¿Una nueva era glacial?
Patrick L. Barry |
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Al interrumpir una
enorme corriente marina, la fusión del hielo del
Mar Ártico puede desencadenar un grave descenso de
las temperaturas de Europa y Norteamérica. |
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l calentamiento
del planeta podría sumir a Norteamérica y a Europa en
una congelación profunda, probablemente en sólo unas
pocas décadas. Ésta es una teoría que va ganando
credibilidad entre muchos científicos que estudian el clima.
La descongelación del hielo marino que cubre el Ártico
podría alterar o incluso detener las grandes corrientes del
Océano Atlántico. Sin el inmenso calor que proporcionan
estas corrientes marinas -- comparables a la producción de
energía de un millón de centrales nucleares -- la temperatura
media europea podría descender de 5 a 10 grados centígrados
(9 a 18 grados Fahrenheit), y algunas zonas de Norteamérica
se enfriarían sólo un poco menos. Este cambio en la
temperatura sería similar a las temperaturas medias del planeta
hacia el final de la última era glacial, hace aproximadamente
20.000 años. |
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La
retracción del hielo del Ártico entre
1979 y 2003, con base en los datos recolectados por
el Dispositivo de imágenes de sensores por microondas
(Special Sensor Microwave Imager, SSMI) del Programa
de Satélites Meteorológicos del Ministerio
de Defensa (Defense Meteorological Satellite Program,
DMSP) estadounidense. [más
información]
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Algunos científicos creen que este cambio en
las corrientes marinas puede surgir pronto, de un modo inesperado
-- en un período de tiempo tan corto como de 20 años
-- según Robert Gagosian, presidente y director de la Institución
Oceanográfica Woods Hole. Otros dudan que esto llegará
a ocurrir. Aun así, el Pentágono ha tomado nota. Andrew
Marshall, un planificador veterano del Ministerio de Defensa, presentó
recientemente un informe no confidencial que describía cómo
un cambio en las corrientes marinas en el futuro próximo podría
comprometer la seguridad nacional. "Es difícil
predecir qué pasará realmente", advierte Donald
Cavalieri, científico pricipal en el Centro Goddard de Vuelos
Espaciales de NASA, "puesto que el Ártico y el Atlántico
Norte son sistemas muy complejos, con muchas interacciones entre la
tierra, el mar y la atmósfera". Los resultados de investigaciones
recientes, sin embargo, sugieren que los cambios que estamos viendo
en el Ártico podrían afectar potencialmente a las corrientes
que calientan Europa del Este, y este hecho mantiene a mucha gente
preocupada. |
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El
hielo es la clave |
Existen varios satélites que día y noche
vigilan la capa de hielo del Ártico. El satélite Aqua
de NASA, por ejemplo, transporta un sensor construido por los japoneses
llamado Radiómetro avanzado de barrido en microondas-EOS (Advanced
Microwave Scanning Radiometer-EOS, AMSR-E). "Utilizando microondas
en vez de luz visible, el AMSR-E puede penetrar las nubes y ofrecer
vigilancia ininterrumpida del hielo, incluso de noche", explica
Roy Spencer, el investigador jefe del instrumento en el Centro de
Hidrología y Clima Mundial en Huntsville, Alabama. Otros satélites
que vigilan el hielo, dirigidos por NASA, NOAA y el Ministerio de
Defensa, usan una tecnología similar.
La vista desde la órbita muestra claramente un descenso a largo
plazo del hielo "eterno" del Océano Ártico
(la parte que permanece congelada durante los meses cálidos
de verano). Según un informe de 1992, de Josefino Comiso, científico
del Clima en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de NASA, ese hielo
ha estado disminuyendo desde el comienzo de las observaciones satelitales
en 1978, a un promedio de un 9% por década. Los estudios con
base en datos más recientes sitúan el índice
en un 14% por década, sugiriendo que la desaparición
del hielo del Océano Ártico se está acelerando. |
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Algunos científicos temen que el hielo que se
funde en el Océano Ártico pueda verter una cantidad
de agua dulce al Atlántico Norte suficiente como para interferir
con las corrientes marinas. Parte de esta agua dulce procedería
de la propia masa de hielo que se derrite, pero el principal contribuyente
sería el aumento creciente de lluvia y nieve en la región.
La capa de hielo que se contrae deja al descubierto una cantidad mayor
de superficie oceánica, permitiendo que una mayor cantidad
de humedad se evapore en la atmósfera y dé lugar a un
mayor número de precipitaciones.
