2) Diámetro
Sedna es un objeto muy grande. Su tamaño se corresponde
a más de dos tercios el de Plutón. Estas dimensiones
son, con mucha diferencia, mayores a las de cualquier objeto descubierto
en el Sistema Solar desde 1930, el año en que se descubrió
a Plutón. Hasta el momento del hallazgo de Sedna, el récord
lo ostentaba Quaoar, un planetoide del Cinturón de Kuiper descubierto
en 2003 y con un diámetro de 1.300 kilómetros. En el
caso de Sedna, se acepta un valor que oscila entre los 1.500 y los
1.800 kilómetros.
No resulta difícil suponer que en las afueras del Sistema Solar
pueden haber otros cuerpos tan o más grandes que Sedna. Tal
vez Sedna ha sido el primero de una serie de mundos similares que
irán descubriéndose en el futuro próximo. A medida
que las técnicas de observación sean más precisas
y haya un rastreo detallado de esas regiones exteriores, es muy probable
que nuevos "Sednas" hagan su aparición. Y, con ellos,
habrá un conflicto obvio: si se hallan objetos tan grandes
como Plutón, ¿serán considerados planetas por
derecho propio y no simples planetoides? ¿O será Plutón
el que deberá ser rebajado de categoría, pasando de
ser el último planeta descubierto al primer planetoide? De
momento, pero sólo de momento, Plutón sigue siendo un
planeta, aunque sus características se asociarían mucho
mejor a un planetoide corriente, aunque grande.
Viendo cómo ha ido desarrollándose el descubrimiento
de planetoides cada vez mayores (de unos pocos centenares de kilómetros
hemos pasado rápidamente a 900, 1.200 y 1.800 kilómetros),
lo extraño sería no hallar nuevos mundos como Sedna
o incluso mayores. En todo caso, el aprieto en el que se verá
inmersa la IAU en el futuro es claro; pese a las razones históricas
que puedan aducirse, será incongruente querer mantener a Plutón
como planeta cuando hay otros cuerpos muy similares a él que
no son considerados así. O se establece una manifiesta clasificación
que separe de una vez por todas lo que es un planeta y lo que no,
o vamos a clasificar en forma distinta a objetos idénticos.
Y ello, pese a quien pese, es una estupidez.
3) Rotación
Cuando se obtuvieron los primeros datos del periodo de rotación
de Sedna, Brown y sus colegas quedaron asombrados; el planetoide
tardaba 40 días en girar sobre sí mismo. Este valor
era extraordinario, porque implicaba que sólo habían
dos cuerpos en todo el Sistema Solar que eran más lentos
que Sedna en este sentido: Mercurio y Venus. El grupo de Brown sabía
que lo habitual en este tipo de cuerpos, dado que son pequeños
y no tienen cerca otros compañeros que les influyan, es una
rotación de unas pocas horas. Pero un periodo decenas de
veces más lento no era, ni por asomo, algo previsible. Más
tarde nuevos datos aportaron una mayor exactitud y redujeron el
periodo de rotación de Sedna a la mitad, aproximadamente
20 días. Era notablemente menor, pero aún seguía
siendo mucho mayor que el de los demás planetoides conocidos.
Entonces se sugirió que tal vez el responsable podría
ser una pequeña luna que orbitara a Sedna, la cual retardaría
su periodo de rotación. Era una solución ideal, porque
eliminaba el acertijo de suponer por qué motivo Sedna giraba
tan lentamente. Al hacerse públicas las primeras imágenes
artísticas de Sedna (figura 4) se mostraba al planetoide
con su luna aún hipotética. Era tan lógica
su presencia que fue considerado un hecho antes de saberse realmente
de su existencia. |
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| Sin embargo, al poco tiempo el Telescopio Espacial
Hubble (HST) dirigió su ojo hacia Sedna para intentar obtener
una imagen más clara del planetoide y, de paso, corroborar
o no la presencia de la anunciada luna. Las imágenes que se
habían logrado con telescopios terrestres no eran suficientemente
explícitas para poder determinar con seguridad si Sedna tenía
una pequeña compañera. El 16 de marzo el HST consiguió
unas imágenes bastante nítidas del planetoide (dentro
de la obvia dificultad de la empresa, porque era como si estuviéramos
en Valencia y quisiéramos fotografiar un balón de fútbol
en París...), pero no mostraban ningún satélite,
sólo Sedna, solitaria entre la negrura del cielo (figura 5). |
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Así que, ¿cómo es que Sedna tiene
un periodo de rotación tan lento, si no posee una luna que
lo explique naturalmente? Había quién conjeturaba que
los datos aún no eran lo suficientemente precisos, y que se
estaban precipitando dando por sentado que Sedna rotaba tan lentamente.
