Panspermia
Alberto González Fairén |
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El transporte
de vida entre mundos más o menos distantes ha interesado
a los astrobiólogos durante décadas. La búsqueda
de respuestas a tres preguntas fundamentales ha ocupado
una gran parte de las investigaciones: ¿pueden aguantar
las formas vivas el extraordinario calentamiento y la aceleración
producidos en el momento de la eyección desde el
planeta de origen y en la llegada al mundo de destino?,
¿pueden los fragmentos rocosos vencer el pozo gravitatorio
de la estrella y viajar hacia regiones exteriores de su
sistema planetario?, y ¿las formas de vida pueden
sobrevivir al viaje interplanetario? En el último
año se han obtenido algunas conclusiones acerca del
proceso de eyección de materiales desde una superficie
planetaria, de la dinámica del transporte interplanetario
y de las condiciones del viaje para posibles microorganismos
incluidos en tales materiales, que pueden aportar algunas
respuestas que sirvan para conocer un poco mejor el proceso. |
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ara arrancar
un fragmento de roca de la superficie de un planeta, contenga o no
formas de vida, se precisa un impacto meteorítico o cometario
de gran magnitud, que producirá un ingente calentamiento de
los materiales eyectados, así como los someterá a una
enorme aceleración (Figura 1). Para estudiar la supervivencia
de potenciales microorganismos endolíticos ante tal proceso,
el equipo de Wayne Nicholson, de NASA-Ames, ha simulado el proceso
de impacto bombardeando bloques de granito sobre el que fijaron un
medio rico en esporas de Bacillus subtilis. Los proyectiles
empleados fueron esferas de aluminio de 6 milímetros de diámetro
(Figura 2). Los fragmentos obtenidos después del impacto fueron
calentados a 80º C, para seleccionar las esporas, y después
se incubaron durante dos días a 37º C. Finalmente, 1 de
cada 10.000 bacterias sobrevivieron y pudieron ser recuperadas de
los fragmentos eyectados, lo que constituye un número sorprendentemente
elevado después del tratamiento de presión, calor y
aceleración. Los resultados apoyan firmemente la viabilidad
de la primera fase del proceso de panspermia. |
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Igualmente, el proceso de llegada a un nuevo planeta
plantea enormes dificultades. Por ejemplo, un aterrizaje en un cuerpo
sin atmósfera, como Europa, esterilizaría las rocas
debido a la enorme velocidad del impacto con la superficie. Sin embargo,
en otros lugares como Titán, la densa atmósfera podría
partir los meteoritos y decelerar los fragmentos, de igual forma a
como sucede en la Tierra. Es decir, que la llegada de microorganismos
desde el espacio exterior hasta una superficie planetaria es posible
bajo ciertas condiciones.
Por otro lado, la visión clásica de la panspermia plantea
la posibilidad de que la vida en la Tierra comenzara a partir de microorganismos
que llegaron a nuestro planeta a bordo de cometas o meteoritos. Pero
también bacterias terrestres han podido llegar hasta otros
planetas y lunas del Sistema Solar tras ser lanzadas desde la Tierra
al espacio por grandes impactos meteoríticos. Los impactos
desde Marte o la Luna pueden liberar fragmentos rocosos que terminen
en la Tierra, de igual modo que fragmentos rocosos de la Tierra pueden
viajar fácilmente hasta Venus o Mercurio. Pero que rocas de
la Tierra lleguen a lugares distantes del Sistema Solar exterior parece
un proceso considerablemente más complicado, ya que los materiales
tienen que vencer el pozo gravitatorio que genera el Sol.
El proceso de eyección desde la Tierra ha sido analizado en
detalle por el grupo de Brian Gladman, de la Universidad de Vancouver.
Generando simulaciones por ordenador, han estudiado la dinámica
de millones de fragmentos lanzados al espacio tras un impacto masivo,
similar o mayor que el de Chicxulub (Figura 3), que ha podido suceder
un cierto número de veces a lo largo de la historia de nuestro
planeta. Los resultados sugieren que, en tan solo 5 millones de años,
fragmentos de roca terrestre pueden alcanzar lugares potencialmente
habitables para determinadas formas de vida de la Tierra: hasta 100
fragmentos llegarían a Europa, y hasta 30 a Titán. La
velocidad con que llegarían a Europa sería de cerca
de 30 km/s, lo que apoya los resultados de Nicholson en cuanto que
tales velocidades causarían la esterilización absoluta
(y posiblemente la destrucción) del meteorito; sin embargo,
la velocidad de las rocas en la atmósfera superior de Titán
se reduciría hasta 10 km/s, con lo que sería posible
la deceleración en las capas atmosféricas inferiores
hasta alcanzar velocidades subsónicas en el momento del impacto
con la superficie, y por tanto permitir la viabilidad de los microorganismos
que viajaran en el meteorito. |
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| El tercer problema importante para las posibles formas
vivas que se desplacen entre diferentes mundos se plantea durante
el propio viaje: ¿cómo se alimentarían los microorganismos?,
¿cómo les afectarían las intensas radiaciones
del espacio interplanetario? Un grupo de investigadores del Centro
de Astrobiología (CAB), liderado por Elena González
Toril, ha demostrado que algunos microorganismos quimiolitoautotróficos
pueden crecer en meteoritos de hierro, formados por aleaciones de
hierro, níquel y cobre. Lograron que las bacterias oxidantes
del hierro Leptospirillum ferrooxidans y Acidithiobacillus
ferrooxidans crecieran disponiendo como única fuente de
energía de un fragmento del meteorito de Toluca esterilizado
a 140º C. La alteración de la superficie del fragmento
meteorítico, la solubilización de sus componentes metálicos
(Fe3+), y la formación de precipitados de goetita
demostraron la continuidad de la actividad metabólica quimiolitotrófica
de las bacterias. El ulterior recuento mediante técnicas de
fluorescencia (FISH) y espectroscopía (Raman) demostró
que el número de células había aumentado un orden
de magnitud (de 106 a 107) en 10 días
(Figura 4). |
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Por otro lado, los mismos componentes metálicos
del meteorito son capaces de absorber la radiación ultravioleta,
como ha demostrado otro equipo del CAB dirigido por Felipe Gómez,
con lo que pueden servir de escudo protector frente a las radiaciones
del espacio interplanetario. Además, los meteoritos de hierro
raramente se fragmentan al llegar a la Tierra, con lo que su contenido
alcanza la superficie prácticamente intacto. En definitiva,
los microorganismos no sólo pueden viajar entre diferentes
mundos a bordo de meteoritos, sino que además éstos
les proporcionan alimento y protección en el camino.
Es posible que una vez que en un planeta aparece la vida, todo el
sistema planetario al que pertenece acabe albergando formas biológicas.
En todo caso, la panspermia es tan sólo un proceso físico
probable por el que la vida puede llegar a colonizar una superficie
planetaria. En ningún momento puede ser considerada como una
teoría sobre el origen de la vida, pues únicamente traslada
de lugar las mismas interrogantes que todavía hoy tienen sobre
la mesa los biólogos y bioquímicos sobre la síntesis
biológica. |
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| Madrid, España, 09 de Junio de 2006. |
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