Desde el paso de las Voyager entre 1980 y 1981 se consideraba
plausible que Titán albergase océanos, mares o lagos
poco profundos de metano, dada la considerable cantidad de este compuesto
y las condiciones atmosféricas de la luna. Las imágenes
de la Huygens que hemos visto y los datos que de ellas se desprenden
sugieren que, tal vez, esos océanos y mares estén secos.
Ahora bien, hablamos de la actualidad, de un instante temporal concreto,
el del descenso de la Huygens por entre las nubes de Titán.
¿Es posible que en otro tiempo, esos mismos lagos tuvieran
metano fluyendo libremente? Por lo que parece, es muy probable.
El metano es un compuesto orgánico simple. Puede existir en
estado líquido o gaseoso a temperaturas muy bajas (como los
-170ºC de Titán), de modo que nos encontramos ante el
sustituto perfecto del agua cuando las condiciones atmosféricas
y de temperatura no son tan idóneas como en el caso de la Tierra.
De hecho, es fácil establecer similitudes entre ambas, desde
un punto de vista geológico. En nuestro mundo, el agua es protagonista
de multitud de fenómenos que causan cambios en la fisonomía
del planeta. Además de su acción termal reguladora,
con las precipitaciones de agua líquida, el oleaje marino,
y los movimientos lentos de los glaciares se consigue que entre en
acción la erosión y la constante modificación
de la faz terrestre. Y todo ello es gracias a la circulación
libre de un fluido en diferentes estados. En Titán, el metano
actúa de manera similar: "hay claras muestras de precipitación,
erosión, abrasión mecánica y otras actividades
fluviales" según Martín Tomasko, investigador principal
de la Cámara DISR de la Huygens.
Y así es, en efecto. Sólo hay que observar las imágenes
que ha obtenido la sonda durante su descenso y uno comprende que,
de un modo u otro, es obvio que algún fluido ha modelado la
superficie de Titán, y no precisamente a pequeña escala.
En las zonas oscuras, regiones donde va a parar la mayor parte del
fluido, pueden verse fácilmente la aparición de pequeños
islotes, de mediano tamaño, que indican la acción fluvial
(figura 6, A). Asimismo, la presencia de líneas claras y sombrías
en el fondo de tales zonas (figura 6, B) oscuras sugieren otro tipo
de actividad. Las primeras podrían ser depósitos de
hielo de agua que hubiesen sido sepultados por algún proceso
geológico, mientras que las segundas, más cortas, están
relacionadas con el metano, y son posiblemente lo contrario, es decir,
canales subterráneos que han excavado los materiales que tenían
encima y han salido hacia la superficie. No obstante, nuevamente estamos
hablando de posibilidades, no de certezas, así que debemos
ser precavidos con nuestros criterios. Bien podrían ser totalmente
erróneos.  |
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Pero todo lo que hemos visto hasta ahora corresponde
a lo que los ojos de la Huygens captaron durante
el descenso hacia la superficie de Titán. Una vez posada en
ella, tuvo el tiempo suficiente para enviarnos unas cuántas
imágenes y datos más, que resultaron mucho más
excitantes aún.
Una fotografía en concreto (figura 7) nos mostraba un espectáculo
fascinante. Si el cielo hubiese estado azul, no habríamos dudado
en suponer que se trataba de un paisaje terrestre, pero la Huygens
estaba a 1.200 millones de kilómetros de la Tierra, descansado
en la hasta entonces desconocida superficie de Titán. Resulta
sorprendente encontrar ambientes tan similares en los planetas rocosos
del sistema solar interno. Las imágenes de un desierto de la
Tierra, o de una planicie marciana, o incluso de una zona rocosa en
Venus, son todas muy parecidas. Ahora sabemos que, en Titán,
tenemos el mismo panorama. Parece pues que hay cierto patrón
que se repite en muchos mundos de nuestro espacio próximo,
al menos a grandes rasgos, y dejando aparte los colosos gaseosos o
las lunas de hielo del sistema solar externo. |
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Figura
7: la superficie de Titán, vista in situ por primera
vez unos minutos después de las 12:45 TU del 14 de
enero de 2005. Esta histórica imagen constituye la
evidencia de que, incluso a 1.200 millones de kilómetros
de la Tierra, se pueden encontrar lugares que recuerdan a
nuestro mundo. (ESA) |
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Los científicos de la misión sabían
que, al aterrizar la Huygens, se produciría un ruido
característico en función del tipo de terreno, y como
la sonda llevaba un micrófono podrían captar estos ruidos
y, en base a ellos, deducir cuál de los terrenos era sobre
el que se había posado la nave. Había tres posibilidades;
si la superficie de Titán era sólida, el ruido sería
sordo. Si, por el contrario, el ruido era una especie de chapoteo,
la superficie tendría naturaleza líquida. El tercer
ruido posible era un 'chof' típico de terrenos pantanosos
o fangosos.
