Vivir bajo el fondo del océano
Alberto González Fairén |
 |
Parte de
la biosfera terrestre se esconde a gran profundidad bajo
los fondos oceánicos. En los sedimentos más
antiguos, la vida florece a pesar de las bajas concentraciones
de donadores de electrones y nutrientes esenciales. Las
comunidades microbianas allí establecidas controlan
una fracción esencial de los ciclos biogeoquímicos
de la Tierra, y pueden servir como modelo de estudio de
posibles análogos de vida en otros planetas. |
|
 |
n el siglo
XIX, el biólogo Edward Forbes determinó que no existe
vida a profundidades por debajo de los 550 metros. Sin embargo, más
de un siglo de exploraciones oceanográficas han puesto de relieve
la diversidad y abundancia de la biota que habita a grandes profundidades
bajo los océanos. Las primeras estimaciones cuantitativas de
la biota subsuperficial efectuadas hace décadas al microscopio,
incapaz de distinguir entre organismos vivos y muertos, revelaron
que el número de microorganismos es importante, y que la inmensa
mayoría (hasta el 97%) viven en los primeros 600 metros de
sedimentos bajo el fondo oceánico. En estos primeros 600 metros,
la densidad de microorganismos se mantiene prácticamente constante,
desde una media de 108 células por gramo de sedimento en la
parte superior, hasta 104 por debajo de los 500 metros. Pero esta
ingente biomasa podría representar restos microbianos bien
preservados y enterrados bajo el océano, o bien microorganismos
activos habitando la subsuperficie.
A finales del año 2004, un equipo de investigación multinacional
embarcado en el Programa de Perforación Oceánica y dirigido
por el oceanógrafo Steven D’Hondt, de la Universidad
de Rhode Island, finalizó un trabajo de cinco años en
el que describió comunidades microbianas activas y metabólicamente
diversas a cerca de 500 metros de profundidad bajo el fondo de la
costa americana del Océano Pacífico. El propósito
de la investigación era dar respuesta a una serie de cuestiones
esenciales, tales como: ¿qué cantidad de biomasa total
habita los entornos subsuperficiales?, ¿qué categorías
de organismos habitan la subsuperficie terrestre?, ¿cómo
viven estos organismos?, ¿varía su actividad en función
de la profundidad y los gradientes geoquímicos?, ¿cómo
se interrelacionan entre sí las comunidades de organismos subsuperficiales
que ocupan entornos geográficamente distantes pero similares?,
¿cuál es su relación con los organismos de la
superficie?, y ¿cuál es su impacto sobre la vida en
superficie?
Los análisis químicos del equipo multinacional de D’Hondt
revelaron que los microorganismos detectados se alimentan y respiran;
esto es, están vivos. Se encontraron potenciales aceptores
de electrones para la respiración (oxidantes), incluyendo sulfatos
y nitratos. El flujo de estos oxidantes puede servir como marcador
de actividades microbianas específicas, ya que ciertos grupos
de microorganismos los usan para respirar en ausencia de oxígeno.
Además, la distribución de subproductos metabólicos
microbianos (dióxido de carbono, amoniaco, metano, manganeso,
hierro) sirvió para medir la actividad de estos seres vivos
y para conocer cómo se distribuyen los distintos grupos de
microorganismos en el sedimento.
En principio, una serie de actividades bioquímicas coincide
con las esperadas: oxidación del carbono, producción
y consumición de metano, o reducción de sulfato, nitrato
y manganeso. Sin embargo, su distribución sí es en algunos
casos inesperada. Normalmente, los aceptores de electrones (oxidantes
como el oxígeno, el sulfato y el nitrato) se difunden en los
sedimentos desde el agua oceánica y son consumidos secuencialmente
en una serie de reacciones metabólicas competitivas. El proceso
queda reflejado en un perfil de consumo de oxidantes que se inicia
con el oxígeno, y continúa con el nitrato, el manganeso,
el hierro, el sulfato, y termina con el dióxido de carbono
(Figura 1); esto es, aquellos que rinden más energía
libre se consumen antes. |
 |
|
 |
Figura
1: El ciclo de la materia orgánica
en el océano y la respiración microbiana en
la superficie del océano y en los sedimentos subsuperficiales.
En la superficie del mar, los organismos fotosintéticos
capturan la luz solar, y promueven transformaciones de energía
y de materia orgánica que se extienden hasta 400
metros bajo la superficie. En la parte aeróbica de
la columna de agua, los organismos que respiran usan el
oxígeno para oxidar la materia orgánica a
dióxido de carbono (ampliación superior).
