¿Agua líquida reciente en Marte?
Jesús
Salvador Giner |
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Hace unos días apareció
en la revista Science un importante artículo
en el que se recogían evidencias de agua líquida
superficial en Marte en la última década.
Más allá de las implicaciones que esto pueda
tener a nivel exobiológico, de lo que no cabe duda
es que Marte es un mundo con erosión activa, o en
otras palabras, un planeta en la actualidad vivo geológicamente,
aunque sea a pequeña escala. Marte, pues, nos sigue
sorprendiendo. |
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ablar de
Marte es hacerlo de un mundo que, sin duda, ha experimentado en su
pasado remoto las consecuencias de una gran actividad geológica:
grandes cañones, valles, formaciones parecidas a lechos de
ríos, volcanes, etc. Como componente externo, los impactos
de meteoritos también han alterado la faz del planeta, de modo
que Marte tiene los rasgos típicos de las superficies que,
en algún momento de su historia, han sido geológicamente
modificadas por agentes de modelado. Todo esto, sin embargo, ha acontecido
en el pasado; de hecho, en un pasado bastante lejano. ¿Qué
hay del presente? Las observaciones llevadas a cabo por las sondas
espaciales que se han posado en la superficie del planeta (Viking,
Mars Pathfinder y, recientemente, los dos robots exploradores
Spirit y Opportunity), han ido cambiando la visión
que de él teníamos los humanos: desde un mundo muerto,
sin apenas actividad de ningún tipo en la actualidad o en el
pasado cercano, hemos pasado a una concepción de Marte bien
distinta: hoy en día Marte ya no es simplemente un planeta
desértico que carece de movimiento en su superficie; gracias
a unas pocas imágenes, podemos considerar a Marte como un planeta
vivo, al menos desde un punto de vista geológico.
Ello es extraordinariamente importante: las trazas de actividad observadas
permiten suponer que en el subsuelo existe algún tipo de proceso
que “empuja” al agua líquida (elemento que se supone
existente allí desde los estudios efectuados por las sondas
Viking en 1976) hasta la superficie; seguramente alguna fuente subterránea
similar a las terrestres. Por supuesto, dado que Marte tiene una atmósfera
tan tenue, con una presión bajísima, esta agua apenas
sale al exterior y recorre un trecho, o bien se congela allí
mismo, o bien se evapora, con lo que la actividad geológica
se detiene ahí. Es decir, no se trata en absoluto de grandes
cambios superficiales como los que acontecen en la Tierra (terremotos,
volcanes, etc.), pero al menos es un indicio esencial de que Marte
es capaz, por sí solo, de remodelar su fisonomía, aunque
sea tan ligeramente.
El artículo del que hablábamos al principio apareció
en el número de la revista Science del 8 de diciembre
de 2006. Firmado en primer lugar por David Malin, del Malin Space
Science Systems, San Diego (EEUU), principal investigador de la
sonda Mars Global Surveyor (la nave que ha proporcionado los
datos del descubrimiento), el artículo se basaba en dos descubrimientos
relevantes: primero, la existencia de fenómenos superficiales
que sugieren la presencia de agua líquida (aunque no sea la
única explicación posible), y en segundo lugar, la formación
de nuevos cráteres de impacto durante el periodo de observación
de la Global Surveyor. Pese a que este último hecho ya es meritorio
por sí mismo, nos centraremos ahora en el primero de ellos,
de mayor trascendencia desde el punto de vista astrobiológico,
así como geomorfológico.
En Marte existe agua en estado sólido y en forma de vapor de
agua (en el primer caso concentrado en el polo sur del planeta y en
el segundo en la atmósfera), pero hallarla en estado líquido
durante largos periodos de tiempo en la superficie es imposible, debido
a lo ya comentado sobre sus características atmosféricas
actuales. De ahí que el único lugar probable en el que
podría encontrarse sería el subsuelo. En la era Viking
se creía que existían depósitos de permafrost
(una mezcla congelada de agua y tierra) a una profundidad de entre
1 y 2 kilómetros. Tal vez algún mecanismo interno derrite
parte de estos depósitos de permafrost, creando reservorios
subterráneos de agua líquida. Así, el agua en
este estado podría fluir ocasionalmente a la superficie del
planeta, arrastrando consigo materiales sedimentarios. Una de las
mejores localizaciones para buscar estos afloramientos son las laderas
de los cráteres, puesto que éstos excavan en la superficie
hasta unos cuantos kilómetros de profundidad (en función
del diámetro del cuerpo impactante y del ángulo de choque)
y pueden actuar como surtidores de agua líquida subterránea.