Según el sonido captado, los investigadores han concluido que
la Huygens aterrizó sobre un suelo fangoso. Hay una
evidencia adicional al respecto; las lentes de la cámara de
Alta Resolución de la nave tenían algún tipo
de material que se habría depositado en ellas a consecuencia
del aterrizaje. Esto se puede explicar de dos maneras: o bien la nave
penetró un poco en el suelo de Titán, o bien en el suave
impacto evaporó hidrocarburos que quedaron adheridos a las
lentes (o, tal vez, ambas cosas). En cualquier caso, es un indicio
muy claro de superficie fangosa; en un terreno sólido ello
no hubiese sucedido.
Cuando vemos un lecho seco de un río cualquiera, salpicado
de guijarros y rocas por todas partes, no hace falta ser muy docto
para observar que no tienen sus cantos afilados, sino que más
bien están redondeados, como si algún amolador los hubiera
pulido con sus instrumentos. Ello es debido en realidad a la acción
erosiva del agua, que tiende a desgastar los bordes de las rocas por
el fluir continuo de la misma. En la imagen de la superficie de Titán
se observan esos mismos cantos rodados. ¿Son la prueba inequívoca
de que allí han tenido lugar fenómenos de erosión?
¿Pudo haber aterrizado la Huygens sobre una de las zonas
oscuras a las que van a parar los ríos de metano? Es posible.
No sería sino otra evidencia de que la nave se asentó
en un terreno lodoso.
Las rocas superficiales se supone que son como bloques de hielo, por
tanto compuestas básicamente de agua, y no rocas de silicatos
como mayormente se encuentran en la Tierra, pese a que su apariencia
es de rocas "sólidas" y compactas. Ello es debido
a las bajas temperaturas, que da el aspecto de rocas consistentes,
pero si fuésemos hasta Titán con un martillo y las golpeáramos,
posiblemente de despedazarían con mucha facilidad. Una serie
de datos complementarios obtenidos por la nave nodriza Cassini
desde las alturas indican que el material debajo de la superficie
es de consistencia arenosa. Y, en la misma superficie, podría
tratarse de depósitos precipitados de material orgánico,
los cuales convergirían debido a las lluvias hasta los canales
de drenaje, dándoles ese aspecto oscuro en relación
con el terreno circundante. Todo ello nos indica una gran actividad
atmosférica y geológica en Titán, como en la
Tierra, pero a escala distinta y con características propias,
como hemos visto.
Incluso podría hablarse de vulcanismo activo en Titán,
aunque en este caso se trataría de volcanes que arrojan, no
lava o los materiales típicos de los volcanes terrestres, sino
en el caso de Titán agua y amoníaco (debido a las bajas
temperaturas reinantes y a la composición de la misma luna),
y tal vez otros compuestos aún no identificados. Claro que
esta afirmación aún está por demostrar, dado
que las imágenes de la nave Cassini que sugieren esta
actividad son aún insuficientemente detalladas para poder tener
la seguridad necesaria. Ahora bien, si en los próximos meses
acaba confirmándose la noticia, estaríamos ante otra
prueba más del nexo que une a la Tierra y Titán; recordemos
que hoy en día sólo conocemos actividad volcánica
fuera de nuestro mundo en sólo un lugar más: Ío,
la luna de Júpiter, por lo que este hecho demostraría,
aún más si cabe, que Titán es un mundo activo
y en constante cambio. Y en un mundo así, no resulta descabellado
intentar buscar vida; de hecho, los mejores lugares para encontrarla
son precisamente los que evidencian una actividad geológica
importante.
Ya que hemos entrado en el tema de la posible vida en Titán,
analicemos un poco más a fondo la cuestión del metano
en esta luna. En la Tierra la mayor parte del metano se produce biológicamente,
como producto de la putrefacción de plantas, o como consecuencia
de los desechos animales, por ejemplo. ¿El metano de Titán
será debido a la presencia allí de algún tipo
de vida? No lo sabemos aún. Es, sin embargo, mucho más
plausible sugerir el origen del metano en Titán por medio de
fenómenos geológicos que por razones biológicas.
Si no hubiese una fuente que manase continuamente metano hacia la
atmósfera del satélite, en un plazo de 10 millones de
años este compuesto desaparecería por completo ya que
la luz ultravioleta del Sol destruye el metano con facilidad. De modo
que la pregunta es; ¿la fuente que genera metano es geológica
o biológica? Hay varias maneras por las que el metano puede
escapar a la superficie; un proceso es la llamada "serpentinización",
que en la Tierra consiste en la transformación de minerales
ferromagnésicos en serpentina. En Titán este proceso
podría aparecer en el interior de la luna, donde haya altas
temperaturas para que pudiera darse la necesaria reacción entre
el agua y las rocas. En esencia, este mecanismo consistiría
en que el metano se produciría con la oxidación de metales
como el hierro, cromo o magnesio por la actividad geotérmica,
permaneciendo el metano atrapado en rocas de la corteza de Titán.
Es improbable que el metano tenga un origen biológico, ya que
las cantidades medidas son bastante significativas, y si fuera necesario
recurrir a vida para explicar su presencia en Titán sería
necesario suponer que en esta luna hay enormes colonias de plantas
o de bacterias que producen el metano constantemente, a un ritmo vertiginoso.
