Efectos de la vida sobre la topografía
Alberto González Fairén |
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Imaginemos
un mapa topográfico de la Tierra del que se hayan
eliminado todas las pruebas de actividad humana y toda la
vegetación. ¿Encontraríamos alguna
huella evidente de vida en ese mapa? |
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ace poco
más de un año, dos investigadores de la Universidad
de California en Berkeley, William Dietrich y Taylor Perron, publicaron
un estudio sobre la alteración de los mecanismos de erosión
del paisaje por parte de los seres vivos. Intentaban averiguar si
existen en la Tierra formas topográficas, mecanismos de erosión,
actividades tectónicas o procesos climáticos que sean
debidos exclusivamente a la presencia de vida en nuestro planeta.
La investigación planteaba importantes cuestiones acerca de
los mecanismos de evolución de la Tierra y sobre nuestra capacidad
para detectar vida en otros planetas.
A lo largo de las eras geológicas, el paisaje evoluciona, incluyendo
la formación y desaparición de cadenas de montañas.
¿Son importantes los procesos biológicos sobre tal evolución?
¿Serían los Pirineos, los Alpes o el Himalaya diferentes
si no existiera vida sobre la Tierra? ¿Se habrían formado
los terrenos profundamente alterados de Australia o África
en ausencia de vida? ¿Son las redes fluviales un ejemplo de
autoorganización influenciada por procesos biológicos?
Aunque la topografía actual de la Tierra se ha formado en un
mundo lleno de vida, no existen modelos de evolución del paisaje
que incluyan explícitamente los efectos de la vida.
El trabajo de Dietrich y Perron se estructuraba en tres fases: en
una primera etapa, consideraban la influencia de los procesos biológicos
sobre la erosión y los mecanismos de transporte de sedimentos,
y cómo tales influencias se podrían poner de manifiesto
en morfologías a escala de paisaje. Para comprender el papel
de las leyes del movimiento de masas en la formación del paisaje,
basta con mirar por la ventana de un avión: el escenario más
común sobre los continentes es una sucesión de crestas
y valles (Figura 1), que forman una estructura jerárquica en
la que valles pequeños van drenando sucesivamente en otros
mayores. ¿Por qué hay valles y crestas? ¿Qué
controla su tamaño? Dietrich y Perron aseguran que, aunque
es cierto que muchos procesos físicos (como la erosión
y la disolución química o cambios de temperatura y presión)
pueden fragmentar la roca madre para que pueda ser transportada, los
procesos biológicos (fundamentalmente el crecimiento de raíces
y la construcción de madrigueras) son los principales actores
en la formación de suelos. Asimismo, el ritmo de formación
de suelos también estaría determinado por la presencia
de seres vivos, fundamentalmente comunidades microbianas. Finalmente,
el movimiento de los suelos hacia las zonas bajas de las laderas también
estaría controlado básicamente por la acción
de los seres vivos, tanto por la movilización directa del suelo
como por la resistencia a la erosión física derivada
de lluvias torrenciales que proporciona una densa red de raíces.
Por lo tanto, sería la presencia de formas vivas lo que determinaría
la formación del paisaje que podemos reconocer desde el aire. |
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| En segundo lugar, la investigación consideraba
el efecto de la vida sobre el clima y la tectónica, que determinan
la evolución del paisaje. La vida ejerce una influencia determinante
sobre la química de la atmósfera y de los océanos.
En particular, la vegetación controla la transferencia de calor
y el transporte de agua, e influye sobre las características
de la superficie de los continentes que afectan las turbulencias atmosféricas.
¿Cómo afecta la vida a los patrones de precipitación,
que es el actor fundamental en la formación de paisajes? Para
analizarlo, el modelo de Dietrich y Perron elimina toda la vegetación
de un área determinada y estudia su evolución (Figura
2). El resultado es que, al desaparecer la vegetación, se producen
cambios drásticos en la tasa de precipitación media
anual sobre enormes extensiones de terreno. Por otro lado, las laderas
más húmedas de las cadenas montañosas experimentan
procesos de erosión acelerados con respecto a las laderas del
lado más seco, lo que promueve una más rápida
erosión de la cara húmeda, que a su vez permite un más
rápido levantamiento tectónico en ese lado para mantener
el equilibrio isostático de la corteza. En resumen, los seres
vivos, al influir sobre los patrones de precipitación, determinan
la altura, la forma y la simetría de las cadenas de montañas. |
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| Y en tercer lugar, el estudio analizaba los paisajes
de zonas de la Tierra donde la presencia de vida es escasa, y los
comparaban con las topografías de Venus y Marte. Desde la perspectiva
de la evolución del paisaje, la cuestión se reduce a
determinar cómo habría evolucionado el sistema integrado
clima-litosfera sin presencia de vida en la Tierra. En la Tierra,
la tectónica de placas depende de la baja viscosidad del manto
superior, sobre el cual las placas litosféricas pueden deslizarse;
y la viscosidad del manto superior deriva de la incorporación
de agua a través de las zonas de subducción. Por lo
tanto, la escasez de agua en la superficie y el interior de Venus
pueden ser la causa de la ausencia de tectónica de placas.
Sin embargo, Venus y la Tierra se formaron en zonas muy próximas,
por lo que debieron recibir una cantidad similar de agua y de radiación
solar. Es posible que la aparición de la vida sobre la Tierra
impidiera la pérdida masiva de agua, manteniendo la tectónica
de placas en actividad. Después, el secuestro de carbonatos
en el fondo de los océanos mediado por los seres vivos, habría
impedido la acumulación de CO2 en la atmósfera,
evitando el desarrollo de un efecto invernadero descontrolado como
el que caracteriza la atmósfera de Venus (Figura 3). Curiosamente,
el modelo de Dietrich y Perron es incapaz de determinar característica
alguna de la topografía de Marte que sea incompatible con la
presencia de vida (Figura 4).
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| San Francisco (California), EEUU, 07 de Abril de
2007. |
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