Debido a que el agua salada es más densa y pesada que la dulce,
este "endulzamiento" del Atlántico Norte haría
las capas superficiales más livianas o boyantes. Y esto es
un problema, ya que el agua de la superficie necesita hundirse para
impulsar un modelo primario de circulación oceánica
conocido como el "Gran cinturón transportador". El
agua que está a un nivel bajo con respecto a la superficie
fluye a través del suelo oceánico hacia el ecuador,
mientras que las aguas superficiales cálidas de las latitudes
tropicales fluyen hacia arriba para reemplazar al agua que se hunde.
De esta manera el transportador se mantiene activo. Un aumento en
la cantidad de agua dulce podría evitar el hundimiento de las
aguas superficiales del Atlántico Norte, disminuyendo o deteniendo
esta circulación.
El AMSR-E está recolectando nuevos datos que ayudarán
a los científicos a evaluar esta posibilidad. Por una parte,
proporciona una resolución enormemente mejorada con respecto
a los sensores utilizados hasta ahora para cualquier tipo de ambiente
climatológico. Las imágenes del AMSR-E revelan grietas
y fisuras más pequeñas en el hielo cuando se deshace
en la primavera. "Este detalle permite que los científicos
comprendan mejor la dinámica de la ruptura del hielo",
dice Cavalieri, miembro del equipo AMSR-E. |
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| "El AMSR-E detecta también otras piezas
importantes del rompecabezas, tales como las precipitaciones, las
temperaturas de la superficie marina y los vientos oceánicos.
El estudio conjunto de estas variantes ayudará a los científicos
a evaluar las probabilidades de un cambio en las corrientes del Atlántico"
añade Spencer. |
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¿Déjà
Vu? |
Aunque una vez fue impensable, hoy en día la
noción de que el clima puede cambiar rápidamente se
está convirtiendo en una teoría respetable. En un informe,
de 2003, Robert Gagosian cita una "evidencia que avanza rápidamente
(desde, por ejemplo, los anillos de los árboles y los núcleos
del hielo) de que el clima de la Tierra cambió abrupta y enormemente
en el pasado". Por ejemplo, mientras que el mundo se calentó
al final de la última era glacial hace aproximadamente 13.000
años, las capas de hielo derretido parecían haber provocado
un alto repentino en el transportador, devolviendo el mundo a un período
de 1.300 años de condiciones tipo era glacial llamado "Younger
Dryas". ¿Ocurrirá de nuevo? Los investigadores
están intentando averiguarlo por todos los medios.
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| El
RRS Discovery, en una expedición para medir las corrientes
en el Océano Atlántico. [más
información] |
El 13 de febrero partió una expedición desde Gran Bretaña
con el objetivo de colocar sensores de control en el Océano
Atlántico que observarán la corriente del Golfo en busca
de signos de que su velocidad ha disminuido. El viaje es el último
paso de un proyecto de investigación conjunto entre Gran Bretaña
y Estados Unidos llamado Cambio Climático Rápido, que
comenzó en 2001. Otro proyecto internacional, llamado SEARCH
(Estudio del cambio medioambiental en el Ártico), se inició
en 2001 con el objetivo de evaluar con más detalle los cambios
en el espesor del hielo marino del Ártico.
Según las simulaciones por computador realizadas por Thomas
F. Stocker y Andreas Schmittner de la Universidad de Berna, mucho
depende de la rapidez del calentamiento del Ártico. En sus
modelos, un calentamiento más rápido podría cerrar
por completo la principal corriente del Atlántico, mientras
que un calentamiento más lento sólo provocaría
una disminución de la velocidad de la corriente durante unos
cuantos siglos.
Inevitablemente, la discusión apunta a los humanos. ¿La
actividad industrial humana tiene mucho que ver con el calentamiento
del Ártico? ¿Podríamos revertir la tendencia,
si quisiéramos? No todos los científicos están
de acuerdo. Algunos afirman que los cambios que están ocurriendo
en el Ártico son consecuentes con los largos y lentos ciclos
de comportamiento oceánico que la ciencia conoce. Otros ven
un componente eminentemente humano. "El derretimiento
del hielo marino es consecuente con el calentamiento que hemos presenciado
en el último siglo", nota Spencer, pero "no sabemos
qué porción de ese calentamiento se debe a las fluctuaciones
naturales del clima y cuál a la emisión de gases de
efecto invernadero".
Si el Gran cinturón transportador se detiene de pronto, no
importará la causa. Los europeos estarán pensando en
otras cosas, por ejemplo, cómo hacer que crezcan cultivos en
la nieve. Esta es la hora de averiguarlo, mientras el fenómeno
es sólo una posibilidad escalofriante. |
| Traducción al Español: Eugenia Arrés
/ Carlos Román. |
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| Para
saber más... |
Instituto Argentino de Nivología, Glaciología
y Ciencias Ambientales (IANIGLIA)
Hacia fines de la década del 60 nos encontrábamos
en un período de grandes sequías en la región
cuyana por la falta de precipitaciones nivales en la Cordillera
de los Andes. Ante la alarmante situación de escasez
de agua para los oasis cuyanos se planteó la necesidad
de estudiar el agua de origen nivoglacial cordillerana.