Por suerte, hay mecanismos geológicos que pueden justificar
el metano en Titán de una forma más sencilla y lógica.
Aunque ello no implica la inexistencia de vida, en absoluto.
Es cierto que las condiciones superficiales de Titán no son
las más aptas para la vida tal y como la conocemos, dado que
las temperaturas son muy bajas (un mundo a -180ºC no es precisamente
un lugar muy acogedor para la evolución biológica) y
no hay, al parecer, agua líquida, pero se ha especulado con
la posibilidad de que, al igual que sucede con las lunas de Júpiter
Europa y Ganímedes, en Titán exista un océano
en su interior, con un espesor de 100 kilómetros, a unos 300
kilómetros de profundidad. Este posible océano estaría
compuesto por agua líquida y amoníaco mezclados al 15%
a una temperatura de -80ºC (sería posible el agua líquida
en esas condiciones gracias a la presión y al amoníaco).
Ello daría el ambiente casi ideal para la aparición
y el desarrollo de la vida, pero esto no es más que un modelo
basado aún en pocos datos consistentes, por lo que no estamos
aún en condiciones de afirmar que el océano interior
de Titán existe en realidad. Sin embargo, es una posibilidad
estimulante.
Hace pocas semanas, David Grinspoon, del Southwest Research Institute
en Boulder, Colorado, y Dirk Schulze-Makuch, en la Washington State
University (ambos en EEUU.), sugirieron que las imágenes
de la Cassini podrían estar revelando que las características
geológicas podrían ser en realidad ocasionadas por actividad
microbiana. Según ellos, el calor de los organismos en crecimiento
puede estar fundiendo los pedazos sólidos de hidrocarburos
situados en la superficie de Titán, esclareciendo así
por qué motivo parece existir tan gran cantidad de líquido
en las regiones inmediatamente inferiores a la corteza de la luna.
Grinspoon y Schulze-Makuch se han apoyado para su hipótesis
en un fenómeno similar que tiene lugar en la Tierra: los glaciares
terrestres se funden lentamente gracias (en parte, por supuesto) al
crecimiento de las algas que tienen debajo, al generar éstas
el calor necesario, de modo que el agua sólida pasa a agua
líquida por la acción biotérmica.
En cualquier caso, tanto si la vida está presente en Titán
o no, ya sea bajo su superficie en un enorme lago de agua y amoníaco
líquidos, o justo por debajo de la corteza, o si por el contrario
no existe en absoluto o es tan difícil de detectar que no podemos
saberlo hasta dentro de mucho tiempo, en cualquier caso Titán
es un mundo que ha asombrado a los científicos del siglo XX,
y que recién estrenado el XXI los ha dejado boquiabiertos ante
el escenario que el dúo Cassini-Huygens nos está
revelando. Si las Voyager ya habían aventurado, hace un cuarto
de siglo, que esta luna descubierta en 1655 era uno de los más
prometedores lugares para la búsqueda de vida, la Huygens
nos lo ha confirmado sin ningún género de dudas. Son
muchos los científicos que opinan que Titán es un blanco
astrobiológico aún más interesante que Marte,
o incluso que Europa.
Y aunque Titán no albergase representación biológica
alguna, aunque fuese un enorme desierto de metano y otros hidrocarburos,
aún así sería un lugar de enorme interés
desde el punto de vista geológico. No debemos olvidar que,
como hemos visto, esta luna tiene en su superficie rasgos más
que evidentes de actividad geológica, es decir, que de un modo
u otro se trata de un mundo vivo, activo y en constante dinamismo.
Mundos así son muy escasos en el Sistema Solar, sobretodo cuando
hablamos de cuerpos pequeños. Es fácil que haya planetas
o lunas que muestren señales de actividad geológica
debida a fuerzas externas (como es el caso de Ío, por la gravedad
de Júpiter, entre otros), pero resulta extraño encontrar
satélites que, sin influencias adicionales sean ellos mismos
capaces de generar esa actividad. Titán es, según se
ha revelado, un ejemplo paradigmático de ello. De manera que
es uno de los mundos más atractivos de todo nuestro vecindario
planetario para ser estudiado con detalle.
En el futuro, como es lógico, Titán seguirá siendo
analizado y fotografiado por la sonda Cassini, hasta que su
misión termine dentro de unos años. Huygens,
la nave de la Agencia Espacial Europea que por primera vez nos reveló
el secreto que se escondía tras el manto de nubes de esta luna
anaranjada (figura 8), descansa ahora plácida, aunque fríamente,
en la superficie. Sus descubrimientos han proporcionado evidencias
de que Titán es un mundo sin parangón en el Sistema
Solar, pero, lejos de suministrarnos todas las respuestas, la Huygens
ha abierto muchas puertas a la buena especulación, y los científicos
planetarios disponen ahora de mucho tiempo para intentar componer
el rompecabezas que Titán, después de tantos años,
sigue siendo para la Humanidad.
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| Gandía, Valencia, España, 25 de Abril
de 2005. |
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