Tras la llegada de la sonda espacial Mars Global Surveyor (MGS) al
planeta rojo, se han ido identificando gran cantidad de surcos o gullies
en las laderas de los cráteres, fundamentalmente a partir del
año 2000. Un recuento sencillo en la base de datos ofrece decenas
de miles de ejemplos de estos surcos, que sugieren la salida a la
superficie de gran cantidad de material, presumiblemente agua líquida.
Gran parte de los gullies se localizan en latitudes superiores
a los 30º, lo cual sugiere que es en esas zonas donde se acumula
la mayor parte del agua líquida subterránea. Algunas
de estas formaciones parecían bastante recientes, como si el
agua hubiese alcanzado el exterior hacía tan sólo unas
décadas, pero no había forma de comprobarlo con la suficiente
seguridad. Aunque se dio el caso de la formación de un gullie
en imágenes tomadas en 2002, los científicos, dado que
se presentó sobre una duna arena, interpretaron que el proceso
era producto de material seco y sólido. No obstante, a la luz
de los conocimientos actuales, sabemos que en realidad se trataba
de un escape de agua líquida subterránea.
La confirmación definitiva de que Marte es un planeta con una
superficie activa debida a procesos geológicos llegó
al comparar fotografías de las mismas zonas tomadas en un intervalo
de seis años, concretamente entre 1999 y 2005 (figuras 1 a
3). |
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| Figura
1: estas imágenes tomadas por la
Mars Global Surveyor muestran la aparición de una
formación clara sobre la pared sur de un cráter
en la zona conocida como Montes Centauri. La formación,
un depósito de tonalidad clara, se observa perfectamente
en la segunda fotografía, tomada en septiembre de
2005, pero no así en la primera, de agosto de 1999,
lo cual supone, como máximo, una antigüedad
de seis años, es decir, se trata de una estructura
que ha tenido lugar, geológicamente hablando, hoy
mismo. Nótese la escala de la imagen: la formación
clara se extiende más de 500 metros en la ladera
del cráter hasta desaparecer. (NASA-MOC/MSSS) |
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| En dos regiones distintas de la superficie del planeta
rojo, llamadas Montes Centauri y Terra Sirenum, ambas
en el hemisferio austral, los científicos planetarios han encontrado
sendos fenómenos en los que se interpreta un afloramiento de
agua subterránea. No hay duda al respecto de que se trata de
sucesos ocurridos seis años como máximo, puesto que
en las imágenes de la MGS tomadas en 1999 los depósitos
no aparecen y, en cambio, sí lo hacen en las más recientes
de 2005. Ello indica bien a las claras que en Marte están teniendo
lugar acontecimientos que remodelan, si bien a pequeña escala,
la superficie del planeta. En efecto, según Michael Meyer,
científico jefe del Programa de Exploración de Marte
de la NASA, en Washington (EEUU), “estas observaciones proporcionan
la mayor evidencia hasta la fecha de que, ocasionalmente, el agua
todavía fluye sobre la superficie de Marte”. David
Malin añade: “las formas de estos depósitos
son las que se podrían esperar si el material hubiera sido
transportado por agua corriente. Muestran ramificaciones parecidas
a dedos en el extremo al final de la ladera y son fácilmente
desviadas por pequeños obstáculos”. |
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Este tipo de afloramientos de agua, según los
expertos, podrían permanecer líquidos el tiempo suficiente
para trasportar escombros superficiales ladera abajo, antes de congelarse
totalmente. Las dimensiones de los depósitos son bastante imponentes:
aunque en las imágenes no aparecen más que como unas
pequeñas trazas claras, lo cierto es que tienen varios centenares
de metros de largo cada uno. Su color blanquecino, que destaca notablemente
en la superficie del planeta, puede estar relacionado con la presencia
de escarcha superficial originaria del hielo que contendría
el propio depósito de escombros y sedimentos (recordemos que
las temperaturas medias en Marte son cercanas a los –40º
C, y que en ocasiones y lugares baja hasta los –70º C).