Sin embargo, hubieron varios reanálisis de los datos y no indicaban
posibilidad de error. Recientes observaciones de Scott Gaudi, Kris
Stanek y sus colegas del centro Harvard-Smithsonian, publicadas
en abril de 2005, han solucionado el misterio: Sedna no tiene ninguna
luna porque, entre otros motivos, no la necesita. El equipo de Gaudi
ha evidenciado, empleando el instrumento MegaCam, instalado en el
telescopio MMT del Observatorio John Hopkins en Arizona (EE.UU.),
que el brillo de Sedna es muy uniforme, lo que dificultaba la medición
de alguna característica que permitiera medir con precisión
su periodo orbital. Sólo gracias al telescopio MMT, de 6,5
metros de diámetro, ha sido posible detectar ligeras variaciones
en el brillo del planetoide, que han servido para establecer con mucha
mayor fiabilidad su rotación; los resultados sugieren un valor
de 10 horas como el más ajustado, aunque no descartan periodos
de rotación tan dispares como 5 horas (límite inferior)
y 10 días (límite superior).
Por lo tanto, ahora los datos implican que Sedna gira sobre sí
mismo como los otros planetoides más convencionales, aunque
serán necesarias más observaciones para zanjar definitivamente
este aspecto tan controvertido de Sedna.
4) Superficie / Origen
La posibilidad de analizar o, al menos, tener algún
tipo de información de la superficie de un cuerpo del Sistema
Solar es fundamental, porque además del conocimiento acerca
de su composición, pueden obtenerse valiosos detalles sobre
su origen o incluso su evolución.
Observaciones recientes realizadas desde el Observatorio Gemini
Norte, ubicado en Mauna Kea (Hawai, EE.UU.), que trataban de
medir la cantidad de luz infrarroja reflejada por la superficie
de Sedna, han revelado que, posiblemente, difiere bastante de la
de Plutón y Caronte. En el caso de Sedna, los datos señalan
una evidente ausencia de líneas intensas en su espectro relativas
a sustancias como el hielo de agua y el metano. Sin embargo, los
astrónomos consideran que, en principio, el tipo de cuerpos
como Sedna contienen grandes cantidades de hielos en sus primeras
etapas evolutivas, pero que algún proceso debe desgastar
y deshacer sus superficies. Los rayos cósmicos y la radiación
ultravioleta del Sol son tal vez los agentes responsables de ello.
El resultado de su acción es que la superficie de mundos
similares a Sedna se transforma en un lago sólido de sustancias
como los hidrocarburos y otras sustancias, parecidas al asfalto.
Plutón y Caronte, por su parte, quizá también
tuvieron estas superficies en su momento, pero tal vez hubo una
serie de procesos que renovaron el hielo y el metano superficiales,
procesos que en la actualidad continúan activos. Seguramente
se trataría de una combinación de efectos atmosféricos,
procesos geológicos y colisiones con pequeñas rocas
o peñascos de hielo (figura 6).
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| Este hecho nos hace retroceder a una de las preguntas
más importantes sobre Sedna. ¿Es un cuerpo del cinturón
de Kuiper o de la nube de Oort? De momento no hay nada confirmado
en uno ni otro sentido, sin embargo, una superficie tan antigua como
la de Sedna necesariamente implica que no ha sufrido los procesos
habituales de desgaste y erosión que tienen lugar en las superficies
de otros mundos más cercanos al Sol, más allá
de las inevitables acciones de los rayos cósmicos y de la débil
luz solar. ¿Qué sugiere esto? Ya que Sedna tiene una
órbita tan marcadamente excéntrica y un rostro apenas
modificado por los agentes que son usuales en regiones próximas
a nuestra estrella (como sucede sin excepción desde Mercurio
hasta Plutón), cabrá considerar como opción prometedora
un origen más lejano aún para este singular planetoide.
Recordemos que Sedna es casi dos veces mayor que el más grande
los asteroides del Cinturón Principal (Ceres, con 900 kilómetros
de diámetro). Si un cuerpo de dimensiones tan respetables no
ha sufrido cambios radicales en su superficie desde hace tanto tiempo
(hablamos de millones de años), entonces tal vez nos esté
indicando que proviene de un lugar en donde no hay apenas nada que
pueda alterar la fisonomía de estos mundos de hielo tan distantes
de nosotros; y la Nube de Oort es una fantástica candidata
para ser la patria original de Sedna (figura 7). |
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| Sedna no es simplemente otro planetoide más
que vaga en los desconocidos límites de nuestro entorno cósmico.
Todas sus características, desde su periodo de rotación,
su tamaño, su órbita, hasta su origen y su composición,
representan un reto para los astrónomos. Sedna es grande, peculiar,
estimulante y tan sorprendente que, con cada nueva revelación
acerca de su naturaleza, los científicos deben modificar los
conocimientos que se suponían ya establecidos para mundos de
sus características. Con los nuevos datos que consigamos en
el futuro de Sedna, quizá podamos formarnos una visión
más coherente y global de esta roca gigante. Tal vez Sedna
sea el primero de una serie de nuevos mundos que, en lo sucesivo,
irá aumentando en cantidad y en calidad la familia del Sol.
El espacio lejano, dentro incluso de nuestro propio Sistema Solar,
nos reserva aún muchas sorpresas inesperadas. |
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Agrupación
Astronómica de la Safor
Gandía, Valencia, España, 01 de Junio de 2005. |
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