Más abajo, en los sedimentos superiores del fondo
marino, el oxígeno es consumido rápidamente,
y los microorganismos emplean otros aceptores de electrones
alternativos que difunden desde el agua, como el nitrato
o el sulfato. Estos aceptores de electrones son empleados
en una serie secuencial, dependiendo de la energía
libre que proporcionan con su reducción (ampliación
inferior). Los experimentos de D’Hondt demuestran
que el oxígeno, el nitrato y el sulfato también
difunden desde las profundidades de los fondos basálticos,
invirtiendo la secuencia de aceptores de electrones que
se observa en los sedimentos más superficiales. (Katharine
Sutliff/Science). |
 |
|
Sin embargo, en los nuevos análisis aparecieron
algunas sorpresas, sugiriendo fuentes inesperadas de metabolitos microbianos
en los sedimentos. Incluso, en ocasiones, parece que algunos oxidantes
que normalmente difunden hacia abajo desde el fondo oceánico
son aportados en realidad por fuentes subsuperficiales; tal es el
caso de los sulfatos, que parecen surgir de salmueras bajo la base
del sedimento, o del nitrato y el oxígeno. Al final, los perfiles
redox parecen estar invertidos, lo que permitiría a los microorganismos
respirar anaeróbicamente. Estas nuevas observaciones implican
la existencia de una microbiota fisiológicamente diversa y
muy activa, que opera de forma diferente a como predecían los
modelos.
Como era de prever, la tasa de actividad metabólica microbiana,
estimada a partir del flujo de aceptores de electrones, varía
sustancialmente de unos lugares a otros. Así, la respiración
del sulfato es mucho más importante en el margen continental
que en el océano abierto. Sin embargo, otra sorpresa fue constatar
que las tasas de respiración del manganeso y el nitrato son
superiores en el océano abierto, y que están dominadas
por el flujo de nitrato desde los acuíferos basálticos
situados bajo los sedimentos. Además, en zonas de elevadas
concentraciones de sulfatos, donde los modelos predecían que
los microorganismos sulfato-reductores deberían ser dominantes,
aparece también metanogénesis y reducción del
hierro y el manganeso, lo que implica que las comunidades microbianas
de los sedimentos marinos profundos son muy diferentes de las que
habitan las capas superiores cercanas a la superficie.
En cuanto a los análisis cuantitativos, la concentración
de lípidos polares intactos en la subsuperficie profunda es
órdenes de magnitud inferior que la que se encuentra en sedimentos
superficiales, indicando que la densidad de poblaciones microbianas
es dramáticamente inferior. Esto fue corroborado con análisis
de ATP, que determinaban que la biomasa subsuperficial viva no alcanza
las estimaciones previas de ningún modo, ya que el número
de células muertas es muy superior al de vivas. Aún
así, los procariotas de los sedimentos juegan un papel determinante
en el ciclo global del azufre: son capaces de eliminar hasta el 50%
del azufre que entra en el océano cada año. Sin embargo,
el equipo del geomicrobiólogo Axel Schippers, del Instituto
Geológico de Alemania, ha conseguido la primera cuantificación
directa de los organismos que habitan entornos bajo el fondo oceánico,
definida por el número de ribosomas (Figura 2). Su trabajo
determina que una gran parte de los microorganismos están vivos,
incluso en sedimentos muy antiguos (>16 millones de años)
y muy profundos (400 metros). En tales entornos, los tiempos de duplicación
bacteriana son extremadamente lentos, entre 3 meses y 22 años
(el tiempo de duplicación medio de E. coli, bacteria
del tracto digestivo humano, no supera los 20 minutos). |
|
| Todo lo anterior parece indicar que distintas comunidades
habitan en diferentes lugares y a diferentes profundidades. Pero,
globalmente, los análisis de ácidos nucleicos bacterianos
demuestran que un número determinado de linajes de microorganismos
dominan los sedimentos oceánicos subsuperficiales, constituyendo
un ecosistema global único. Tales linajes han evolucionado
para adaptarse a las condiciones de vida de su entorno, como es el
caso del género Thermococcus, que tiene un patrón de
distribución que ocupa todo el Océano Pacífico.
Esta realidad parece demostrar la estrecha interrelación que
existe entre lugares distantes en los oscuros y profundos entornos
escondidos bajo el fondo de los océanos de la Tierra. |
| |
|
| |
| Madrid, España, 12 de Julio de 2006. |
|