en ninguna muestra la proporción
isotópica característica de las condritas carbonáceas
o de los cometas del Cinturón de Kuiper, que parecen la fuente
dominante del agua de la Tierra. Es decir, ¿por qué
las aguas de la Tierra y de la Luna tienen orígenes diferentes?
Allende nuestro Sistema Solar también se han encontrado signos
de la existencia de cuerpos de agua helada, similares a cometas orbitando
su estrella, en otro sistema planetario. Carey Lisse y sus colaboradores
de la Universidad Johns Hopkins, utilizando datos obtenidos con el
telescopio espacial Spitzer, anunciaron en octubre de este año
el descubrimiento de dos discos de polvo alrededor de la estrella
Eta Corvi. Uno de los discos se sitúa en el interior del sistema,
cerca de la estrella, y es más cálido, y el otro se
encuentra en la zona exterior, más fría (el exterior
ya era conocido de antemano, y ya se ha propuesto que es similar al
Cinturón de Kuiper). También encontraron evidencia de
los restos de un cometa fragmentado, desplazándose desde la
banda exterior fría hacia el interior del sistema estelar.
La existencia del cometa se dedujo a partir del descubrimiento de
mezclas de hielo de agua, rocas y compuestos orgánicos. El
sistema Eta Corvi tiene alrededor de mil millones de años,
y los descubrimientos de Lisse sugieren que en torno a esta estrella
están sucediendo procesos de transferencia de agua desde las
zonas exteriores frías hacia las zonas interiores más
cálidas, del mismo modo que sucedió en nuestro Sistema
Solar, y en una época similar.
En una investigación paralela, el grupo de Michiel Hogerheijde,
del Observatorio Leiden, anunció también en octubre
la detección de vapor de agua frío en una estrella cercana
y joven, TW Hydrae. El vapor de agua parece originado en una gran
reserva de granos de hielo formando un disco alrededor de la estrella,
equivalente a varios miles de veces el volumen de los océanos
de la Tierra. Otro Cinturón de Kuiper alrededor de otra estrella.
La formación de discos constituidos por cuerpos helados orbitando
alrededor de estrellas parece ser un fenómeno bastante común
en la génesis de sistemas estelares. |
| |
|
| |
| San Francisco (California), EEUU, 31 de Octubre
de 2011. |
|