Titulares impactantes y la credibilidad de
la Astrobiología
Alberto González Fairén |
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En los
últimos meses se ha publicado una serie
de descubrimientos* cuya veracidad es, cuando
menos, muy discutible. De ellos, dos son supuestos
hallazgos de enorme trascendencia para la Astrobiología:
el descubrimiento de fósiles de cianobacterias
en el interior de meteoritos, y la caracterización
de bacterias que emplean arsénico en
lugar de fósforo para la construcción
de sus estructuras vitales. Este mes analizamos
el primero, y el próximo ( )
revisaremos el segundo. |
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n marzo
de 2011, Richard Hoover, del Centro Marshall de NASA, publicó
en “Journal of Cosmology” que había identificado
filamentos que parecían restos bacterianos en el interior de
un tipo exótico de condritas carbonáceas. Los filamentos
exhibían estructuras similares a células especializadas
del tipo que presentan las cianobacterias para su movilidad, reproducción
y fijación de nitrógeno (Figura 1). Los meteoritos donde
se hallaron los filamentos no provienen de una superficie planetaria,
sino que derivan de cometas formados en las zonas más frías
y alejadas del Sol muy al principio de la historia del Sistema Solar.
La presencia de vida en estas zonas del Sistema Solar puede ser un
tema de estudio apasionante, pero si alguna vez se encuentran formas
biológicas allí, con seguridad la bioquímica
será diferente y la morfología también. No parece
razonable buscar similitudes con los organismos de la Tierra. Sobre
todo cuando un principio fundamental de la microbiología terrestre
es no basarse nunca en similitudes morfológicas para generar
hipótesis (Cuadro 1). |
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Figura
1: Una imagen de los filamentos.
(Journal of Cosmology)  |
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El estudio sugiere que la vida se originó y
evolucionó hasta el nivel de complejidad de las cianobacterias
en un entorno extremadamente frío (Hoover identifica algunos
de los restos encontrados con algas que habitan en el hielo en la
Tierra, que se forma en un rango térmico incomparable con las
temperaturas del Sistema Solar exterior), con reducida luz solar (las
cianobacterias son fotosintéticas), sin agua líquida
(al menos no en el exterior del meteorito, donde hubiese podido estar
expuesta a la tenue luz solar) y dependiendo de fuentes desconocidas
pero abundantes de nitrógeno y oxígeno.
También destacan en el artículo ciertas lagunas metodológicas.
No hay mención alguna acerca de la conservación de los
meteoritos antes del estudio, ni sobre cómo se han tratado
las superficies antes de ser fracturadas y examinadas, ni qué
instrumentos se emplearon en el análisis, ni de qué
manera se llevó a cabo el estudio. La cantidad de filamentos
que se describe en el artículo requeriría el uso de
microscopía óptica y técnicas de visualización
ultraestructural, así como procedimientos microanalíticos
para determinar la concentración de elementos como carbono
o nitrógeno. Además, Hoover sugiere que los gránulos
de azufre que parecen observarse en el interior de uno de los filamentos
son similares a los que aparecen en Titanospirilum (Figura 2), pero
la concentración de azufre es también muy alta en el
exterior del filamento, lo que devalúa la comparación.
Finalmente, el autor asegura que diferentes partes de los filamentos
presentan distintas composiciones, pero no ofrece mediciones control
de las posibles variaciones en el material que rodea a los filamentos. |
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Figura
2: Gránulos de azufre
en el interior de un filamento del meteorito
(izquierda) y en Titanospirilum.
(Journal of Cosmology)  |
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Dos explicaciones sencillas podrían dar cuenta
de los descubrimientos de Hoover. En primer lugar, que se trate simplemente
de contaminación por parte de microorganismos terrestres. Y,
en segundo lugar, que sean microfibras de epsomita. Los supuestos
restos fósiles contienen elevadas concentraciones de magnesio
y azufre. Si en el interior del meteorito hubo agua líquida
en algún momento, la formación de epsomita habría
sido inmediata. La epsomita es un sulfato de magnesio hidratado, de
fórmula química MgSO4•7H2O,
que forma filamentos eflorescentes comunes en las paredes de cuevas
y en fumarolas volcánicas. Por lo tanto, es muy posible que
los filamentos interpretados como cianobacterias fósiles sean
microfibras de epsomita, tal vez acompañadas por otras de anhidrita,
serpentina, brucita o yeso. En cualquier caso, una solución
acuosa rica en magnesio y azufre, saturada de epsomita y con una actividad
del agua muy baja, sería un lugar muy poco atractivo para las
cianobacterias.
El artículo del ingeniero Hoover (no posee ningún doctorado
en ciencias) fue enviado en 2007 a “International Journal of
Astrobiology”, donde fue revisado y rechazado. Lo más
desconcertante de todo el proceso es que “Journal of Cosmology”,
una vez publicado el artículo en su página web y con
acceso libre, declaró que había solicitado la revisión
adicional de 100 expertos así como una invitación a
otros 5000 científicos para recabar su análisis. Éste
es un procedimiento inédito en la publicación científica.
Sobre todo porque en la página web se puede leer que el artículo
de Hoover fue enviado a la revista en noviembre de 2010 y sometido
a revisión por otros científicos, el método habitual
que se sigue en ciencia. Tal vez por todo esto, NASA reaccionó
con rapidez: inmediatamente después de la publicación
del artículo de Hoover, la agencia emitió un comunicado
oficial en el que aseguraba desconocer que el artículo hubiese
sido enviado a revista alguna o que fuera a ser publicado, y aclaraba
que NASA no respalda las conclusiones de Hoover. A fecha de redacción
de este texto, “Journal of Cosmology” ha retirado el artículo
de Hoover de su web (no existe versión impresa de la revista),
alegando un ataque cibernético que pone en riesgo la estabilidad
del sitio web de la revista, y únicamente recomienda la compra
en Amazon de un libro de Hoover (etiquetado para mayor admiración
del lector como “no caro” en la propia web de la revista)
donde se detalla el descubrimiento. Este comportamiento editorial
es inaceptable.
Artículos como éste sólo tienen el efecto de
perjudicar a la Astrobiología. Parece que la búsqueda
del gran titular que genere de inmediato un considerable impacto es
más importante que preocuparse de presentar un trabajo sistemático
y riguroso. Y cuando los errores metodológicos y conceptuales
se hacen patentes, la credibilidad de la Astrobiología se resiente.
Aunque también es cierto que, en ocasiones, el proceso forma
parte de la grandeza de la ciencia: no hay dogmas ni verdades absolutas,
y una propuesta se avala o se desmonta sólo con investigaciones
adicionales. En el caso del artículo de Hoover, no hay interés
alguno, ni siquiera controversia. |
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Se ha publicado
recientemente un tercer artículo también muy controvertido,
que describe un método universal para fabricar vacunas.
Como éste no es mi campo, os dejo un link que considero
informativo: http://sonicando.com/?p=2030
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| San Francisco (California), EEUU, 01 de Abril de
2011. |
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