Entre el 22 y el 27 de septiembre de 1969 se realizaron
en Mendoza las Primeras Jornadas de Nivoglaciología,
que tuvieron mucha importancia nacional e internacional
(Chile), ya que en ella se enfocaron por primera vez y en
conjunto la problemática de las zonas áridas
y de los años con sequías. En estas jornadas
se creó formalmente el Centro de Investigaciones
Nivoglaciológicas, como fuera expresado por el Presidente
del CONICET, Ing. José Gandolfo. También entre
las decisiones se observaron las disciplinas y los campos
de investigación que dicho centro debía abarcar.
Finalmente y algunos años después, el 13 de
mayo de 1972 se realizó el convenio de la creación
del Instituto Argentino de Nivología y Glaciología
(IANIGLA) bajo la responsabilidad administrativa del CONICET.
Firmaron los siguientes representantes de las entidades
patrocinantes: UNCU, Dirección de Agua y Energía
Eléctrica, Centro de Estudios y Legislación
del Agua (CELA), la provincia de Mendoza, la provincia de
San Juan, INCYTH, Servicio Meteorológico Nacional,
HIDRONOR y la Universidad Nacional del Sur.
En abril de 1973 empezó a funcionar el Instituto
Argentino de Nivología y Glaciología en el
CELA, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional de Cuyo, bajo la subdirección
del Dr. Arturo Eduardo Corte.
A partir de julio de 1974 el IANIGLA funcionó en
el edificio del Servicio Meteorológico Nacional,
dependiente de la Fuerza Aérea en el Parque San Martín
de la ciudad de Mendoza (Argentina).
Posteriormente, en 1979 el IANIGLA se trasladó a
su nueva sede para constituir, entre otros institutos, el
Centro Regional de Investigaciones Científicas y
Tecnológicas (CRICYT). Entre sus principales objetivos
estaba la investigación y la formación de
recursos humanos especializados en disciplinas relacionadas
con los recursos hídricos en estado sólido
de la región, su variabilidad y pronóstico
a largo plazo. Se inicia entonces una etapa en la que se
realizan investigaciones del clima regional presente y pasado,
glaciología, geocriología, geología
del Cuaternario e hidrología principalmente. En septiembre
de 1984 se incorpora el Programa de Investigaciones en Bioestratigrafía
y Paleoecología.
A comienzos de la década del 90 las investigaciones
dirigidas hacia la preservación y la protección
del ambiente empiezan a ocupar un lugar muy importante en
el instituto, lo que se expresa a través de los servicios
que ofrece, como la prevención de catástrofes,
pronóstico de fenómenos meteorológicos
extremos, monitoreo y estudios de reservas hídricas
sólidas y ecología de bosques. La situación
queda consolidada en 1994 mediante la aprobación,
por el Directorio del CONICET, de su nuevo nombre: Instituto
Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias
Ambientales, pero conservando la sigla de siempre.
Hoy el IANIGLA sigue manteniendo su amplio espectro científico,
tanto en las disciplinas básicas como en las aplicadas,
como el organigrama adjunto y los trabajos científicos
que aquí se presentan nos permiten observar.
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Recursos en la red |
Centro
de Hidrología y Clima Mundial (Global Hydrology and
Climate Center) -- centro conjunto de NASA y la Universidad
de Alabama en Huntsville con el objetivo de estudiar el sistema
climático de la Tierra.
AMSR-E
-- portal oficial de NASA sobre el sensor construido por
los japoneses mencionado en este artículo.
AMSR-E
-- portal oficial de la Agencia para el Desarrollo Espacial
Nacional de Japón (NASDA) sobre el AMSR-E.
Aqua
-- información sobre el sensor AMSR-E del satélite
Aqua de NASA. Aqua es un proyecto internacional conjunto
de Estados Unidos, Japón y Brasil.
SEARCH
-- portal oficial del Estudio del Cambio Medioambiental
del Ártico.
Programa
de Cambio Climático Rápido -- Portal.
Más información sobre cambios climáticos
repentinos: Cambio
climático abrupto, del Instituto Oceanográfico
de Woods Hole; Cambio
climático y hielo marino del Ártico, de
Greenpeace; Movimientos
climáticos en el cinturón transportador oceánico,
de Environmental News Network; El
Gran Cinturón Transportador Oceánico,
de la fundación David Suzuki; El
descubrimiento de los cambios climáticos repentinos,
de Physics Today.
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| Mendoza, Argentina, 02 de Mayo de 2004. |
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