Los virus y el origen del ADN
Alberto González Fairén |
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Los virus
han sido descritos como los parásitos
perfectos: muchos son tan sencillos que no pueden
ser clasificados como seres vivos, ya que no
pueden existir fuera del individuo al que parasitan.
Poco se conoce de los virus, excepto cuando
dañan a nuestra salud. Sin embargo, los
virus pueden haber jugado un papel fundamental
en el desarrollo de la vida celular. |
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os virus
son vehículo obligado en partes sustanciales de la evolución
genética, desde su posible coexistencia con los primeros organismos,
incluso participando en el origen del ADN, hasta la aparición
de la fotosíntesis o la emergencia de los patógenos,
y juegan un papel importante en la regulación microbiana de
los ciclos del carbono, el nitrógeno y el fósforo en
los océanos. Por medio de la transferencia genética
horizontal, los virus dotan a las bacterias (y posiblemente a otros
grupos de seres vivos) de fragmentos diferentes de genes, que propician
la aparición de nuevas sendas evolutivas. Su patogenicidad
está restringida en la mayoría de los casos, ya que
una virulencia excesiva es una estrategia sin futuro. Los virus son
extremadamente abundantes en la biosfera, hasta el punto de que la
mayoría de la biomasa de los océanos está formada
por virus. Y son extraordinariamente diversos, en parte por su capacidad
de adquirir genes de sus hospedadores. Pero la relación de
los virus con los tres dominios de los seres vivos (bacterias, arqueas
y eucariotas, ver Figura 1) sigue sin estar aclarada. |
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Figura
1: Los tres dominios de
la vida. (NASA)  |
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Patrick Forterre, de la Universidad de París,
ha propuesto que el ADN celular se originó a partir de secuencias
génicas víricas. Los virus no pueden replicarse aislados
y carecen de metabolismo, por lo que durante algún tiempo se
pensó que eran fragmentos genéticos desligados de células
complejas, no primitivas, y que han evolucionado hasta su estado actual.
Pero si esta posibilidad fuese cierta, las enzimas de los virus encargadas
de copiar su ADN deberían ser similares a las de sus hospedadores,
lo que no sucede mayoritariamente. Forterre presentó su teoría
por primera vez en 1985, sugiriendo que los virus se habían
originado a partir de una célula primitiva, tal vez antes del
origen de los tres dominios. La confirmación de esta hipótesis
vino de la mano del avance de la Genética, que permitió
determinar que los genes que codifican para las proteínas más
comunes en las cápsidas víricas están presentes
en virus que infectan a representantes de los tres dominios, lo que
sugiere que tales genes se originaron en un virus muy antiguo que
infectaba al antecesor común de los tres dominios. Por otro
lado, se demostró que el ADN celular que codifica para las
enzimas usadas en la replicación es totalmente distinto en
las bacterias que en las arqueas y los eucariotas, lo que invitaba
a pensar que o bien la replicación del ADN había evolucionado
dos veces de forma independiente, o bien uno de los dos sistemas había
evolucionado a partir de los virus. Forterre propuso que el proceso
podría haber sucedido dos veces, tanto en las bacterias como
en el antecesor común de arqueas y eucariotas. Recientemente,
Forterre ha propuesto que los virus no sólo donaron a la vida
celular los genes encargados de la replicación del ADN, sino
la misma molécula de ADN.
La Genética moderna sostiene que los organismos que codifican
su información genética mediante el ADN descienden de
organismos más simples que empleaban ARN. El ARN es más
versátil, ya que puede almacenar la información genética
al tiempo que puede funcionar como una enzima, catalizando reacciones
químicas. El problema está en la transición de
ARN a ADN, explicada tradicionalmente como resultado de la mayor estabilidad
del ADN, lo que le hace menos susceptible a las mutaciones. Pero este
razonamiento no es evolutivo: si la estabilidad del ADN proporciona
ventajas a largo plazo (en generaciones), es necesario explicar porqué
el primer organismo que modificó su ARN adquirió al
hacerlo ventajas selectivas, ya que la selección darwiniana
sólo favorece las ventajas a corto plazo, en el individuo que
las posee. La solución de Forterre es que los virus fueron
los agentes del cambio. Su hipótesis asevera que los virus
aparecieron en el momento en que los organismos con ARN fueron capaces
de formar células autorreplicativas que producían sus
propias proteínas. Los virus de ARN parasitaban a estos primitivos
organismos con ARN, y sus descendientes habitan la Tierra moderna
en la forma de virus de ARN (H1N1, HIV, ver Figura 2). Pero los organismos
con ARN disponían de un completo arsenal de mecanismos de defensa
capaces de silenciar o fragmentar el ARN vírico. En ese momento,
algunos virus con sus cadenas de ARN combinadas en parejas comenzaron
a infectar células con mayor efectividad, ya que éstas
no disponían de defensas frente a la doble cadena que escondía
los frágiles nucleótidos portadores de la información
genética vírica en el interior de la doble hélice.
En definitiva, el ADN no sería otra cosa que ARN modificado
(Figura 3). |
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Figura
3: Transición del
“Mundo ARN” al “Mundo ADN”
mediada por virus. (C. Cain, P. Forterre)
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| Con el tiempo, algunos virus de ARN de doble hélice
encontraron la forma de coexistir en el interior celular, sobreviviendo
de generación en generación. Al deshacerse de los genes
implicados en su salida de la célula para infectar otras células
y en la fabricación de las cápsidas, se convirtieron
en ADN desnudo, que sólo codificaba genes para su propia replicación.
De vez en cuando, fragmentos del cromosoma celular de ARN quedaban
adheridos al ADN vírico. Estos genes serían seleccionados
positivamente en la siguiente generación, al estar más
protegidos frente a mutaciones. Al cabo de miríadas de generaciones,
el ARN se degradaría y se perdería, al tiempo que el
ADN crecería con nuevos genes. Al final, estas células
portarían ADN exclusivamente. Las poblaciones celulares de
ARN se desvanecerían con el tiempo por su desventaja competitiva,
ya que su sistema de almacenamiento de información genética
era mucho más lábil. La hipótesis de Forterre
sugiere que este proceso ha sucedido tres veces, originando los tres
dominios de los seres vivos; o tal vez sólo dos, dadas las
semejanzas entre arqueas y eucariotas, que sugieren la evolución
de éstos a partir de arqueas con un genoma de ADN ya establecido.
La única forma de verificar la hipótesis de Forterre
es analizar más virus. Hasta el momento, sólo se han
estudiado algunos patógenos humanos y otros que parasitan bacterias
importantes para la industria alimentaria. Pero la realidad es que
no disponemos de información sobre los virus que parasitan
la inmensa mayoría de los grupos de seres vivos. |
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| San Francisco (California), EEUU, 11 de Junio de
2009. |
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