También se ha propuesto como explicación que los depósitos
observados sean en realidad una corteza formada por sales, que señalaría
su precipitación a lo largo de los procesos de evaporación
del agua. No obstante, estos procesos están limitados a ciertas
zonas y momentos muy concretos, y además si los depósitos
fueran en realidad tan sólo un producto de un deslizamiento
de partículas de polvo y sedimentos, sin la intervención
del agua, éstos no presentarían un color claro, sino
justamente el contrario; en efecto, tal y como se ha observado tras
el paso de los rovers de exploración (Sojourner,
Spirit y Opportunity), el polvo recién desplazado
por las ruedas de éstos tiene unos tonos oscuros muy característicos.
Ello también sucede en, por ejemplo, las pequeñas excavaciones
llevadas a cabo por las sondas Viking, de algunos centímetros
de espesor, las cuales revelaron la presencia de materiales oscuros,
e incluso tras la aparición de tornados en la superficie del
planeta (“dust evils”), y la generación
de cráteres jóvenes. |
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Así pues, nos encontramos ante la primera evidencia
de actividad geológica en Marte: el agua, según los
indicios, brotaría del subsuelo del planeta por acción
de fuentes subterráneas, alcanzaría la superficie (en
estos casos, la ladera de un cráter), y emergería durante
un breve periodo de tiempo, transportando consigo y colina abajo los
materiales de la propia superficie, hasta que restarían allí
éstos y el agua líquida, o bien se congelaría
con ellos o sería completamente evaporada. David Malin comenta:
“esta posibilidad nos obliga a preguntarnos cómo es
que el agua puede permanecer líquida debajo de la superficie,
cuán extendida podría estar, y si hay algún hábitat
subterráneo húmedo que podría sostener vida.
Las misiones futuras nos darán las respuestas”.
El descubrimiento publicado en Science es muy significativo:
ahora sabemos que en Marte hay actividad geológica capaz de
remodelar la superficie; sabemos que esa actividad es debida a la
existencia de agua líquida en el subsuelo (a menos que haya
alguna otra explicación mejor, de momento inexistente); y sabemos
también que, si allí en el subsuelo el agua se halla
en ciertas cantidades, y posee una fuente de energía cercana,
quizá puedan darse las circunstancias adecuadas para la vida,
aunque de momento desconocemos por completo las condiciones reinantes
a uno o dos kilómetros bajo el terreno marciano. Sin embargo,
estas huellas de reciente actividad estimulan nuestra imaginación
y abren nuevas oportunidades para la vida en Marte. Según el
geólogo planetario Jesús Martínez-Frías,
del Centro de Astrobiología (CAB) en Madrid, el hallazgo
es “otra pieza más para identificar potenciales áreas
de interés en Marte, aunque se desconoce aún si el agua
subterránea es fría o caliente, y si la vida sería
posible debajo de la superficie”. Para Martínez-Frías,
si queremos descubrir si las condiciones reinantes en el planeta rojo
son adecuadas para la existencia de vida, a partir de este momento
“habrá que combinar los estudios geomorfológicos
con los mineralógicos con el fin de entender su historia geológica
y conocer qué minerales se depositan en la superficie”.
¿Habrá vida en Marte, situada en el subsuelo helado
y fluyendo entre un mar de agua líquida a una temperatura relativamente
alta? ¿Habrá allí pequeñas acumulaciones
de agua, como las charcas terrestres de hace miles de millones de
años, en las que moléculas orgánicas estén
empezando a dar el primer paso en pos de un primitivo intento de crear
vida marciana? Este reciente descubrimiento nos permite creer que,
al menos, tal posibilidad no es una quimera. Tal vez, paso a paso,
y con infinita cautela, estemos acercándonos al momento en
que, por fin, seremos testigos de evidencias de vida en otro mundo.
Marte tiene, cada día que pasa, más posibilidades de
ser ese otro mundo apto, al menos en regiones concretas y en circunstancias
especiales, para la existencia de una biología extraterrestre. |
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Enlaces |
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Jesús Salvador Giner
jsginer@gmail.com
www.astrosafor.net
apuntesdefilosofa.blogspot.com |
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| Gandía (Valencia), España, 22 de
Diciembre de 2006. |
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