| Sobre la evolución geológica
marciana
Antonio González Brito |
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as
imágenes de Marte que por distintos medios se han obtenido
hasta el momento, parecen demostrar la existencia de marcados fenómenos
erosivos en el planeta, muchos de ellos casi con certeza de origen
fluvial. Pero dado que de hecho en la actualidad Marte se puede considerar
como un gigantesco desierto, surge lógicamente la pregunta
¿Qué ha pasado con esa vasta cantidad de agua que se
supone alguna vez tuvo? Se han formulado numerosas teorías
para tratar de explicar su actual escasez en el planeta. El agua en
Marte se encuentra primordialmente en los polos, pero se puede añadir
también pequeñas cantidades existentes en su tenue atmósfera,
o la que eventualmente existe en acuíferos del suelo, o en
la forma de permafrost.
De todas maneras, los cálculos realizados indican que para
producir los signos erosivos que se observan, debió existir
una cantidad mayor de agua de la que teóricamente existe hoy.
Tal vez la escasa gravedad del planeta haya permitido el lento escape
de gases al espacio, o quizás algún evento catastrófico
de origen celeste haya desencadenado una serie de eventos que modificó
drásticamente las condiciones globales de Marte. ¿Puede
nuestro planeta esperar un destino similar...? |
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Supongamos que tras la acreción tenemos un planeta
con una atmósfera densa y cálida, en comparación
con la de hoy. La escorrentía en determinadas zonas habría
dado lugar con el tiempo a importantes estructuras erosivas. Los aportes
de material extraído se encuentran en la actualidad en las
zonas de desagüe del hemisferio norte. Sin embargo, ya desde
los primeros tiempos desde su formación, el planeta rojo fue
objeto de innumerables impactos de meteoritos cuyas huellas son claramente
visibles en la actualidad -este no es un hecho relevante, el mismo
fenómeno es común a todo el Sistema Solar- pero esto,
unido a la pequeña proporción del planeta fue mermando
ya desde muy pronto la densidad de su atmósfera. De particular
importancia, son los impactos a escala planetaria que sufrió
Marte. Uno de los últimos de estos grandes impactos, fue el
que daría lugar al cráter Argyre Planitia. Este
cráter, de unos 800 km de diámetro, es geológicamente
reciente y probablemente es el responsable de los más importantes
cambios en la superficie del planeta. Las consecuencias del impacto
de Argyre se hicieron notar más al norte, en torno al ecuador
marciano, en la gran prominencia de Tharsis. Esto tendría
importantes consecuencias en el devenir geológico del planeta.
Llegados a este punto, cabe resaltar que la zona que tratamos es la
más joven del planeta, los otros dos cráteres más
destacados, Hellas Planitia e Isidis Planitia, son mucho
más antiguos, como lo demuestra la elevada craterización
observada. Por tanto los sucesos en torno a la zona de Argyre tienen
sin duda un peso importante en la última fase geológica,
tras la cual se acentúan las actuales condiciones que reinan
en este pequeño mundo.
Podemos suponer a la vista de los mapas tridimensionales que se disponen,
que en un principio la escorrentía desaguaba por el llamado
Valles Marineris, que discurre casi en paralelo al ecuador
marciano. Tras el impacto del cráter Argyre -cuyo ángulo
de choque debió de tener una escasa inclinación, o bien
afectó a una zona de desnivel previo importante, o simplemente
ambos a la vez- toda la gran meseta de Tharsis sufrió una importante
elevación. Es probable que esta zona volcánica en sus
bordes sufriera un aumento brusco de actividad dando lugar a los grandes
volcanes, esto parece a la vista de su paralelismo con el borde norte
del cráter. La nueva elevación afectó también
al tramo medio del Valle Marineris, en modo tal que se produce un
desvío en la escorrentía dirigiéndose ahora al
norte, alejándose de la zona de impacto hacia terrenos de menor
altitud, perpendicularmente al curso principal. Sin embargo ahora,
la atmósfera marciana habría quedado fatalmente tocada.
Tras el impacto habría perdido buena parte de su densidad al
ser expelidos al espacio exterior parte de sus gases constituyentes.
Esto sería la causa de su paulatino enfriamiento, hasta los
valores actuales que no permiten prácticamente la existencia
de agua líquida, salvo probablemente en primavera-verano y
sólo en las zonas más bajas, reduciéndose así
la escorrentía a la mínima expresión. |
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Se ha supuesto a la vista de los últimos datos
obtenidos, que la ausencia de carbonatos demuestra la inexistencia
de agua en el planeta en cantidades importantes. Sin embargo, estos
carbonatos pueden yacer bajo los sedimentos volcánicos, o haber
desaparecido por los numerosos impactos meteoríticos y las
elevadas temperaturas a que éstos dieron lugar. Incluso podría
haber participado en esta desaparición el llamado "viento
solar", dando lugar a una nueva atmósfera de dióxido
de carbono a partir de la descomposición de estos carbonatos
por la supuesta influencia de las partículas que este viento
arrastraría hasta la superficie del planeta.
Igualmente a menudo se afirma que la presencia de olivino juega a
favor de la idea de un Marte sin importantes cantidades de agua. No
obstante, los distintos estadios evolutivos por los que ha pasado
el planeta permiten explicar este hecho perfectamente, ya que los
fenómenos eruptivos o también parte de los impactos
externos son contemporáneos a los hechos relatados, coincidentes
además con el inicio de las condiciones actuales del planeta,
por lo que el olivino creado por estos eventos no habría sido
alterado por el agua, al contrario de los carbonatos que o bien fueron
cubiertos o descompuestos por los mismos fenómenos u otros
que dieron lugar al olivino, cuyo efecto aumentaría con la
perdida de atmósfera. |
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| NOTA: Este artículo intenta brindar
simplemente una nueva idea, abierta al debate, sobre lo que pudo ocurrir
con el agua y la atmósfera en nuestro famoso vecino planetario,
quedando pendiente para futuros trabajos su confirmación o
modificación. |
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| Canarias, España, 27 de Diciembre de 2003. |
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